Una rueda de prensa… privada, por favor

Rueda de prensa privadaConvocada a las 12.00h, diez minutos de cortesía y todo dispuesto para dar inicio a la rueda de prensa. Ya estaban todos: los cinco portavoces en la mesa presidencial, los cuatro de apoyo para cuestiones técnicas en la primera fila, siete asesores estratégicamente distribuidos por la sala, tres abogados, varios consejeros de la empresa invitados, además de clientes y partners, los técnicos de sonido, el fotógrafo oficial, el cámara que la grabaría en vídeo, el community manager que la retransmitiría por Twitter, cuatro azafatas, las esposas y maridos de algunos de los intervinientes, el catering, los camareros… y el periodista. Todo según lo previsto y establecido. Aún así, se denotaba el lógico clima de tensión, no era para menos.

Yo era el periodista. Para respetar debidamente el protocolo, hice algo de tiempo a la entrada del hotel, eché un pitillo. Debía ser el último en llegar, y además no fuera a ser que cuando entrara en el salón no estuviera todo bien preparado y acondicionado, no quedara algún micrófono sin colocar o sorprendiera a alguien ultimando algún detalle de la presentación. Ya en la mesa de acreditaciones, entregué a la azafata el cartón que daba fe de mi invitación exclusiva al evento informativo. Seguidamente me solicitó el DNI, y una vez conformada mi identidad, deposité sobre la mesa las 19 tarjetas de los colegas de otros medios a los que yo tenía el honor y la responsabilidad de representar.

Acto seguido, se acercó uno de los asesores, me miró los calcetines, me dio la mano y me entregó un papel. Eran las preguntas que, siguiendo el procedimiento acordado, yo había remitido por e-mail esa misma mañana. Dichas preguntas habían sido consensuadas entre todos los colegas la noche anterior. Y me las devolvía debidamente revisadas, eliminadas las no pertinentes, reenfocadas las que así lo requerían y añadidas tres cuestiones de indudable interés que habíamos omitido. Pasé, saludé a los principales directivos y asesores, me senté en el asiento que amablemente me indicaron –todos los demás estaban ya ocupados por todos los respetables asistentes-, la sala repleta de gente que daba gusto verla, y todo listo para comenzar.

La rueda de prensa transcurrió sin novedad. Después de que hablaron todos durante aproximadamente una hora, formulé tres preguntas. Justamente las tres que ellos habían sugerido y puesto en primer lugar de la lista, ya que no hubo tiempo para más. Sirvieron el coctel, departí con los portavoces secundarios –el principal abandonó el acto nada más terminar, acompañado por los tres asesores de mayor tamaño y gesto más agresivo. Todos estaban satisfechos y sonrientes, ya relajados tras la lógica incertidumbre. El mensaje había quedado, según ellos, perfectamente reflejado; pero como es normal, hasta que no se publique no se sabe, que “luego la prensa escribe lo que quiere”, comentaban con sorna. Entre croqueta y croqueta hablamos de fútbol, de motos, de lo bueno que hacen el arroz con bogavante en el nuevo merendero de Pozuelo… tampoco era cuestión de abordar cuestiones más críticas o profundas.

Como también manda el protocolo, me excusé diciendo que tenía que irme ya al periódico, que ya sabemos lo estresante que es esta profesión, además ahora que estoy yo solo, a los otros dos redactores los despidieron la semana pasada. Y si había llegado el último, el guión imponía que tenía que irme el primero para que el personal se quedara tranquilo apurando el queso y las virutas de jamón. Mientras la azafata me sonreía al alargarme una bolsa con una camiseta dentro, otro de los asesores, diligentemente, me daba las últimas instrucciones y me entregaba otro necesario papel: ¿qué iba a hacer yo sin un titular?

Llegado a la redacción, hice lo que estaba mandado: aunque ya tenía en papel la nota de prensa, me la habían enviado en formato electrónico junto con la transcripción exacta de las tres preguntas que había formulado. Un detalle que te faciliten así el trabajo. Con las dos fotos de la mesa presidencial, que ya también había recibido, titulada como me habían indicado, se lo envié, uno por uno, a todos mis compañeros. Y así quedó mi trabajo bien hecho y en tiempo.

Y si se piensan que esto es un cuento imposible o una ensoñación, pues vean que la realidad lleva camino de no quedar tan lejos de la ficción. FAPE cree… publicado en eldiario.es

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