Con Di Stéfano en el photocall

FIRMAComo suele suceder con los genios, dicen que tenía muy mala hostia. Y pude dar fe de ello. La única vez que traté a Alfredo Di Stéfano es una anécdota un poco burda, pero da idea de cómo era el tipo. Se trataba de un macro-evento que concitó en el Museo Thyssen a la élite deportiva, política, cultural, social… hasta Curro Romero estaba allí. Este que escribe, con sus compañeros, estaba allí más bien de apoyo a la organización. Y con la boca abierta veía llegar a las personalidades que entraban cruzando el jardín. En esto aparece don Alfredo, destacando entre otro grupo de ilustres.

Para las fotos de rigor, los invitados debían pararse en el Photocall dispuesto al efecto. Y ahí fui yo a “colocar” a La Saeta Rubia para la foto, y no se me ocurrió otra cosa que tomarle del brazo. Madre mía. Echando cuentas, tenía entonces 73 años. Pero de pronto retrocedió en tiempo, aquello no era el Thyssen sino el Bernabéu, el photocall la portería y yo el defensa –y seguramente del Atleti para más inri- que trataba de agarrarle al saque del córner. Y se me revolvió hecho una furia: “A mí usted no me toque, eh”. No sabía dónde meterme: “no hombre don Alfredo, si era sólo para que se ponga para la foto”; “vale, yo me pongo donde me diga, pero no me toque”. “De acuerdo don Alfredo, perdone…” y algo cariñoso debí decirle para intentar arreglarlo. El delantero ya se calmó, y todo otra vez tranquilo, el partido, digo el evento, siguió sin más novedad. Pero vaya momentito.

Quienes le vieron de verdad dicen, y no les cabe duda, que es el mejor futbolista que han visto. Y no lo dicen sólo madridistas. Los que hemos llegado tarde para presenciarle en vivo, hemos tenido que intuirle a través de imágenes de pésima calidad, secuencias cortadas, de aquel golazo de tacón que metió en Zorrilla queda una bonita foto; del que le fabricó a Bélgica con la selección hay gráficos que lo explican, parece ser que hizo el escorpión aquel que tanto anunciara Hugo Sánchez pero luego nunca lo materializó. Echaron un día –y la repitieron anoche- íntegra aquella final de Glasgow contra el Eintracht de Frankfurt, el mítico 7-3 que valió la quinta Copa de Europa del Real Madrid. Y ya pude hacerme una idea. Fijándome en él, lo cual era fácil porque llenaba la escena, algo de lo hacía se lo habías visto a Cruyff, algo a Zidane, algo hoy a Messi… Sin esa velocidad, pero claro, hablamos de 1960. Y aparte la clase y la personalidad que rebosaba, era superior físicamente a todos, y eso que ahí ya iba para los 34 tacos.

El fútbol es un saber que se transmite de generación en generación, y Alfredo Di Stéfano es el ídolo de mis mayores, mis padres, mis tíos, mis amigos de cierta edad. Para ellos no ha habido otro igual. Yo no puedo decir objetivamente si ha sido realmente mejor que Pelé, Maradona, Beckenbauer… Lo que es seguro es que tuvo dos hándicaps: le faltó televisión y le faltó jugar un Mundial, y lo segundo tiene también que ver con lo primero, porque por ejemplo Pelé tampoco tuvo mucha tele en Brasil pero sí tuvo mundiales, que dejaron de él imágenes icónicas. Lo que posiblemente es verdad, se está diciendo mucho ahora y a mí me lo pareció, es que fue el primer futbolista completo, moderno, total. El propio Johan Cruyff ha reconocido que se fijó mucho en él, le vio siendo recogepelotas en otra final que el Madrid jugó en Amsterdam, que perdió frente al Benfica. Si se me permite un símil ciclista, Fausto Coppi no llegó a ganar todo lo que luego ganaría Eddy Merckx, pero quizás fue el primer ciclista como luego el belga fue. Y lo que lo no se le puede negar es que, aparte Santiago Bernabéu, fue Di Stéfano el hombre que cambió el Real Madrid, el que le hizo grande y ganador. Dos ligas llevaba el club en 1953, cuando él llegó.

A los que le hemos conocido ya retirado, nos ha dejado la impronta de su personalidad. Esa que pude comprobar aquel día. Como entrenador tuvo idas y venidas, pero mira que con casi todos los equipos que dirigió ganó títulos: Valencia, Boca, River… excepto con su Madrid, donde sin embargo se le recuerda por haber dado cancha a la Quinta del Buitre. Como presidente de honor de la entidad, y según la edad y el corazón se lo permitieron, mantuvo una imagen de santón y patriarca, y no dejaba de imponer respeto, hasta algo de miedo, incluso cuando ya iba en bastón. Pero cuidado, que iba por libre, y de vez en cuando no se cortaba en mandarle una directa –no usaba la indirecta- a cualquiera de los entrenadores que pasaron por la casa. Y sus frases, esas de las que se están publicando antologías –aquí una pequeña muestra. Una que recuerdo y no veo: a Juanito, en un entrenamiento, cuando no llegó a un balón de cabeza: “ché, te pesó la lavadora o qué…”. El Madrid llevaba entonces de patrocinador a Zanussi.

A don Alfredo le sacudieron los defensas –“Forneris, remátale, que va herido”-, luego soportó las zancadillas de los banquillos, los resultados y los presidentes. Y finalmente le castigó el corazón, tan grande como lo tuvo. La última entrada criminal, la que ya fue letal, le sobrevino el sábado después de celebrar su cumpleaños. Pero tenía que aguantar, que había fútbol, se jugaba el Mundial y estaba mucha gente pendiente. Ayer lunes ya no se jugaba ningún partido. Hoy ya pueden jugar Brasil y Alemania, mañana ya pueden salir Argentina y Holanda.

Gracias siempre, don Alfredo. Y perdone por lo del Photocall.

DiStéfano gol en Zorrilla

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