Noticias, pre-noticias y sus pregoneros

Noticias, prenoticias y pregoneros (gracias por visitar la página)Cuando tenemos buenas noticias, o algo importante que contar, estamos deseando encontrarnos con alguien, con ese amigo o con esa persona especial que queremos que se entere. Como en el viejo chiste de Manolo, camarero, que recala náufrago en una isla desierta con Claudia Schiffer, modelo… (y quien no se lo sepa pues ya se lo cuento en otro sitio). Porque frustra mucho no poder o no tener a quién contarle algo bueno.

Lo mismo le sucede a cualquier figura pública, atienda a persona, empresa o institución. Cuando no son tiempos lindos para dar la cara, la tendencia generalizada es rehuir cualquier comparecencia o declaración, a veces amparándose en políticas corporativas, en pautas de comportamiento o en cualquier coartada más o menos formal. Pero que saltan por los aires en cuanto cambia el viento, brilla el sol y aparecen los motivos y las ganas de salir a la palestra.

Esto lo vemos en cualquier actividad, no hace falta hilar fino. Por ejemplo el futbolista que durante meses “pasa” de los periodistas, declina toda solicitud de entrevista o declaración y, llegado cierto día, no tiene ni que convocar a la prensa, ya cuando se le ve salir por la puerta del vestuario se le nota en la cara que quiere decir algo. Y claro, todos acuden prestos a su no declarada pero entusiasta llamada. Así hizo Cristiano Ronaldo cuando deseaba expresar su tristeza en el Real Madrid, o el otro día Higuaín cuando le convino transmitir su deseo de salida del club. Yendo a otras esferas digamos más altas, cuando se conocía el pésimo dato de los seis millones de parados en este país, el Gobierno hizo mutis y la ministra del ramo tardó cinco días en asomar la cabeza; ahora, cuando ha tocado anunciar una cifra piadosa y puntualmente positiva, hasta se han adelantado a dar la noticia el día antes.

Así se generan las pre-noticias. Unas veces suceden porque, de evidentes, no hay quien pueda pararlas por mucho que se empeñen y al final sobrevienen, terminan cayendo por su propio peso, entonces es cuando llegan los cofrades del “como ya adelantábamos ayer, el mes pasado o hace un año”. Pero en muchas otras ocasiones es el propio interesado el que las deja caer, bien porque está seguro del efecto positivo que tendrá sobre sus intereses o su reputación, bien porque le devora la ansiedad por ser él y no otro el que traiga la buena nueva.

Ciertamente, a las buenas noticias les sobran pregoneros. Y hasta hay tortas por salir a cantarlas. Cuántas veces no habremos asistido a tales conflictos, y al final casi siempre terminan imponiéndose las jerarquías. Esto es como en las empresas: cuando con un empleado hay que tratar un asunto incómodo, por ejemplo decirle que lo de su subida de sueldo va ser que ni hablar, pues ya está para eso su jefe de departamento; si de lo que se trata es de comunicarle el esperado ascenso, pues audiencia en el despacho del director general. En cierta época de la historia de España, a los ministros se les nombraba pomposamente pero luego se les cesaba enviándoles un motorista a casa con la carta. Años después, una gran firma multinacional recurrió a esa misma práctica para cancelar los servicios de su agencia de Comunicación. Me consta y doy fe, pero Franco ya no vivía.

Qué decir con las organizaciones y sus noticias. Si lo que hay que anunciar es un mal trago o algo que se sabe a ciencia cierta que va a escocer, pues casi hay que hacer una ruleta rusa para que ver quién sale a decirlo. O mejor, se limitan a redactar un comunicado, y además ya ni siquiera hace falta enviarlo proactivamente. Se deja en la web y quien pase por ahí ya se enterará, como el niño que deja las notas encima del mueble, donde se vean lo menos posible. ¿Se acuerdan de aquel recorte de 10.000 millones en Sanidad y Educación que anunció el Ejecutivo hace algo más de un año? Colgaron la nota de prensa como quien la deja encima del piano.

Sin embargo, si se trata de dar a conocer una importantísima inversión, un fichaje galáctico, una boda de alto vuelo o un dato “tremendamente positivo”, al gran jefe no hay quien lo pare. Y ahí ponen a funcionar toda la maquinaria y toda la logística para darle al anuncio toda la categoría y los fastos que se merece. Se invita a todo el mundo y que no falte de nada, hasta banda de música si es necesario. Para una vez que pueden sacar pecho y no que se lo hundan… Luego hay veces que les sale el tiro por la culata, pero ese ya es otro asunto.

Lo recomendable, lo que sugieren los manuales de buenas prácticas y los que procuran inculcarlas, sería mantener siempre una línea coherente, en las buenas y en las malas. Que la figura pública en cuestión sea poseedora de un estilo propio que le haga reconocible en cualquier situación. Ello atañe a las tácticas y canales de comunicación de que se valga, a la accesibilidad que se mantenga con los medios y en definitiva con su audiencia, a la selección de los portavoces en función de los escenarios… Y, por supuesto, al discurso. Grave o eufórico, indignado o satisfecho, que su derecho tiene a sentirse como sea según la situación, el que comunica sigue siendo el mismo y como tal ha de mostrarse. Pero ya sabemos lo difícil que es controlar las emociones, y no digamos ya los egos.

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