Rock informativo en la cárcel

Foto Dam Duch, publicada en La Vanguardia

Hay quien se esfuerza por convocar a los medios, se esmera al máximo y cuida todos los detalles, en la forma y en el fondo. Y todo lo más que consigue es que le asistan seis o siete periodistas. Como resultado, un celebrado breve en la edición impresa de un diario económico y tres o cuatro artículos online, con un tratamiento más amplio. Hay quien sale de su casa o de un restaurante y ya tiene a la flor y nata de los medios esperándole, con toda la parafernalia de cámaras, alcachofas y móviles de los que graban y hacen fotos. Y si el sujeto está por la labor, si tiene algo que decir y se lo ha preparado, se para bien dispuesto ante ellos y procede a soltar su carga de profundidad en forma de mensaje que repercuta en todas las redacciones. Al minuto ya tiene el titular colocado en la cabecera de todos los grandes diarios online, y al día siguiente colectará un buen saldo de portadas.

Hay quien sale de la cárcel en chándal y no tiene quien le espere ni adonde ir. Luego están los famosos que se parapetan en unas gafas oscuras, lo más grandes posibles, y tratan de escurrirse en la marabunta mediática mientras tratan de ganar la puerta del coche oscuro que les alejará de la escena. Pero hay quien sale perfectamente trajeado y acicalado, con toda la lección aprendida y la puesta en escena estudiada. Tiene su rueda de prensa preparada sin haberla convocado, sin logísticas ni protocolos, y lo único que tiene que hacer es plantarse cómodamente y empezar a desgranar el discurso que tiene bien elaborado y ensayado para la ocasión que lleva tanto tiempo esperando.

Es la ley de la oferta y la demanda informativa, la que rige la actualidad diaria y coloca a cada uno en su sitio. El que es noticia por sí mismo y el que tiene que hacer denodados esfuerzos para serlo, y raras veces lo consigue. El que domina la situación y el que tiene que moverse a expensas de ella. Ayer, a las 21.41h de la noche, tuvimos la oportunidad de asistir a un espectáculo informativo de altos vuelos que no necesitó más preparación y convocatoria que el anuncio de un juez. Todo lo demás estaba listo: el escenario, los medios y por supuesto el portavoz. Cierto que algún medio televisivo –oficial e incauto- se presentó esperando retransmitir una de esas huidas despavoridas a cara tapada. Y cuando se dio cuenta de que el protagonista salía perfectamente peinado y que en efecto había rueda de prensa, cortó.

El efecto tardó segundos en propagarse, y más allá de una frase o una expresión, el mensaje está en la acción: si alguien esperaba que el personaje dedicara sus indeterminados días en libertad a guardar silencio, enterado queda de las intenciones. Lo de Bárcenas ayer no fue una comparecencia, fue un rock informativo en la cárcel. A la salida, pero en toda regla.

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