Grupos de la muerte y grupos de morirse

Karim BenzemaFoto Afp

Los Mundiales de fútbol, en su formato moderno, comienzan realmente en octavos de final, que es cuando se empiezan a ganar. Antes, lo único importante que puede suceder es perderlo, como ya le ha ocurrido en Brasil 2014 a España o a Inglaterra y le ocurrirá a Italia o a Uruguay después del duelo al sol que libren el martes.

Allá en diciembre, cuando se conoció el sorteo, hubo mosqueo generalizado, después todo se va asumiendo y olvidando, pero ahora es cuando se ven los efectos. Louis Van Gaal ya no dice nada, pero por entonces echó sapos por la boca, que ya sabemos cómo se pone el hombre a veces. Y no le faltaba su razón. Por muchos empíricos coeficientes que rijan, ¿podía entenderse que Holanda no fuera cabeza de serie y sí lo fueran Suiza o Bélgica? Les ha ido muy bien y ahí están, pero ahora les queda otro asunto por resolver: librarse de Brasil. Si no lo consiguen, volverán a quejarse y su seleccionador se pondrá otra vez muy negatifo. Claro que si el marrón les toca a los chilenos, también con razón dirán que ya está bien, siempre se van a dar de bruces con Brasil.

Luego estuvo lo de Francia. Según ese coeficiente, a ellos les tocaba salir del bombo de equipos europeos y entrar en el de los africanos, lo que implicaba la probabilidad de un grupo más difícil. Pero a última hora se decidió que ese equipo saliera por sorteo, le tocó a Italia y miren ahora el lío en el que anda metida. Al grupo de la muerte le ha salido encima un matón inesperado, Costa Rica, pero eso ya es otra cuestión, esto sí es cosa del fútbol.  Como también lo es que toque en suerte un grupo chollo, caso de Argentina; ese grupo se cruza luego en octavos con el otro chollo, el de Francia, que tras haberse clasificado en la repesca y de milagro, y liberada del cambio de bombo que le hubiera correspondido, ahora golea a sus anchas a Honduras y a Suiza, y en octavos le espera probablemente Nigeria. Eso ya no es tanto cosa de fútbol.

En cuanto a los argentinos, pues no habrán jugado Messi y compañía mejor que otras que ya están eliminadas, pero Bosnia e Irán no son precisamente Holanda y Chile ni Inglaterra o Italia. Así que después de dos actuaciones poco o nada convincentes, está clasificada y con la perspectiva de un cómodo cruce con suizos o ecuatorianos. No es cuestión de buscar excusas, y desde luego en España no estamos para hablar mucho después de lo que se ha ofrecido sobre el campo. Pero algo de agravio sí que hay, no me digan. En Ghana pueden estar pensando algo parecido y con más motivo: dos partidazos jugados y, sin embargo, al borde de la eliminación.

Como digo, el Mundial de verdad empieza este sábado, con las 16 selecciones que queden. Y a partir de ahí ya no contará nada de lo anterior, ni lo jugado bien ni lo jugado mal. Que se lo pregunten a los italianos en los dos últimos que ganaron, o a aquella Dinamarca, la dinamita roja que asombrara en los tres primeros partidos de México 86. O incluso a nosotros en Sudáfrica, para qué vamos a ir más lejos. Lo que ya sabemos es que en esa fase decisiva van a faltar al menos tres campeones del mundo, eso si no hay más sorpresas. Por fallos propios sobre todo, pero sin olvidar las piedras que salen por el camino. Unas las ponen la suerte y los imponderables del juego; otras las ponen los coeficientes… y algún que otro eficiente. El caso es que siempre habrá grupos de la muerte y grupos de morirse… de risa.

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