Boleros de Octubre I

Lo dejo todo

Boctubre1

Y si octubre se desploma, si me consumo esperando y si me dices ven. La calle de mi vida empieza a morirse y sobre sus cenizas empezará otra vida, por el empedrado donde jugué ahora me tropiezo, no tengo fuerzas para dejar nada ni terminar con nada. ¿En qué antro te encontraré esta noche y pondrán tu bolero? Que en mis horas enteras en vela es mi bolero. Y si la puerta ya no se abre a la primera, si las tinieblas ya no son amigas. Por una rendija del tabique se escapa un verso, se esfuma el alma, el último cigarrillo antes de dormir se confundirá con el primero al levantarme, no tengo ganas ya de empezar nada. ¿Por dónde te buscaré mañana? Lo dejo todo pero amanecerá gris inmisericorde y ya no seré capaz de pensar en más.

La calle de mi vida será un día irreconocible y quien transite por ella no imaginará lo que aquí vivimos. Ni la música tendrá nada que ver, y aunque boleros sonarán, no serán como aquellos. Esos que tú cantabas y yo susurraba, que nos sabíamos sus letras, que tú bailabas y yo te miraba. Ahora camino sólo un poco peor, doy tumbos, pero mis momentos más ocultos son los mismos, lo desesperante son estas tardes embotadas, esa calma chicha que no anuncia ni prepara nada. Sólo cuando te imagino, te adivino o creo verte pasar por esta calle, noto que me transformo en mí mismo. Cuando soy yo me da igual no escuchar señal ni aviso de tu llamada. Lo dejo todo, me siento fuerte otra vez, a saber cuántas me quedarán.

Y si octubre se desangra, si me duelen los días. Me ha tocado ser el último bajo este techo, se piensan que vivo a mis anchas pero no saben lo que me pesa todo esto. Si me visitan es para pedirme, si me llaman, si me dicen ven, será que no quiere estar solo, ni me preguntará si yo lo estoy. De lo que yo necesito nadie tiene ya. Estas escaleras que subía a saltos dando voces, llamando a cada puerta y escondiéndome, que eran agitación y vida, se han vuelto una tortura. La niña del segundo ahí sigue viviendo pero ya es un recuerdo entumecido, una mirada descolorida que me saluda con ternura pero sin ganas. Cada vez quedamos menos por estos pisos, del primero al tercero huele a humedad y a rancio, sólo los balcones más altos y la bendita azotea conservan algo de aquella frescura y aquellas vistas. Pero apenas me apetece asomarme ya.

No sé si detuve momentos por indecisiones, si perdí mis oportunidades porque no quise ganarlas. Tampoco sé si me arrepiento ahora, igual pienso que sí y luego volvería a actuar igual. Mis momentos ocultos han sido en realidad sólo para mí, mis secretos no han sido de nadie más que míos. Ahora me tropiezo a diario por este adoquinado, cada vez ando más torpe, por lo demás a todo el mundo le digo que estoy en forma. Después me acuesto pensando si tal vez me engaño, empalmando cigarrillos, güisquis y tristezas, que ya me han dicho varias veces que por favor tenga cuidado, que avise si me duele. Que no quieren encontrarme un día en la calle perdido, sin rumbo y en el lodo. Seguirá a esta noche otra mañana gris de octubre sin deseos ni ilusiones, quién sabe, qué voy a saber si lo dejo todo.

Dicen que me iría con la primera que me diga ven. ¿Qué puñetera idea tendrán de mí?

Lodo (Si tú me dices ven), Los Panchos

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