Las Gotas de Flandes VI: Azul del Norte y Vapores de Brujas

5. Ostende, playa con bicho14. Brujas, Grote Markt

Os tendería una trampa maliciosa si os enseñara la foto y os preguntara si esto es Benidorm o Marbella. Mejor os tendré bien informados de adónde vamos hoy. Eric el del pendiente me cae cada vez mejor, yo le cuento mi plan, me pongo en sus manos y que proceda, que es por mí, no por él. Como es sábado, hoy lo que nos conviene no es el somotika, mejor acogerse a la wikentika, esto es, el Weekend Ticket. Y me lo da todo hecho, un billete de ida y vuelta de Amberes a Brujas, y otro de ida y vuelta de Brujas a Ostende, todo por 21 euros, bastante menos de lo que había calculado. Aunque mi destino inicial será la ciudad costera y de vuelta nos bajaremos en la tan recurrentemente mal llamada Venecia del Norte, esta como todas las demás venecias del norte que la gente se inventa. Es nuestra excursión por Flandes Occidental, la más larga y por tanto podemos decir que la etapa reina de este Tour flamenco.

Avisemos que el calor que hace hoy es de soltarse y no agarrarse, más que gotas van a correr chorros, el tren va empetado de gente –sobre todo de jóvenes- que buscan su día de playa, muchas no hay en Bélgica pero les quedan a una hora y tres cuartos y no os tendré que decir dónde está la más grande. Por el camino volveremos a ver las torres de Gante, cruzaremos todo ese campo rico, verde y arbolado que en realidad hemos visto en tantos cuadros de muchos sitios, sin ir más lejos del Museo del Prado. Y aprenderemos, nunca está demás, quién es considerado el belga más importante de la historia, curioso dato, y ya os tenderé alguna pista. Nada más llegar te ciega esa luz que desde luego, con la que hace, parece más mediterránea que de estas latitudes. Y te resulta casi familiar tanta casa y edificio blancos como de cal, lo que pasa es que apenas has andado unos metros desde la estación y te topas con una académica y bien armada catedral –la quinta si voy contando bien- para que te enteres bien de dónde estás. Leí que Oostende (no me sobra una “o”, así se escribe en neerlandés) pasa por ser la más británica de las ciudades de este país, pues yo les digo que un cuerno, a mí me recuerda más a los emporios turísticos de Levante cuando los conocí de pequeño. Los bares con terraza se llaman St Malo, St Tropez, Niza… y aquí sí que se comen mejillones a destajo, pero yo esa asignatura la tengo aprobada desde ayer.

11. Ostende, desde la estaciónQué distinto este Mar del Norte del que conocemos de otras veces, más arriba. El que se apareciera gris amenazante, vigoroso y cortaba de frío apenas tentarlo con los pies, hoy se deja ver intensamente azul y plácido, el agua viene como en cualquier playa del Norte de España en un verano caluroso, no más, tampoco menos. Os tendré que reconocer que me sabe a poco el baño, pero tampoco era cuestión de alargar el momento, que preferí no dejar la mochila en la taquilla, y se la he confiado a una pareja –Justine y Enzo (1)- que están muy ocupados con sus arrumacos y mucha atención no creo que le presten. Claro que aquí uno puede estar bastante tranquilo con esas cosas, pero nunca se sabe. Cumpliendo estrictamente con el programa, sabía que por aquí habría puestos de pescado, así que ese arenque crudo con cebollita picada –placer de dioses que descubrí en Volendam, en mi primer viaje a Holanda– no hay gobierno que me lo quite, por cierto vamos a recordar que este país vivió año y medio sin eso y fue tan feliz. Lo que no usan aquí es el pan para comerlo en modo bocadillo, así que hay que zamparse el pez con tenedor de plástico o si se prefiere al estilo gaviota.

Cuando ya enfilamos de vuelta a la estación vienen a ser las tres de la tarde, la que cae es de justicia y los efectos reparadores de aquel baño son historia. Ahora el que rige es el otro billete, son apenas 15 minutos a Brugge, que en neerlandés significa puentes y haberlos haylos y muchos. Pero entiendo que los cachondos españoles que vinieron por aquí decidieron llamarla a su manera, que sinceramente no sé si haylas, pues supongo que como en todos los sitios. Entonces, ¿lo mismo hicieron con esta gente, que en su lengua se llaman Vlaams, pronúnciese flams? Pues supongo que lo mismo, que guitarras y peinetas pocas encontrarían por aquí. No sé si bruja, flamenca o aparición será Laura Van Pettegem (1), que sirve y va y viene con su bandeja en una terraza de una plaza bien apretada también; luego pasas por una de esas tiendas Godiva en las que venden oro claro y oscuro, no otra cosa, se te saltan las lágrimas cuando sorprendes a la confitera mientras lo derrama derretido sobre unas fresas como corazones y te mira cómplice como si estuviera perpetrando un pecado verdadero y bien lo supiera. El calor me está afectando, bueno, hablemos un poco de la ciudad.

23. Brujas, Minne-Water ParkPuede decirse que el destino la eligió para ser rica y próspera de por vida. Ya la entrada desde la estación, por Minnewater Park y ese palacio sobre el Lago del Amor son para que se te pase todo. Es la segunda vez que venimos por aquí, la otra también fue sábado, aquella con hilarante resaca, esta con tórrida devoción. Desde luego no son calles para andar deprisa, pero es que tampoco se podría entre la asfixia y la marabunta de turistas que diluye, una pena pero es así, el ambiente medieval que aquí se respira, bueno, cuando la atmósfera te deja respirar. Razón esta última, el turismo, por la que no siempre se acertará con el sitio donde parar a ventilarse un poco, es que habrá de todo. No será el paseo más original porque no estamos para experimentos, pero no hace falta inventarse muchos itinerarios para recrearse en Groote Markt (ya saben, Plaza Mayor) y Burg (Ayuntamiento), esas dos plazas que son como dos hermanas que se quieren pero rivalizan por vestirse con los edificios más imposibles. La de San Salvador será la sexta catedral que encontremos, pero la única en la que no podremos entrar, cerrada a estas horas. La que conocemos hoy es una Brujas vaporosa y densa pero siempre relajante con sus postales en vivo y sus canales fieles a los secretos, te la imaginas vacía y querrías jugar al escondite: si te encuentran bien y si no mejor. Queda servido el debate sobre si Gante o Brujas. Sin ánimo de parecer arrogan… aquella me recibió en mejor momen… pero a esta se le perdona cualquier sufrimien… Lo justo sería volver a las dos para dilucidar.

De Brujas dicen famosa la cerveza blanca –de trigo- pero realmente nos la tomaremos con todas las consecuencias ya de vuelta en el Bier Centraal de Amberes, apenas a la salida del hotel, que tiene más de 300 clases y del que ya estamos en trámites para hacernos socios. Nos parece mentira que ya sea la última noche, secaremos nuestras gotas de melancolía –es que se sigue sudando a borbotones a estas horas- visitando los rincones conocidos y preferidos, mañana les presento a Dorina Verlinden (2) que ahora ya es tarde, y en el Pelikaan se me queda Elena mirando como pasmada cuando intento despedirme de ella con unas palabras bonitas. Normal, si la que hablaba español era Marusia, es que ya no me aclaro.

(1) Nombres inventados todos.

(2) Nombre real, el apellido es ficticio.

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