La última noche del año

Foto NAVCAM Stuart Atkinson

La última noche del año te vi otra vez pasar, y como si no hubieras pasado todas las noches desde no me acuerdo cuándo, volví a suspirar. A la misma hora y desde el mismo sitio escrutaba tu recorrido de Norte a Sur, de frente y de espaldas, mi mirada te seguía hasta no ver más que un punto diluirse en la nebulosa de puntos. Pero no eras un punto más. Me quedaba entonces horas recreando tu tránsito, seguro y ausente, preciso e inconsciente de todas las órbitas que se interferían en tu camino, de los telescopios que alargaban sus cuellos todo lo que podían para no perderte. Y al final siempre la inmensidad. Todos los días el mismo itinerario, el mismo asombro, el mismo silencio después.

Pero decidí que esa noche no iba a ser igual. Esperé seguro de que aparecerías, y a tu sistemática llegada, sí, volví a suspirar. Solo que esta vez no me quise quedar quieto. Eché a volar y seguí tu estela.

Me sobrevino un frío repentino y cierto aire furtivo al levantar el vuelo, no es fácil caminar sin pisar el suelo, pero al poco ya conseguí sostener tu ritmo, mantener una distancia prudencial. Guiado por ti sin que tú lo supieras, surcamos calles que eran cielos estrechos, sorteamos cuerpos celestes y asteroides incontrolados. Avanzamos por avenidas siderales, un mundo completamente nuevo para mí, para ti no más que tu rutina diaria. Por los parajes que me hacías atravesar, los planetas se veían totalmente distintos a como yo los conocía, y a lo lejos pude vislumbrar constelaciones insospechadas que no salían en mis libros, de las que nadie me habló. Hasta que diste un giro inesperado, abordaste un desfiladero oscuro y solitario, supuse que te internabas en un agujero negro y lo sabías, ibas tan tranquila.

Cuando ya desaparecías por la boca del metro a punto de cerrarse, te llamé. Te volviste sorprendida de que alguien supiera tu nombre, pero en realidad era yo el que estaba maravillado de acertarlo. Mi mirada lo dijo todo, la tuya no necesitó decir más. Me invitaste a conocer tu cometa.

Y supimos que íbamos a vivir esa última noche del año como si fuera la última órbita de nuestras vidas.

(Foto: acantilados del cometa Churyumov-Gerasimenko, captados por la senda Rosetta)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s