El día que me llamé “Cincodías”

CincodíasSiempre digo que, antes de pasarme a este lado de la barra, la actividad que desarrollé como periodista en diferentes medios me permitió fijarme, y en muchos casos aprender, de cómo practicaban la Comunicación las empresas, las agencias, y en general los profesionales del oficio. Y suelo matizar que, sobre todo, aprendí lo que no se debe hacer. No porque abundara más, realmente, sino porque las pifias siempre se notan y se recuerdan, en cambio lo bien hecho tiende más a pasar inadvertido. Entonces te vienen a la cabeza episodios e historias que, eso sí, nos gusta contar con suma ternura.

Esta va de que vagaba yo por una feria, imagino que sería uno de aquellos SIMOs, sin un plan concreto ese día. Un buen colega al que me encuentro me da una idea: “¿Te vienes a la comida de Advanced Suppository Software?” (nombre lógicamente imaginario, pues además no recuerdo el nombre de la compañía que convocaba) Yo no había recibido esa convocatoria ni tenía idea de ella, pero no me pareció mal plan. Y prometo que no por lo de “habrá que comer”, histórica sentencia de otro periodista del sector tecnológico, también en un SIMO, cuando se dio en cancelar una comida de Toshiba y justo al lado se celebraba otra de otra empresa, hoy inmersa en HP, que ya cubrían dos compañeros suyos, total que allí se presentaron los tres del mismo medio. Simplemente diré que, no teniendo otra opción mejor en ese momento, decidí asistir a esa rueda de prensa.

El caso es que allá fui con mi colega, se celebraba en uno de los hoteles que hay fuera del recinto ferial. A la entrada, en el hospitality desk al uso (una escueta mesita con unas 20 carpetas, entiéndase), el dispuesto y joven ejecutivo de la agencia Amazing Motos&Brasas Press (tampoco recuerdo qué agencia era, de verdad), traje en tensión y gesto pretendidamente afable pero a punto de desencajarse. Me pide mis credenciales, yo en esa época trabajaba como free lance y colaboraba en varios medios técnicos y económicos, entre ellos Cinco Días, para los que escribía suplementos especiales sobre Tecnología. Es lo que le explico básicamente a mi estresado interlocutor, que en ese momento abre los ojos como platos de sopa de tomate –enrojecidos estaban. Me toma del brazo, me introduce –más que conduce- en la sala donde está dispuesta una mesa rectangular, me coloca –más que invitar a sentarme- en una silla justo enfrente del director general, y anuncia con voz firme y plena de reafirmación: CINCO DÍAS. Le faltó un “toma eso…”, pero sin duda lo pensó.

De mi amigo no recuerdo bien, pero yo creo que se lo dejó en la entrada. Sí, da igual como me llamara, yo en ese escenario era Cincodías, un medio económico que atendía una rueda de prensa a la que asistirían cinco o seis, de hecho la mitad de las plazas, con sus platos y cubiertos, quedaron desoladamente vacías a mi alrededor. Y yo ya sabía, según me iban contando su farragosa historia, su misión, sus valores y su innovador producto, que poco iba a poder hacer con ella, ni en el citado diario ni en ninguno de los otros medios con los que colaboraba. Tampoco quise desanimarles de antemano, presté atención, departí amablemente con el directivo. Al fin y al cabo, el de la agencia, aunque fuera sólo por esas horas, se estaba apuntando un tanto. Había “conseguido” traer a un “medio importante”, de esos que exigen los clientes, a un evento informativo que indefectiblemente estaba condenado al fracaso. Si luego no se publicaba nada, ya defendería ante el cliente que él le había puesto al periodista delante y, simplemente, lo que le había contado no le había interesado. Creo que nunca volví a saber de esa empresa, y no recuerdo haberme cruzado más con ese ejecutivo.

Luego, trabajando en agencias, he constatado de primera mano –aunque ya la suponía- esa presión. Y en cierto modo he comprendido a esos ejecutivos que he conocido al borde del colapso, que sufren junto al precipicio y se agarran a cualquier clavo ardiendo o nombre caído del cielo para justificar su trabajo. En realidad, muchas veces no es sino para mantener el puesto de trabajo que sostienen los fees que la empresa le paga a sus jefes, bajo la más implícita o más explícita promesa de salir en Cinco Días, en Expansión o en El País. Él, simplemente, lo tiene que conseguir. Claro, no todas las agencias funcionan así. Pero las hay que sí que sí…

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