De Moscú 80 a Moscú 2013

Sebastian Coe y Stevet Ovett, JJOO Moscú 1980Final 100 metros mundiales Moscú 2013, foto Efe

El estadio Luzhnki de Moscú, que ha acogido los Mundiales de Atletismo finalizados ayer, fue el mismo que, llamándose entonces Lenin, sirvió de escenario estelar de los JJOO de 1980. Y no nos resistimos a la comparación. Hace 33 años, este deporte iniciaba su época más opulenta, y después hemos sabido lo que había detrás de aquel tremendo salto competitivo que empezaba a fraguarse El Atletismo tal como éramos, El País 1985. En aquellos Juegos faltó prácticamente medio mundo, consecuencia del boicot decretado por Estados Unidos y secundado por gran número de países occidentales –Alemania Federal, Australia, Canadá… y sin embargo el nivel fue altísimo. De hecho, algunas de las marcas de entonces no se consiguen hoy, especialmente en la competición femenina. Ausentes monstruos de entonces como Carl Lewis o Edwin Moses, sin embargo sí se pudo disfrutar de grandes campeones de la época, muchos de ellos hoy mitos, como Sebastian Coe, Steve Ovett, Pietro Mennea, Yuryi Sedykh, Daley Thompson, Mirus Yifter, Marita Koch, Sara Simeoni, María Caridad Colón, Nadezhda Olizarenko… por citar sólo a algunos de los hicieron “oro”, que por ahí también estaban Silvio Leonard, Don Quarrie, Marlene Ottey

¿Eran mejores aquellos tiempos? ¿Era otro atletismo o, si lo miramos bien, no ha cambiado tanto en tres décadas? Sí habrá que reconocer que, habiendo llegado heridos de muerte por los casos de dopaje conocidos unas semanas antes, y en un escenario que, por lo que dicen los que han estado allí, no ha ayudado a darle un gran colorido, el nivel de estos mundiales ha estado por encima de lo esperado. Me refiero a lo competitivo, quizás no tanto en lo que se refiere a marcas, pero los récords mundiales en grandes competiciones dependen de factores como la pista, el nivel competitivo, cierto ambiente que predispone a su consecución… Y por lo que se ha visto, esto no era Sevilla’99.

Es muy posible que, dentro de 30 años, no seamos capaces de recordar tantos nombres como los que nos salen ahora al mirar 30 atrás. Pero sí habrá que decir que estos Mundiales 2013 sí nos han dejado algo, posiblemente más que otros de la era reciente. Por supuesto, el que sigue tirando del carro, como viene haciéndolo desde hace cinco años, es Usain Bolt, y a este claro que le recordaremos. Cierto que las ausencias de Gay y Blake han podido restar espectacularidad a su demostración de infinita superioridad, quizás porque con ellos se hubiera sentido más exigido. Pero firmar unos 9,77 en el hectómetro con lluvia y viento de cara, y dejar la mejor marca del año en los 200 entrando parado –que no crispado, como insistía alguien en TVE– no deja lugar a dudas. Y su cosecha de títulos, desde los Juegos de Pekín hasta aquí, ya es incuestionable leyenda.

Pero además del jamaicano, hemos tenido otros protagonistas que han elevado el nivel y, sobre todo, han llenado la pantalla, que es lo que las retransmisiones televisivas requieren, aún tan vergonzosas como la que ha perpetrado la televisión rusa estos días. Hay que citar lógicamente a Isinbayeva. Es una pena que ella misma haya hecho caer a segundo plano su pletórica despedida con su desafortunada rueda de prensa, pero en la pista ha demostrado, por última vez, su condición de reina de estos años. Hemos visto por ejemplo un sensacional concurso de salto de altura, con Bondarenko acercándose al ya eterno Sotomayor. O el lanzamiento de martillo femenino, probablemente la mejor final en términos de marcas. Mo Farah se ha confirmado como el rey absoluto del fondo mundial, y este año ya ha demostrado que también puede hacer grandes cosas en el medio fondo. Por cierto, el 1.500 sigue en la tónica de las últimas competiciones, nivel sí hay, galgos excelentes, pero seguimos echando de menos el carisma de aquellos inolvidables. Además nos faltó Rudisha en el 800. Y en fin, Rusia se ha reivindicado en su casa, demostrando que siempre tuvo y tendrá gran atletismo. Y aparte Bolt, Jamaica ha dominado abrumadoramente toda la velocidad, la masculina y la femenina, individual y en relevos.

Respecto a la actuación española, pues decir que no podíamos esperar mucho más. Esencialmente porque nuestro nivel en estos momentos es, sí, muy parejo al que exhibíamos en 1980. Son tiempos de vacas flacas, de expectativas aisladas que luego se confirman o no. Consta que la dirección técnica actual está haciendo un trabajo digno, aún a pesar de la anquilosada dirección federativa, pero el nivel es el que es. Hay que hacerles un monumento a Ruth Beitia, a los marchadores… esperar con ilusión a Cáceres o a Hortelano, pero poco más se vislumbra en el horizonte. Ahora mismo, si finalmente nos dieran los Juegos de 2020 para Madrid, parece inviable repetir la actuación de Barcelona’92. Mucho más documentado que yo, os dejo este testimonio de Martí Perarnau, que compitió en aquellos Juegos de Moscú.

En resumen, el Atletismo mundial ha conseguido al menos salir vivo de esta gran cita. El español no evoluciona, dentro de la gravedad.

P.D. Nuestra afición –y amor, a pesar de todo- al Atletismo nos ha llevado a dedicarle íntegro este primer Lunes de Retranca de agosto. No quiere ello decir que obviemos una intensa jornada deportiva, principalmente el sensacional éxito de Rafa Nadal en Cincinatti y la nueva gesta de Marc Márquez. Y el comienzo liguero, pero de fútbol, si me lo permiten y la actualidad no nos obliga a otra cosa, ya hablaremos en septiembre.

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