El que no paga… sin nombres ni apellidos

El que no paga

Al menos de momento. Puedo decir que tengo suerte porque en mi carrera como Consultor de Comunicación independiente sólo me ha salido un cliente moroso, y se llama… bueno, llegará el día, no muy tarde, en que os cuente su historia.

Trabajando bajo el paraguas de una importante empresa de RR PP, sí he tenido y conocido más casos, faltaría más. Como el de un estafador profesional, que se jactaba de haber sido portada de Actualidad Económica, engañó hasta al cliente que nos lo recomendó y terminó dejándonos un buen pufo que no hubo forma de arreglar.

O como el más entrañable de un buen amigo del sector, tipo muy listo él, al que le se le organizó, a precio de favor, un evento impecable, con una repercusión más que notable; argumentando que no había quedado satisfecho con el servicio que se le había dado, se negó a pagar; la empresa, como deferencia por las buenas relaciones mantenidas hasta entonces con él, decidió condonarle la deuda; pero el individuo, en vez de agradecerlo, sé dedicó en adelante a despotricar de esa agencia… sin mencionar en ningún momento, claro, que su campaña de Relaciones Públicas le había salido gratis; ya comprendimos después que lo tenía perfectamente calculado.

No pagar por algo siempre está muy feo, qué vamos a contar. Y existe una amplia casuística de la morosidad, con diferentes escenarios y variopintos personajes; desde el que simplemente paga mal y a destiempo hasta el especialista consumado; desde el eminentemente insolvente hasta el profundo caradura; desde el que pasa apuro y sincera vergüenza hasta el que ni pestañea y además duerme perfectamente. El ocasional y el contumaz, el choricillo y el desfalcador. Como trabajé una vez de cobrador de impagados de unos grandes almacenes de ropa, sé de lo que me hablo. Y aunque hace tiempo de aquello, no han cambiado prácticamente nada los usos y hábitos, al menos en esencia, otra cosa son los medios.

En actividades profesionales como la Comunicación u otras en las que se funciona de forma parecida, que no le paguen a a la empresa para la que trabajas duele, escuece ciertamente la falta de respeto por el trabajo realizado, y si la cuenta de resultados de esa empresa a la larga o a la corta se resiente, puede convertirse en un serio problema para ti y para tus compañeros. Pero si el moroso te sale trabajando por tu cuenta, además de todo eso, verdaderamente te hace polvo. Aparte de que las relaciones entre empresas suelen formalizarse bajo contratos, lo que permite algún margen de maniobra legal; pero el autónomo, independiente, freelance o como lo queramos llamar, suele trabajar bajo un compromiso de palabra, o como mucho con un OK por e-mail. Entonces, si su cliente no puede o no quiere pagarle, difícilmente tiene a qué agarrarse. Ah, y lo de no pagar el IVA de las facturas no cobradas que dice que ha aprobado el Gobierno es una milonga, por si no lo sabían. Pero ese otro asunto.

Por otro lado, en los trabajos en los que se presta un servicio digamos no tangible, como sin duda es la Comunicación, hay quien ejerce su auto-supuesto derecho a no pagar amparándose en la insatisfacción con el servicio, y más concretamente con los resultados obtenidos. Esto no es o no debe ser así. Si en el momento de establecer la relación profesional se fijan unas condiciones y una remuneración por objetivos, de acuerdo, allá el que lo acepte o que valore si le merece la pena aceptarlo. Pero lo normal es que una empresa o un profesional de RR PP presente un presupuesto por el trabajo que va a realizar, por las estrategias y acciones que propone llevar a cabo con el fin de alcanzar una serie de objetivos; el cliente que lo aprueba está aceptando que esas estrategias y acciones son en efecto las más idóneas y el precio le parece razonable, por lo que se aviene a pagar por ellas. No por el resultado que finalmente obtenga, ya que éste es difícil de controlar, como digo es intangible y en muchos casos muy subjetivo a la hora de valorar.

Si por la razón que fuere- y existen infinidad de factores- el susodicho objetivo no se consigue, o solo parcialmente, el cliente tendrá que asumir que estaba de acuerdo con lo propuesto. Puede, en un caso dado, quejarse y argumentar que el proveedor o colaborador contratado no ejerció su trabajo con la debida profesionalidad o que no cumplió realmente con lo que incluyó en la propuesta que él aceptó. Pero si el trabajo se hizo como se planteó, no cabe negarse a pagar por no haber conseguido el efecto que ambos esperaron. A nadie se le ocurre dejar de pagar los honorarios de su abogado después de perder el juicio; ni al médico o entidad sanitaria privada si la operación o el tratamiento prescrito desgraciadamente no funcionaron. En nuestro caso, podemos hasta ser más flexibles, y si la parte contratante no ha quedado contenta -que generalmente suelen ser las dos partes- se puede hablar y llegar a un acuerdo, proponer alguna alternativa. Pero en ningún caso podremos aceptar no cobrar el trabajo realizado.

Decir que, en el caso con el que introducía este artículo, mi primer cliente moroso en ningún momento se ha manifestado insatisfecho; por el contrario, todo son buenísimas palabras y estupendas promesas. Pero, simplemente, no paga. A lo mejor esos son los peores, quién sabe. Pero ya os seguiré contando… con nombres y apellidos.

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1 Comment

  1. Cuanta razón tienes Enrique, completamente de acuerdo, cuando uno trabaja por libre un mal pagador ya no es un problema secundario, puede perfectamente llevarte a la ruína.

    Espero que atrapes a ese moroso y recibas tu merecido pago.

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