Ébola, perspectiva de una crisis en propia meta

Ana Mato, foto EfeCon permiso, vamos a echar un poco de perspectiva a propósito del asunto del caso de contagio de ébola confirmado ayer en Madrid, el primero que se produce fuera de África. No sea que se nos hayan podido olvidar algunos detalles, que suele pasar:

El 7 de agosto se procedió a la repatriación desde Liberia del misionero Miguel Pajares. El despliegue mediático fue espectacular, recuérdese en los telediarios la imagen del vehículo del SAMUR escoltado desde la base aérea de Torrejón de Ardoz, como si de un solemne desfile o de la llegada de un jefe de estado se tratara. Y la espectral imagen del enfermo sacado del avión en una hermética urna. Por entonces, la directora general de Sanidad Pública, Mercedes Vinuesa, aseguraba que el riesgo de contagio era absolutamente mínimo (información en elperiodico.es) ; el presidente Mariano Rajoy aseguraba que el Gobierno se iba a hacer cargo de los costes de la repatriación, aunque la citada directora general había anunciado que se los pasarían a la Orden San Juan de Dios. La ministra de Sanidad, Ana Mato, apareció como artífice de la macro-operación, se dejó fotografiar, no dio rueda de prensa –no son lo suyo- y se volvió a la playa (información en eldiario.es), desde donde, según fuentes ministeriales, se mantuvo “al frente de la coordinación de la crisis”.

Desgraciadamente, el 12 de agosto falleció Miguel Pajares, y al pobre lo incineraron en un féretro sellado de zinc (información elmundo.es). Los pechos hinchados súbitamente se contrajeron. La ministra no tuvo más remedio que reaparecer en el funeral del religioso, donde aseguró que “lo importante no es el protagonismo de un ministro por las gestiones que la gestión en sí” y respecto a la desinfección del Hospital Carlos III, empezaba remitiéndose a la Comunidad de Madrid, para luego medio arreglarlo concluyendo que “todos los protocolos se están cumpliendo a rajatabla, por tanto la seguridad y la limpieza está garantizada” (Información el elplural.com). En este sentido, las fuentes oficiales se apresuraron a eliminar drásticamente la posibilidad de focos infecciosos en el hospital, y en concreto el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid anunció que el personal médico del Carlos III había dado negativo en la prueba del ébola (¿sólo dos días después del fatal desenlace?), lo que fue desmentido por los propios sanitarios, que decían no haber sido sometidos a ninguna prueba (información en cadenaser.com).

Algo más de un mes después, casi apagados los ecos del caso, el 20 de septiembre se anuncia una nueva repatriación, la del también misionero Manuel García Viejo desde Sierra Leona. El despliegue mediático no es tan apabullante esta vez, sólo las imágenes imprescindibles –otra vez la patética urna- y declaraciones un tanto más prudentes. Pero sí se oye –y se lee, información en antena3.com– al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, espetar que la hospitalización de este segundo enfermo español de ébola suponía “un reconocimiento” para Madrid y su sistema sanitario, “el mejor de España” (no se pudo haber callado, dados los antecedentes y la incierta perspectiva). No había ni medicamentos para tratarle y, lamentablemente, sólo cinco días después García Viejo fallece también. Ese mismo día, 25 de septiembre, consejeros de Sanidad reunidos con la ministra en Santiago de Compostela destacaban “la coordinación” que estaban demostrando en la batalla contra el ébola (información en yahoo.com).

Ayer hemos conocido el caso de esta auxiliar de enfermería. A esta hora sabemos que ella y otras tres personas más –el marido de la enferma entre ellas- permanecen ingresadas en observación. De las reacciones oficiales, y en especial de la rueda de prensa de Ana Mato –o mejor dicho, de sus colaboradores, que fueron los que realmente ejercieron de portavoces- no voy a incluir enlaces porque están a la vista. Únicamente destacar cuando la ministra por fin tomó la palabra. Y fue para decir, después de todo lo declarado durante estos dos meses, que se está "verificando si se siguieron estrictamente todos los protocolos establecidos”. No quedan palabras.

Lo primero de todo, no puede ser de otra manera, es expresar nuestro total apoyo a esta –todavía anónima- trabajadora de la Sanidad española que ha ido a contraer una enfermedad tropical que hasta hace poco nos parecía tan lejana (eso también tiene delito y merecería caso aparte). Deseamos su total recuperación y, desde luego, que finalmente sea éste un único y aislado caso. Pero no podemos dejar de reflejar hechos sobre los que deberíamos reflexionar. Y en concreto cómo, a través de una sucesión de actuaciones, se ha conseguido generar y consolidar una verdadera y descomunal crisis a todos los niveles –sanitaria, política, de comunicación… Todo ello de manual. Y en propia meta.

Y como insisto en que la perspectiva es muy sana, todavía podemos aplicar un poco más. Sí, qué curioso encontrarnos con una noticia como esta, publicada en mayo de este año:

CSI-F advierte del peligro de pandemias en Madrid tras el “desmantelamiento” del Hospital Carlos III, elboletin.com

Quién nos iba a decir…

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