España, el estado de la depresión

Van Persie, Sneijder, S Ramos, Casillas

Ayer ya no se veían tantas camisetas rojas por el Retiro y algunos bares se planteaban retirar la decoración rojigualda que apenas acababan de estrenar. Lo peor de perder el primer partido de un Mundial –en lo que tenemos una dilatada experiencia- es lo largo que se hacen los días hasta que llega el segundo, con todas las vueltas que se le dan a las dudas, desazones y desconfianzas que han brotado tras la primera derrota. Si encima te ocurre siendo campeón del mundo y lo que te han dado es un vapuleo de alivio, pues no deja de ser una sensación nueva, algo que tampoco habíamos probado. Pero de esto no te quedan ganas de repetir.

El fútbol también es cuestión de carácter. No salió ciertamente la selección española con el ojo del tigre, como aquel Rocky rico y afamado de la tercera entrega, que salía al trámite de defender su título frente a una mala bestia hambrienta que venía directamente a despedazarle. Holanda llevaba cuatro años esperándonos, si te hacen 17 faltas y tú sólo cometes cinco, no es ya que te hayan pegado duro, es que han salido a comerte y tú has desaparecido en combate. Como Stallone escribía aquellos guiones para que sus películas terminaran bien y él ganara siempre, el buenísimo y humillado Balboa recuperaría la ferocidad, la mirada felina, y se tomaría merecida revancha del malísimo ogro que le había querido retirar de la circulación. Lo malo es que el guión que ahora tenemos entre manos no sabemos quién lo escribe, de manera que sólo sabemos cómo va esto, y no cómo acabará. Yva muy mal, para qué nos vamos a engañar. Mira cómo saca la lengua Van Persie, lo satisfecho que ríe Sneijder, el gustazo que se han dado. Le queda mucho a esta peli, pero a ver si nosotros sólo éramos personajes secundarios.

Lo que también sabemos, porque era previsible, es que ya están las guadañas preparadas. Como lo estuvieron tras la derrota ante Suiza hace cuatro años, solo que ahora mucho más afiladas y con muchas más ganas. Y porque la perspectiva esta vez es mucho peor, hay que admitirlo. Pero nuestra España cainita siempre está presta a tomar posiciones a la menor oportunidad. Sobrevienen entonces los ventajistas, los de “ya lo decía yo…”; los “antis”, especie tan hispánica, con los anti-Casillas, anti-Del Bosque y anti-selección como máximos exponentes; pero sobre todo, los que exigen un sumarísimo juicio final, recréese un capítulo especial de MasterChef dedicado a La Roja, y véase la sádica escena de un Pepe Rodríguez, con todo su gesto severo y su voz displicente, que los ponga a todos a caldo primero, y luego los ponga en fila de espaldas al paredón, jugadores y seleccionador con las caras tó acojonás, a ver quién va a ser el ejecutado de hoy. Con ese Jordi Cruz soltándoles borderías lapidarias, “Casillitas, buscas palos y palos tendrás”, “Sergio, rubito, me gusta tu punto kamikaze”. Y bajo redoble de tambores, resuena el veredicto: el despedido es…

El bueno de Kubala, después de una derrota en una cita importante –y en un mundial fue ante Austria, cómo no, en el primer envite-, cambiaba hasta siete u ocho jugadores de la primera alineación, algunos ni volvían a aparecer por ahí. A lo mejor se perdía también el siguiente partido, pero a la gente le gustaba la maniobra, le va el morbo, “ahí os jodáis hombre, ¿qué os habéis creído?”. Por cierto que Del Bosque fue uno de esos defenestrados en más de una ocasión. Él ahora no lo va a hacer, o eso me creo, no es su manera de proceder. Pero alguno inevitablemente saldrá señalado, y la masa se frota las manos apostando. En Madrid, como siempre, se citan dos bandos: unos, los que se alegran sinceramente de lo sucedido por Casillas, Ramos, Xabi Alonso y por Arbeloa aunque no esté; y otros, los que lo jalean sin cortarse un pelo por Xavi, Piqué, Busquets… y por Casillas también. Menos mal que un “dios” ha hablado, bueno, ha llegado a juntar dos frases seguidas, le ha querido echar una palada más de tierra al portero viéndole medio enterrado, y hasta a lo mejor le ha hecho un favor. “El peor partido que le vi en mi vida”. ¿Y hasta dónde le llegará a Maradona la memoria de su vida, a estas alturas?

En fin, reflexionando un poco más en serio aunque sea por un minuto, sabíamos con qué gente veníamos al Mundial 2014, con qué alforjas viajábamos a Brasil, con quién íbamos a sobrevivir o morir. Y que este iba a ser el fin de un ciclo, pasara lo que pasara y llegara adonde llegara. De lo que no teníamos certeza era de cómo sería ese final, aunque es verdad que alguna venda sí nos habíamos puesto para no querer ver alguna cosa, para no otorgar crédito a alguna incómoda sospecha. En Salvador de Bahía asistimos a un baño figurado y literal, el que nos dieron y el que nos cayó. Cierto que lo más terrorífico de este viernes 13 vino en la segunda parte, pero si hubiéramos reparado antes en la expresión de los nuestros cuando formaban para el himno, algo nos podíamos haber barruntado. Eran ojos de buey degollado. Ahora decimos que estamos en estado de shock o depresión, como si en este país no tuviéramos tantos otros motivos para deprimirnos y para quedarnos postrados de rodillas. Porque de esto, a pesar de todo, es de lo poco que todavía podemos alegrarnos.

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