Orquesta y cierra España

OrquestaSi das una conferencia en el Club Siglo XXI, no necesariamente se tiene que hablar de ella, de hecho puede suceder que sólo los que han asistido se enteren de lo que has pronunciado, y algunos ni eso porque se durmieron o estuvieron más pendientes de su whatsapp. Pero si previamente ya te has asegurado adhesiones inquebrantables, que la cuadrilla de calumnistas y tertulianos estén velando armas, que ese diario nacional te va a sacar en portada a cinco columnas y hasta has pactado los titulares –bonita expresión esta-, pues el éxito lo tienes asegurado. Has ganado el partido antes de jugarlo y hasta tienes las crónicas y las valoraciones ya escritas de antemano. Eso independientemente de cómo juegues luego, esto es, de que lo que digas resulte brillante, significante o relevante. Será lo de menos.

Eso es dar una nota y que te monten la orquesta, y así tenemos lo que llamamos una campaña orquestada. No es el mensaje el que obtiene repercusión, sino que la repercusión es el mensaje. Si pones un tweet ingenioso te retuitearán más o menos según crean que lo mereces, pero si ya cuentas con 10, 100 o 1.000 “solidarios” que indefectiblemente te van a retuitear, pues serás influyente a la escala que corresponda, aunque sueltes una soplapollez.

Entonces no es casualidad –qué nos hemos creído- que el aguilucho cenizo de pronto haya emprendido el vuelo y todo el mundo se haya enterado de cómo bate sus alas. Es que ya estaba todo organizado, la sutil rapaz había avisado dónde y cuándo se iba a echar a volar, y los ornitólogos y naturalistas que observan y difunden sobre los pájaros de la actualidad política ya tenían montado todo el arsenal de cámaras, prismáticos y hasta gafas de sol. Y sí, también le habían dispuesto la carnaza, para que sólo tuviera que llegar, ver y consumar la caza.

Una campaña orquestada está siempre bien preparada, sin margen a la improvisación. Debidamente calculados los tiempos, los escenarios, los mensajes y el tono de los mismos. Pero sobre todo, los amplificadores de sonido –de ruido, mejor habría que decir- oportunamente dispuestos y orientados, para que la música suene como se ha previsto que debe sonar, subiendo o bajando la frecuencia donde conviene, los graves y los agudos perfectamente ecualizados, que aquí se escuche más el metal o allá la fanfarria. Todo al fin para que la melodía –esto es, la noticia– no sea otra que la que se quiere que sea. Es decir, la que tiene que ser y sin que quepa la menor duda.

No es cierto que cualquiera no pueda orquestar su campaña, lo que pasa es que no a cualquier nivel. Cada uno, en su mundo, puede organizarse –contando con “fieles aliados”- su pequeña jornada de gloria, basta por ejemplo con estar en un bar y decir algo que sabes inequívocamente que uno de los que están presentes lo va a soltar, tal cual, cinco minutos después en el bar de enfrente delante de quien justamente tú quieres que se entere. O, siendo muy malvados, crear un bulo en torno a alguien y contárselo, supuestamente en privado, uno por uno a varios que presumes que van a conseguir que en cuestión de días se entere todo el mundo. Pero alcanzar una dimensión nacional es otra cosa y, lógicamente, está al alcance de muy pocos. ¿Cuestión de carisma, prestigio, talento…? No, más bien de saber concitar a varios –tampoco hace falta muchos- con buena capacidad de influencia en sectores concretos. Y sobre todo que, por una razón u otra, compartan los mismos o muy parecidos intereses. Pues eso… Orquesta y cierra España.

Orquesta y cierra España, Club Siglo XXI

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