El indulto informativo

Indulto informativoCualquier pájaro de un nido puede aspirar a recibir un indulto. Como quien puede otorgar esa dádiva en este país son el Rey y el gobierno de turno, sin encomendarse más que a su arbitrario juicio, pues sólo a determinados pájaros de muy escogidos nidos se les suele conceder. Sonados los hemos conocido. Desde aquel célebre a José María García, que había topado con el entonces intocable Pío Cabanillas, hasta el más reciente al Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, condenado a tres meses de prisión, que resultó indultado en el último Consejo de Ministros del gobierno entonces saliente con la aquiescencia del inminentemente entrante, que además luego ha pretendido dejar también sin efecto su inhabilitación para trabajar en el sector bancario. Ha habido otros más anónimos, o que han pasado más desapercibidos, y se han repartido a pajarillos y pajarracos de diversa índole y catadura. Pero no se engañen, al pobre hombre que cuando fue a hacer su declaración de Hacienda se encontró con que no disponía de los 1.000 eurillos que le salió positiva y trató de acogerse a una piadosa trampilla aunque fuera para pagar 500, a ese no le indulta ni dios. Que en España, además, no tiene Dios la potestad de indultar.

Pero existe otro tipo de indulgencia a la que resulta más fácil acogerse. Se trata del indulto informativo. Este no restituye la libertad, sino la reputación. Claro que a veces es más difícil esto que lo otro. No obstante, se puede obtener por varias vías: por buenas relaciones, por intereses coyunturales o permanentes, o a través de una cuantiosa inversión. El caso tipo sería más o menos así: una personalidad –o una entidad- que, por la razón o los hechos que sean, se ha ganado el vilipendio general de la opinión pública y es zarandeando por uno, varios o todos los medios de comunicación, de buenas a primeras deja de aparecer en los papeles, en las ondas y en las webs –lo que es mucho más complicado. Luego pueden darse muchas más variantes, matices, puede tratarse de un indulto parcial –concedido por uno o por un grupo de medios- o total, en ese caso parece que se le ha tragado la tierra. Pasado un tiempo, amparándose en el olvido, ese personaje reaparece con la cara lavada y debidamente reciclado, como si emprendiera una nueva vida, y siempre contarán con un aliado mediático para organizar su relanzamiento. ¿Les suenan Jesús Gil, Mario Conde, Ruiz Mateos…?

Hay indultos inmediatos y precipitados, como el del presidente del BBVA, Francisco González. Según una notica fugaz, ciertos papeles de una auditoría que presuntamente le implicaban desaparecieron en el incendio del edificio Windsor, suceso que además se produjo justo un día después de que se los solicitara la Fiscalía Anticorrupción. En cuestión de minutos, la información desapareció de los principales diarios online, no consta que saliera en las ediciones impresas, y aunque en Internet siempre “algo queda” (http://elpais.com/diario/2005/04/01/economia/1112306408_850215.html), el caso es que, que me conste, no se ha vuelto a hablar del asunto.

Pero los indultos informativos más habituales responden a campañas bien organizadas. Y que en muchos casos están articuladas por más o menos poderosos y eficaces lobbies de Comunicación –no exactamente agencias- que, por unos respetables honorarios, saben mover los hilos para conseguir que se silencien ciertas informaciones contraproducentes para su cliente. Gente verdaderamente depauperada en su imagen ha recurrido a este procedimiento, con diverso éxito, que va del total al nulo. Porque a veces los intereses en un sentido entran en conflicto con los intereses contrarios, y entonces, como en la prehistoria, el que vence no es el más listo o el más inteligente, sino el que tiene el mazo más grande. Que cada uno valore, en según qué caso, en qué se cajea el tal mazo.

Y muy habitual es que sea el propio medio, o más bien el grupo empresarial al que pertenece –detrás del cual casi siempre acaba figurando un banco- el que decida indultar al reo informativo, en función de sus intereses empresariales, políticos, económicos o de la índole que prime. Siempre habrá una contraprestación. E indulto permanente es el que un determinado grupo mediático aplica a determinados políticos, empresarios o celebridades, de los que amplificará lo positivo y silenciará sistemáticamente lo negativo. En este caso lo llamaríamos más propiamente impunidad informativa.

Total, si para recibir el indulto penal no vale ser cualquiera, para recibir el indulto informativo se precisan otros requisitos. Aún así, no se engañen. Tampoco para vale haber nacido en cualquier nido.

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