Viaje de prensa a Zúrich

Viaje Prensa ZúrichHoy 24 de enero, ¿sabéis lo que se celebra? Bueno, pues vaya esta historieta como un pequeño regalo. Sólo he estado una vez en Suiza, un día y dos noches. La primera de ellas, en Zúrich para más señas, recuerdo en la calle a un extranjero –esto es, ni suizo ni español- que hablaba por el móvil con un se supone amigo y le preguntaba desesperado: “pero llévame a un sitio donde pase algo”.

Claro, es un país muy tranquilo. Ideal para organizar un viaje de prensa –ese era el caso- en el que llevas a unos quince periodistas, viajas con el grupo principal desde Madrid y luego te quedas en ese maravilloso aeropuerto –eso lo que descubrimos realmente unos años después Aeropuerto de Zúrich, diciembre 2011– a esperar a otro grupo que viene desde Barcelona, llegados al cercano hotel nos recibe una pelea entre taxistas –a puño limpio, no se crean. No pasa nada…

Y ya todos juntos nos vamos a cenar. Bueno, a intentarlo. Haga usted de guía –en una ciudad que no conoces- de un grupo de hambrientos periodistas y algún hambriento directivo  –y tú también lo estás- que a las 21.30h de un miércoles de septiembre esperan que lleves a un buen sitio para cenar… y que esté abierto. Dimos con una céntrica calle de restaurantes, cierto es, pero era una decepción tras otra. Hasta que encontramos uno mexicano con las luces encendidas, al abordaje entramos, los camareros nos dicen que no, que están cerrando, pero nos salva el dueño que oportunamente sale y nos dice que por supuesto, lo que queramos, no ha debido ir el día muy allá y no va a perderse el negocio. No hace falta que relate detalles de la mala h… de los empleados. Pero al fin y al cabo, seguía sin pasar nada.

El evento en cuestión para el que organizábamos el viaje se celebraba en Basilea, en autobús al Congress Center Bassel y de vuelta a la tarde noche. Por cierto, esos días se celebraban los JJ OO de Sidney, en los que se diera a conocer el famoso tenista que había nacido en esta ciudad, pero nosotros ni idea por entonces. Es más, dicen que en ese trance conoció a la que hoy es su mujer, que se ve que pasa tan poco en este país que para que un suizo y una suiza se conozcan tienen que irse hasta Australia, ya ven. Por lo demás, sin mayor novedad.

Bueno, el caso es que la última noche en Zúrich, y encima jueves, la gente joven de nuestro grupo de periodistas no iba a privarse de una noche de marcha. Y a buscarla fuimos. Horas después, eminentemente frustrados –en el único sitio aparente que encontramos sólo dejaban entrar a las chicas- alguien preguntó y le apuntaron un nombre con una dirección. Sin encomendarnos a nadie más, ahí tomamos dos taxis. Después de un trayecto interminable, indescifrable y hasta siniestro, allí estábamos, en el Super Market. Punkies, Skin Heads, cadenas, disfraces militares… un fiestón. Compramos la entrada con derecho a consumición y, antes de llegar a la barra, una querida compañera y yo nos tuvimos que dar la vuelta. Había sido entrar y a la pobre le habían abierto el bolso, le habían sustraído la cartera con el dinero, las tarjetas… y el pasaporte. Precisión suiza se llama eso. “Quedaros y disfrutad, que ella (si quiere diré el nombre) y yo nos tenemos que ir”.

Volábamos a la mañana siguiente, así que en la comisaría, a eso de las dos, nos sugieren que vayamos temprano al aeropuerto –cierra de noche y abría creo recordar que a las seis- para que nos confirmaran si el papelito que le habían dado como sucedáneo del pasaporte le serviría para volver a Madrid. Porque si no, tendríamos que ir a la Embajada española, que está… en Berna, a unos 200 km. Así que, como la carencia de alternativas clarifica las ideas, caminito de vuelta al hotel, hacer las maletas, una ducha rápida y directos al Zurich flughafen.

Sin más incidentes, a eso de la una del medio día todo el grupo aterrizábamos en Madrid, los que se quedaron en el Super Market se lo habían pasado de vicio y ciertamente casi ninguno de los que habíamos salido aquella noche habíamos pegado ojo, aunque fuera por motivos muy distintos. Ah y creo que alguno –el directivo, querido amigo también- se pensó lo que no era cuando le llamé para que se encargara del chek out del resto de grupo en el hotel, ya que yo estaba con otra persona y no allí para ese trámite, según se lo fui explicando ya lo entendió, supongo. A las seis de la tarde, todavía en la oficina, llama uno de los periodistas del grupo, entrañable también, este de los que sí habían dormido: “¿Pero tú qué haces todavía ahí”?. Reconozco que ahí me entró el bajón. Menos mal que nunca pasaba nada.

No participó en aquella aventura, era muy joven, una querida persona de mi equipo entonces (si ella quiere diré el nombre también), que años después, ya como redactora de una revista, tomaría parte en otro viaje de prensa a Zúrich, del que luego tuve noticias. Que yo sepa allí sigue, tuvo un hijo y la supongo feliz. Algo debió pasar también…

Así que tomad nota amigos, en Suiza nunca pasa nada… pero MUCHO CUIDADO con los viajes de prensa a Zúrich.

¡Felicidades, periodistas!

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