Amor en A y en B (una por San Valentín)

Rocas besándoseHoy te…+ que ayer y – que mañana… los puntos suspensivos en origen fueron la primera conjugación del verbo amar, luego a sustituir por otros, de regalar a celebrar, de cortejar a cumplir, y llamar, quedar, salir, conocer, convivir, comprender, aguantar, llevar, contemporizar… el negocio de San Valentín fue engordando y el calendario consolidó el 14-F sin el que no pueden vivir las floristerías, las tiendas de regalos más o menos convencionales o más o menos atrevidos, los restaurantes nocturnos con velas de aromas afrodisíacos. Todo al servicio del acto, que en según qué casos y familias al final derivó en “aquí tienes este sobre cariño, y cómprate lo que quieras”.

El único presente físico que recibí por este santo ahí permanece olvidado en el mismo cajón del que hace años que no sale, el único regalo intangible e indescifrable que me hicieron tal día sigue alojado en un insospechado lugar de mí. El amor en negro existe y a veces es más real que el amor en besos y caricias corrientes, este a veces languidece y se adocena, el otro siempre conserva la misma frescura y textura, aunque oficialmente quien más y quien menos se niegue a reconocerlo, yo a veces también.

“Toma el amor y corre”, hubiera sido el título de la película, no se trata de guardarlo bajo llave sino de llevártelo lejos y que no te descubran, al final ni tú mismo sabrás dónde lo escondiste, y da igual porque sabes que existe. Un maletín al final es un objeto que traes de acá para allá, por repleto que esté; el regusto de un beso de licor dulce queda vagando por tus venas y el perfume de aquel minuto flotando en el aire que respiras allá donde estés.

Que nadie se haga el legal, todos hemos dado y recibido amor en A y en B. Y no hemos denunciado, ni hemos protestado, mucho menos lo hemos rechazado. Luego tus ahorros reflejan el que se ha declarado, con sus correspondientes tributos y contrapartidas; el otro mejor gastárselo hasta el último suspiro, que no deje rastro, fue lo que se disfrutó y hasta ahí llegó. Que puede haber sido absolutamente intenso o nimio, ya sabemos que sobres los hay opulentos y ciertamente escuetos. A veces no fue más que una mirada furtivamente cruzada en una puerta giratoria, y desde ese momento supiste que ese segundo sería irrepetible y para toda la vida. Blanquearla nunca hubiera sido un buen negocio.

El amor es muchas cosas, se puede vivir y entender en miles de formas, pero uno de sus componentes más fuertes, mágicos y arrolladores es la sorpresa. Cuántos hechos, actos, giros de cabeza impensados han cambiado vidas. O no, pero la memoria no los ha guardado en el baúl de la indiferencia, al fin y al cabo el subconsciente elige lo que lo que guarda y dónde. Y allá existen libros  clandestinos en los que se reflejan nuestras cuentas, cuentos, cobros y gastos prohibidos.

Justamente hoy celebran el día del amor predecible, esperado, sin sobresaltos. Todo perfectamente organizado, hay quien meticulosamente, o simplemente porque algo habrá que hacer. Las tesorerías ya son departamentos financieros en los que todo está aparentemente estipulado y bien auditado. Poca esperanza para el irreductible romántico, apenas algún antro o rancio cuchitril donde tal vez todavía quede quien reparta discretos sobres con amor negro.

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