España, mudanza imposible… ¿o no?

España vacía La mudanza estaba en marcha. Ya nos habían entregado la caja de 1,75 metros cúbicos de capacidad que nos habían adjudicado a todos y cada uno para salvar nuestras pertenencias, esto es, lo que decidiéramos llevarnos con nosotros. Lo demás, lo que no que no cupiera, habríamos de dejarlo irremediablemente atrás. No había sido cuestión sencilla determinar el tamaño de los receptáculos. Cataluña, Madrid y Baleares pretendían decretar por su cuenta que fuera de dos metros cúbicos, cuando la idea inicial del Gobierno era asignar 1,5 m3 de equipaje a cada español. Al final hubo acuerdo de mínimos y se estableció el tamaño intermedio para todos los ciudadanos del Estado.

Nos marchábamos, dejábamos el territorio en el que España nació y vivió a lo largo de siete siglos como nación soberana. Se había vuelto insostenible, ya no podíamos mantener aquel ritmo de vida y mucho menos el precio al que se había puesto todo este suelo. Sí, puede decirse un desahucio pactado con las instituciones europeas, el FMI y los mercados financieros. Nos acomodaban en un territorio nuevo, incluso unos metros cuadrados más extenso porque era más barato al fin. Aunque más inhóspito, de clima menos bonancible y peor ubicado en términos de influencia geoestratégica, eso también es verdad. Pero no nos quedaba otra salida. Allí construiríamos nuestro nuevo país.

Por supuesto que el reparto territorial entre las comunidades autónomas dio qué hablar y no fue una cuestión fácil de resolver. Al final, en términos de proporción, todas iban a quedar más o menos como estaban. Lo que sí iba a cambiar radicalmente, hasta el extremo de lo chocante, era la disposición. El nuevo territorio al que íbamos no estaba totalmente rodeado de mar, sino sólo bañado por el Sur y por el Oeste, y claro, las comunidades que siempre tuvieron litoral ni por asomo querían renunciar a él. Aparte el paisaje y el hecho cultural, las industrias naval o pesquera no podían reconvertirse así de golpe y por las buenas. Entonces Andalucía seguiría al Sur, pero ahora iba a tener de vecinos a Euskadi por el Norte, con Navarra pegada por encima, y a Galicia por el Oeste. Asturias y Cantabria iban a ver sensiblemente mermada su longitud costera, apenas les quedaría asomarse. Y en cuanto a Murcia, Comunidad Valenciana y Cataluña, simplemente iban a quedar igual pero al revés, esto es, justo al Oeste. Nuestras nuevas provincias del Norte iban a ser León, Burgos, Logroño y Huesca. Por lo que respecta a Baleares y Canarias, compartirían una única y gran isla a más de 3.500 kilómetros. Cuestión de acostumbrarse.

Ni que decir tiene, y dadas las exigencias logísticas de la descomunal operación de transporte, que nadie iba a poder trasladarse al nuevo destino con sus vehículos ni con cualquier pertenencia que sobrepasase las dimensiones establecidas. Qué decir de las viviendas, chalets, apartamentos… Todos esos enseres e inmuebles se quedarían aquí junto con todo lo de nuestras ciudades: edificios, catedrales y demás monumentos, castillos, puentes romanos, calzadas y carreteras. Como las estepas, montañas, nuestros bosques mediterráneos y nuestra fauna ibérica. Todo a disposición y a los designios de los nuevos moradores de la Piel de Toro que ya no sería nuestra. Sí se fijarían indemnizaciones graduales y por escalas para los propietarios de todos esos bienes a los que la gente tuviera que renunciar, pero eso iba a ser otro “escorial” administrativo, y además ya se barruntaba que la mayoría de esos pagos tendrían que realizarse en diferido. Los recuerdos, las emociones, cada uno podríamos elegir si llevárnoslos o no. Sin recargo alguno.

Nos íbamos, no hace falta decirlo, con una mano por delante y la otra por detrás. Pero los mensajes de nuestros gobernantes derrochaban optimismo. Un trance difícil, sacrificado, traumático si se nos apura, pero absolutamente necesario para la futura prosperidad del país. Había que transmitir ilusión, y ya que el presidente sólo comparecía en holograma, el ministro de Economía se esforzaba por extender su mensaje entre los que se habían caído, los que se caerían o los que ya iban cayendo: estábamos ante un hito que sentaría un antes y un después en la Historia de nuestro país, empezaríamos de cero para crear una nación modélica y moderna. Y todo lo más, en unos diez años a partir de este im-pres-cin-di-ble tránsito, los indicadores tenderían a una virtual estabilización y nuestra economía empezaría a vislumbrar una línea de decrecimiento sólo parcialmente negativo. Algunos escépticos, o tal vez es que eran un poco antipatriotas, no las tenían todas consigo. Porque de la deuda a 2.000 años que tendríamos que seguir pagando no nos decían nada. Y luego, algunas industrias sí podrían tener futuro en el nuevo territorio, no vamos a decir que no, con nuevos recursos naturales por explotar. Pero era evidente que otras lo iban a tener más que complicado, y una de ellas el Turismo. ¿Quién iba a venir a visitarnos a Marte?

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1 Comment

  1. 6.200.000 parados y no sale nadie del Gobierno a explicar nada…. ni a decir nada….. ni nada….. Y la Cospe en China haciendo migas con el Partido Popular de allí…… (que sea Comunista es pura coincidencia de mal pensados)….. y Rajoy metido en el plasma dándole al standby como loco……. y la gente preocupadísima por Alemania….. ¿¿¿Por la economía???? No, no…. por el fantástico 4 a 0 del Barsa y el terrible y doliente 4 a 1 del Borusia al Madrid….. (lo mismo al revés si vives en Catalunya….)……
    CUANDO EMPIECE LA REVOLUCIÓN ME AVISAIS QUE YO YA ME HE BAJADO DEL TREN ESPAÑA……

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