¿Malos tiempos para la Comunicación o para las Marisquerías?

Marisquería Casa Rafa, MadridEl pasado martes escribíamos sobre el mensaje y apuntábamos algo sobre su valor. Pero es verdad que ciertos activos andan hoy un tanto depreciados. Los que vivimos en este lado oscuro de la Comunicación, o al menos algunos o muchos que nos preciamos de ello, nos preocupamos de que lo que transmitimos –lo que transmiten nuestros clientes- tenga contenido, o como decíamos, bicho dentro del caparazón. Que el material que generemos –discurso, artículo, declaración…- diga algo interesante para la audiencia. Cierto que veces tendremos una ostra de Arcade, otras un mejillón y a veces hemos de intentar sacarle gusto a una chirla. Pero al menos procuramos no despachar nunca algo vacío y sin sustancia

Sin embargo, uno de los problemas con los que nos enfrentamos es la información que el público se está acostumbrando a consumir. O mejor dicho, la que le están acostumbrado. Cuidado que hay excepciones, y me gustaría pensar que no pocas. Pero cuando comunicamos a través de los medios, para que nuestro mensaje llegue a la audiencia tiene que usar un canal, tiene que cruzar una carretera, un puente, un túnel… y si nos los encontramos obstruidos, inundados o simplemente cerrados a según qué tráfico, nuestra misión se torna muy difícil. A veces imposible.

El primer obstáculo es que los medios no tienen medios. Hoy sobreviven en absoluto precario. No hay espacio, no hay papel, y lo que es peor de todo, no hay gente que sea capaz de cubrir todos los temas de actualidad. Por poner ejemplo, en determinado sector que conozco, en este momento se están convocando en Madrid casi más ruedas de prensa que periodistas hay para asistir a ellas. No digamos ya las notas de prensa que emiten las empresas. Ahí están rebosando las bandejas de entrada.

La segunda barrera tiene que ver también con la estrechez del terreno hábil para la información, pero también con los criterios de selección. No cabe todo, o mejor dicho, caben muy pocas cosas. Pero cuando se trata de determinados temas, digamos especializados, que el redactor especialista convenza a ese redactor jefe, subdirector o adjunto a la dirección de que su noticia es ganadora, se torna un desafío. Más si uno no va de parte de una empresa de renombre. Entonces nuestro mensaje tiene muchas posibilidades de quedarse varado en una orilla solitaria.Mensaje en una botella varada

Cuántas veces el periodista nos ha “comprado” una información bonita y redonda, hasta sabemos que la ha elaborado, contrastado, redactado… y nunca se publicó porque su jefe no la entendió o simplemente no la vio. O le había dado cuatro columnas en el planillo a mediodía, a media tarde llegó la firma mediática del momento, o llegó simplemente la empresa que se anuncia, y nuestra cobertura se quedó en un breve, si llegó a eso. Esto siempre ha sucedido, es uno de los factores con los que se juega. El problema es habiendo menos comensales, la carta se hace más exigua y no sale de sota, caballo o rey. No es culpa de esas compañías que copan las especialidades de la casa. Es que quien va al mercado suele ser distinto de quien hace la compra, y a veces carece de la amplitud de miras, o ni siquiera tiene tiempo para ello, para valorar a quien a veces le viene con exquisito caviar a precio digno que poner con letras grandes en el menú. Si se atreven.

Porque aquí entramos en la tercera fase. Por las circunstancias que vivimos hoy en este país y los modus operandi que rigen hoy en no pocos medios de comunicación, lo que generalmente interesa –fundamentalmente a los que mandan en esos medios- es difundir información muy dirigida, que adoctrine a su audiencia fiel, y cuando no, moluscos vacíos, a veces incluso cerrados, que son los peores porque cuando se abren huelen fatal. Y si se los comen, lo que pasa es que hay especies que envenenan sin que la gente se entere. Sí, la buena información está hoy a precio de percebes, y sus intermediarios no se atreven a comprarla, les da reparo, cuando no les da asco. Puede que haya público dispuesto a consumirla, pero prefieren no dársela por si acaso.

¿Malos tiempos pues para la Comunicación o para las marisquerías? Pues en ambos casos, o al menos puedo hablar de uno, no hay que arredrarse, sobre todo si sabes y estás convencido de su valor y de lo que aún en estos tiempos eres capaz de ofrecer a los clientes. Simplemente, en estas situaciones, hay que esforzarse en ser muy bueno, todavía mejor Sonrisa.

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