La Vera Olímpica II: Pasamos de Cuartos

La Vera Olímpica II, Garganta de CuartosLa experiencia nos va demostrando que al segundo día se acumulan tareas pendientes, una es recuperar el sueño y la otra… es la otra. En estas nos disponemos a afrontar la segunda etapa, Valverde de la Vera – Jarandilla de la Vera, sobre 18,6 km. Esta va más en serio, no es que la primera fuera en broma, pero es que hoy tenemos más kilómetros, más perfil y previsiblemente más calor. La experiencia también te va enseñando que cada ruta tiene su historia y sus claves: en unas se trataba de subir y bajar una montaña cada día para pasar de un valle a otro; en otras, acometer una cordillera por el medio, de manera que hay días de gran subida y días de gran bajada; aquí las pendientes van más repartidas, pero la cuestión radica primordialmente en las gargantas. No, no es que necesitemos llevar pectolines en la mochila, es que esta tierra es como un repositorio de agua, aquí baja toda la nieve que ha caído en Gredos durante el invierno y da lugar a todo esta sinfonía de charcas, pozas, lagos, zonas pantanosas y, por supuesto, manantiales, riachuelos y ríos, que en esta zona han excavado hendiduras en el terreno, lo que llamamos gargantas o cañones, perdón por la obviedad para los que estudiaron Geografía y además se acuerdan. Pero esto significa que cuando te aproximas bajas, y ahí tienes que poner el palo largo, como apunta Solano Rampante; y cuando te alejas, subes a conciencia y toca esgrimir el palo corto, de acuerdo con la técnica de nuestro Campeón Mundial. Así, hoy nos va a tocar cruzar la garganta más profunda (con perdón) de toda el camino, la Garganta de Cuartos, además de una de las más espectaculares y emblemáticas.

Esto queda sobre el kilómetro 8, y hasta allí habremos caminado con ritmo y desparpajo alternando senderillos más o menos estrechos con pistas de piedra, de tierra batida y hormigón, atravesando dos pueblos nada desdeñables, Talaveruela de la Vera y Viandar de la Vera, este con su bonita sierra del mismo nombre dominando la escena a la derecha. Ya iniciado el descenso, suave en cualquier caso, en zonas por las que el arbolado se abre lindamos con cotos de caza, es domingo y se escucha secuencialmente el pum…pum… que, la verdad sea dicha, no transmite el mejor de los rollos. Además te acuerdas de Greg Lemmond y otros casos… no, si esto es caza menor, aquí no disparan a los burros creyendo que eran bisontes. Ya pero…

Menos mal que el espectáculo de Cuartos nos va a redimir, con su formidable puente romano y esa foto que no se la salta ni Isinbayeva. Cierto es que este año nevó menos y no baja tanta agua, algo que quienes conocen la zona vienen advirtiendo y que aquí se hace más patente. Pero bien empleada está la parada a reponer fuerzas, aunque la música de los chiringuitos no sea exactamente la más idónea para el momento y lugar. Ahora toca palo corto a discreción, la ascensión hasta Losar de la Vera es rigurosa, preferimos cumplirla por carretera, quizás menos pronunciada pero tal vez más recalentadora sobre ese asfalto que ya se va cargando de Sol. Arriba en el pueblo sí que pegará de lo lindo el Margarito, tocará buscar un sitio para refrescarse, extremo que la propia hoja de ruta tiene previsto. Lo que pasa es que esta vez ha abierto el bar pero no la piscina, de manera que Kekusco Domedici va a aprovechar para practicar un poco el lanzamiento de humo a la sombra y llamar para que le den una noticia sobre ransomware, que no es especialidad olímpica, en fin, ya explicaremos lo que es. Nos hidratamos mientras esperamos al socorrista, unos en las duchas, otros directamente en el vidrio. Pero cuando llega, es LA socorrista y todavía tiene que limpiar la pileta, así que nos quedaríamos de buena gana pero tenemos que seguir. Que queda etapa, todavía más de seis kilómetros y en hora punta. Por el calor, no por el tráfico, que por aquí no pasa ni el tato, de manera que la atlética y bien preparada vigilante será el último recuerdo de figura humana que permanezca en nuestra memoria durante un buen rato.

La Vera Olímpica II, Jarandilla desde el Hotel Juan de AustriaEste último tramo empieza frondoso hasta más o menos el Arroyo Matamoros, pero después se va pelando según pica para arriba, es posiblemente el primer paraje de montaña que afrontamos, y ese aire serrano el que nos da la vida por esos cerros a la intemperie. Cuando pasemos por la gran balsa para aviones forestales no es que nos refresque la escena, que no invita para nada a un hipotético chapuzón, pero por lo menos nos indica que la meta está cerca. Nos reciben restos de la despedida de Santi y Elsa, que ha debido ser sonada, y nos dan el primer toque humano, que al poco será un baño de masas. Jarandilla es pueblo populoso y dicharachero, de mucho turismo veraniego, terrazas, aperitivo en ebullición a estas horas y frondosa vegetación junto al palacio de los condes de Oropesa, que luego fue de los duques de Alba y hoy Parador, donde Carlos V apuró sus meses hasta que le acondicionaran el Monasterio de Yuste. Un año más llegamos justo para ver la salida de la F1, eh, pero si eso tampoco es olímpico. Pero es que el Gran Premio de Hungría se está convirtiendo ya en un clásico de los domingos de ruta.

Una rápida gestión antes del gazpacho y el bacalao, otra más prolongada después, y ya archivamos una de las tareas pendientes. La del sueño empezaremos a resolverla, preveo esta noche. Algún valiente se atreve a visitar el casco antiguo del pueblo a eso de las cuatro, y quedará bien horneado y al gratén para el resto de la tarde y de la noche. España le gana a China entre sudores, España palma con Honduras entre sofocos, lo único que llegará a arreglarnos el cuerpo es ese granizado de frambuesa de La Vera en la terraza de la Heladería Gredos. Llegado al hotel, en una habitación contigua otros se aviarán con soluciones menos sofisticadas. De todos los deportes que hemos visto y practicado hoy, la verdad no sé con cuál quedarme, pero lo que seguro es que la Olimpiá Verarera sigue adelante y hoy hemos pasado de cuartos.

Continuará. Ya verán como sí…

1 Comment

  1. Leo el camino con retraso. este año ha sido el que menos me ha gustado, seguramente por solo estar 4 días y por conocer bien La Vera, que realmente es preciosa para andarla, seguramente mejor en mayo o junio con más agua.
    La cosa es que las etapas han sido más fáciles de lo previsto (para que lo diga yo que soy el más flojo os podéis imaginar), que la dificultad ha sido más por la “suciedad” de los caminos (que no se han limpiado en invierno y están llenos de zarzas y maleza lo que facilita los incendios de este verano…. que también son de los recortes….) que por otra cosa y que no me ha dado la impresión de hacer un verdadero “camino”. Hemos pasado más tiempo en bares y comiendo y bebiendo que andando y descansando que es lo que a mi me atrae de esto.
    Sinceramente se echan de menos esas etapas más largas y difíciles, esos pueblos con albergue y sin nada más para descansar y relajarse y esa soledad del camino que hace que compartas buenos momentos con otros caminantes como Carlos el pasado año.
    Pero bueno, cuatro días de cervecitas, caminatas y baños en pozas veratas en buena compañía han venido bien para olvidarnos un poco de la triste realidad.

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