Mariscal Kroos… sin noticias del Muro

Foto AFP, Javier Soriano

Ni siquiera ha cumplido los 25, así que el Muro de Berlín no lo conoció. Toni Kroos nació apenas 60 días después de su caída, en una pequeña ciudad de la DDR que diez meses después ya sería Alemania total. Fue elegido para la carrera de futbolista y tampoco entendió de muros ni barreras, al Real Madrid ha llegado después de ganarlo todo –o lo más importante- con el Bayern Múnich y con la selección alemana: Bundesliga, Champions, Mundial…

Y le pusieron el 8. Como a otro ex muniqués que llegó hace ya 40 años, Paul Breitner. Aquel venía con parecida edad y después de haber ganado exactamente lo mismo. Le invitaron a exiliarse, entre otras razones, porque siendo de la “intachable” Alemania Occidental, con el Muro en todo su esplendor, sus ideas daban en resultar un tanto “orientales”. Y vino a recalar en la España de Franco. Sea por lo que fuere, en aquel Madrid que entrenaba Miljanic se ahorró los egos, obvió su prestigio de enorme futbolista y se dedicó a trabajar, durante tres años ejerció como un peón de brega que si destacaba era porque ni la calidad –no daba ni medio pase mal- ni su exuberante melena rizada –precursora de los Jackson– se podían disimular. El orgullo y los galones se los reservó para su retorno a Múnich, y allí ya se invistió de capitán general, que este sí era bávaro de toda la vida.

No sabemos que será en el futuro de nuestro Toni Kroos, pero lo que conocemos es el presente. Física y fisonómicamente no tiene nada que ver con su ya canoso compatriota, pero posiblemente es de lo poco en que se diferencie. Porque en lo demás, mantiene paralelismos muy evidentes. Por su trayectoria y sus hechos inmediatos. Y porque ha venido a Madrid fundamentalmente a trabajar. Se fichó a un jugadorazo –avalado además por su excelente Mundial en Brasil-, pero las circunstancias le obligaron a transformarse en un currante de a pie de obra. No lucir para que luzcan los demás. Otro se hubiera revelado pero él lo ha aceptado sin rechistar. Y parece que ni le ha importado.

Lo que pasa es que, ya digo, la clase no se puede esconder así como así. Desde su debut oficial en la Supercopa contra el Sevilla, ha dado la sensación de llevar vistiendo la camiseta blanca toda su vida. Honores mediáticos los justos, porque ya sabemos que las portadas y los titulares de la prensa deportiva se pactan con los directores de Comunicación y con los “guardias reales” que custodian la imagen. Y siempre hay otras prioridades, otras inversiones que amortizar. De hecho, hoy no han tenido más remedio que sacarle porque anoche marcó su primer gol y hasta Ancelotti se mojó diciendo que fue el mejor. Pero aún así le toca compartir los espacios estelares con Bale y Cristiano. Normal, si Toni sólo costó 23 milloncitos de nada, no presume de nada y tiene cara de buen chico.

Este alemán de Greifswald, en la Pomerania Occidental a orillas del Mar Báltico, es fundamentalmente un futbolista para los que les gusta el fútbol. Por imperativos del equipo y el famoso equilibrio, juega veinte metros por detrás de como acostumbraba en su país. Eso significa que llega menos al área y, sobre todo, sale menos en pantalla. Pero alguien que quiera fijarse un poco se da cuenta en seguida. Es un gusto verle colocarse, soltar pases fáciles o difíciles pero siempre lógicos, jugarlo todo con criterio. Ayer llega y marca un gol de lujo, su primero con el Real Madrid. Entonces algunos ya se han enterado de que está por aquí. Y él simplemente lanza unos comedidos besos a la grada y retorna tímido y disciplinado a su posición. Antes había fabricado el primero y, por lo demás, durante todo el partido se dedicó a hacer lo de siempre, esto es, mucho y todo bien o muy bien. El traje lo lleva de mariscal, pero toca hacer de meritorio y ganarse las propinas. Como si siguiera perteneciendo al Este, y mira que lo del Muro a él se lo contaron.

Quizás pocos o incluso nadie hablará de él cuando un día se vaya o le usen de moneda de cambio. Yo solo digo que, cada vez que le veo, pienso que cuando de mayor sea futbolista –es decir en otra vida-, me gustaría parecerme a Toni Kroos.

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