Cuando la Guerra de las Malvinas

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La invasión y posterior Guerra de las Malvinas fue programada en 1982 por la Junta Militar argentina, aquella que sometiera ese país entre 1976 y 1983, y estaba encabezada en esos momentos por el general Leopoldo Galtieri como figura visible, en lo que era el tercer gobierno de lo que aquellos militares llamaran Proceso de Reorganización Nacional. En la práctica, grupos de tiranos que se iban relevando en el ejercicio de un poder terrorífico y particularmente cruel.

El fin último de la acción bélica no era recuperar la soberanía sobre las islas, en posesión del Reino Unido desde 1833 y bajo tal rebautizadas como Falkland Islands. Ya se sabía que eso iba a ser imposible frente al mayor poderío militar de los ingleses. En realidad, el objetivo no era otro que desviar la atención: la internacional, pues en todas las instancias del planeta se sabía el estado implacablemente represivo implantado desde el golpe de estado de Jorge Videla; la nacional, a fin de adormecer la depresión, mitigar la desastrosa situación económica y tratar de aglutinar a los argentinos en torno a una causa patriótica, que se olvidaran de otras cosas, fundamentalmente de sus muertos y desaparecidos.

A lo largo de sus años, aquel régimen había ido escalando en sus prácticas opresoras (La dictadura militar en Argentina) hasta el punto de considerar subversiva a cualquier persona, entidad, declaración o manifestación de cualquier índole que no comulgara indefectiblemente con sus idearios ultra-católicos y ultra-nacionales. Y ya no tenían un Mundial de fútbol, como el de 1978, con el que embaucar a la nación. Entonces habían conseguido hasta que las madres de la Plaza de Mayo dejaran de manifestarse cada lunes durante los 25 días de junio que durara el torneo. Una vez Daniel Pasarella levantó la ansiada Copa del Mundo para la albiceleste tal que un domingo por la noche, pensaron los dictadores que ya tenían el favor del pueblo. Pero al día siguiente las sufridas madres ya estaban ahí otra vez. Ahora necesitaban otra causa en la que Argentina se implicara todos a una. Y jugaron lo más fuerte que pudieron y supieron. Por supuesto, con la prensa adicta, la única permitida, fielmente entregada.

Como era de esperar, la guerra resultó una masacre. Con un ejército muy limitado en gente y recursos, se reclutó –en muchos casos a la fuerza- a gente, mayoritariamente jóvenes, de las provincias más pobres del país, que lógicamente fueron conducidos directo al matadero. Más de 600 perdieron la vida en el breve conflicto. Y la gente lo supo después. Sería el principio del fin del régimen.

Y a saber por qué me da ahora por acordarme de este episodio.

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1 Comment

  1. Muy bueno Enrique, evidencias un claro conocimiento de lo que fue este conflicto para nosotros, los argentinos. Es una herida y una deuda pendiente que aún no ha cicatrizado.

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