Siria, una foto terrorífica

Foto Efe

Esta foto de la Agencia Efe recoge un momento del encuentro que el pasado domingo mantuvieron el presidente de Siria, Bashar Al-Assad, y el representante de la ONU en este país, el argelino Lakhdar Brahimi. Los gabinetes de Comunicación, los asesores de imagen y muchas veces los propios interesados, ponen por lo general mucho cuidado en las imágenes que ilustran las noticias de las que de una u otra forma son protagonistas. No es de recibo, por ejemplo, que una empresa anuncie despidos y la información publicada muestre a su director general sonriente, o abriendo la puertezuela de su Ferrari.

Por lo general, los profesionales de los medios de comunicación sensatos se preocupan, cuando carecen de imágenes recogidas en vivo y tienen que recurrir al archivo fotográfico, de seleccionar aquellas en las que el personaje aparezca con gestos y actitudes que mantengan una coherencia con el hecho del que se informa. Por ejemplo, tengo grabado que cuando se anunció que Severiano Ballesteros padecía un tumor cerebral. La imagen que dieron la mayoría de los diarios y las web fue una en la que se le veía con un semblante gravísimo y una mirada profundamente triste. Correspondía a unos meses antes, concretamente a la rueda de prensa en la que había anunciado su retirada definitiva del golf. Pero estaba tan bien escogida que parecía que él mismo nos estaba diciendo lo que tenía.

Luego está la intencionalidad política o de otra índole. Los medios de una cierta tendencia bien se preocupan de sacar al adversario en las poses más peyorativas y hasta ridículas posibles. Un maestro en esta práctica era Luis María Anson, que personalmente elegía los elementos gráficos de las informaciones principales, especialmente para las portadas de su querido ABC. Y luego, en una categoría superior –inferior en cuanto a ética profesional- está la mala baba, el trucaje, el retoque o la omisión del contexto, gran confundidor y manipulador de audiencias.

La que traemos hoy fue sacada en directo para la ocasión. Corresponde al posado de ambos dirigentes antes o después de su reunión. Y el efecto es devastador. Que el presidente sirio aparezca en actitud complaciente, sabedor el mundo de la masacre a la que está sometiendo a los ciudadanos de su país, indigna pero reconozcamos que tampoco sorprende. Pero que el representante del organismo que todo el mundo supone mediador, del que se espera una seria preocupación por la situación desencadenada en Siria, voluntad firme de parar el sangriento conflicto, enérgico reproche al dictador que está sometiendo cruelmente a su pueblo… que veamos a ese señor literalmente despelotándose de risa ante la pretendida gracia de su vil interlocutor… Es, desde luego, para perder toda la confianza no ya en él, sino en la institución a la que representa, que no es otra que la que supuestamente vela por la paz y el orden mundial. Y cuya credibilidad, por otro lado, ya viene bastante lastrada de por sí.

Vale que los instantes son traicioneros, que a veces detienen la realidad donde no se espera y dan la sensación de lo que no es. Vale que la diplomacia tiene sus especiales modos, que se justifican en el fondo pero a veces difícilmente se entienden en la forma. Pero hay que cuidar todos los detalles y todos los ángulos, fundamentalmente cuando los escenarios son críticos. Y la imagen, vista como la vemos ahora, es de todo punto terrorífica.

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