Armstrong en el lado oscuro

Lance-Armstrong-Reuters

 

 

Un Armstrong pisó el lado amable de la Luna, y anteanoche la mirábamos con un sentimiento especial, como muchos aquel 20 de julio ahora tan recordado; otro Armstrong ha pasado estos días a habitar en el lado oscuro del Ciclismo, cuya frontera, a decir verdad, siempre bordeó peligrosamente. Así como Neil siempre viviría rodeado de un aura de admiración, Lance no cosechó precisamente simpatías, la mía tampoco. Pero eso tampoco justifica el ensañamiento.

Cuando le vi por primera vez, ganando imponente una etapa del Tour’93 en Verdun, dije: “este tío ganará un día el Tour, qué clase tiene”. Ese mismo año se proclamó Campeón del Mundo en Oslo. Después sobrevino el cáncer, la superación, y en 1999 se coronó en París. Parecía que cerraba el círculo, pero lo que no me esperaba –ni casi nadie imaginaba, creo- es que iba a ganar siete consecutivos.  Con todo, nunca le consideraré el mejor ciclista de todos los tiempos, aún con más tours en su haber que nadie, entre otras cosas porque durante todos esos años sólo preparaba esta carrera y apenas disputaba ninguna más. Y si estaba tocado por algo más que los dioses, no se puede decir que era evidente, pero daba toda la pinta. Como la mayoría de los demás que compitieron con él, por otro lado. No en vano, su hegemonía de siete años vino en buena parte propiciada por la defenestración de no pocos de sus rivales, pillados, ellos sí, con las manos en la masa o con la sangre más oxigenada de la cuenta.

Pero si nadie fue capaz de demostrar entonces que el ciclista texano estuviera consumiendo sustancias dopantes, no tiene sentido hacerle pagar ahora, quitarle de un plumazo todo lo que ha ganado. Si aceptamos esa inquisición retroactiva, podemos entrar en una dinámica destructiva muy dolorosa. Si como ha hecho ahora la USADA, a alguna de estas entidades -que se autoproclaman defensoras del juego limpio y que en realidad se mueven por afán de protagonismo o por intereses particulares más que por otra cosa- le da por investigar por ejemplo lo que hizo o no, tomó o no Miguel Induráin hace 20 años, si después se van a por Eddy Merckx… Recuérdese que Bahamontes decía que se tomaba un carajillo para afrontar las grandes etapas de montaña. Pues eso ahora sería positivo por alcohol y cafeína. ¿Le quitamos el Tour del 59? Y si privamos a Lance de los ganados entre 1999 y 2005, ¿a quién se los damos, a Ullrich, a Beloki, Ivan Basso…? No se olvide que los tres padecieron suspensión en algún momento de sus carreras, y por cierto tampoco dieron, que recuerde, positivo en ningún control.

La cuestión es mucho más de fondo, pero a nadie le da la gana abordarla. Sin ir más lejos, vayamos a la primera semana de Vuelta a España que llevamos vista, el recital del sábado en la Collada de la Gallina, el otro día en Jaca, ayer en Barcelona; el miércoles tenemos una crono de 40 km, le siguen los tres finales en alto consecutivos en Asturias, que son de aúpa, más todas esas etapas propicias para la emboscada y el remate final en la Bola del Mundo. ¿Se creen que eso es normal, que se puede hacer con la gorra y un zumo, y a las medias de velocidad que se desarrollan en el ciclismo actual, como en el de hace diez y veinte años?

Lance ArmstrongPero es que a nadie le ha interesado establecer clara y meridianamente la diferencia. Sí, entre lo que es un tratamiento médico serio, con un seguimiento riguroso, para que el deportista rinda al máximo con salud, como defendía Sabino Padilla, preparador de Induráin y luego de Martín Fiz o Abel Antón, entre otros; y lo que es la chapuza carnicera, el corredor que se auto-medica, el curandero con la pócima mágica, el doctor iluminado que promete resultados espectaculares en mínimo tiempo, el traficante y los que se lucran a través de redes clandestinas en las que las sustancias se venden y se aplican sin el menor control ni seguridad ni garantía alguna de que el cuerpo va asimilar eso sin resentirse gravemente. Yo no puedo afirmar, honestamente no soy quién, cuál de estos dos modelos es el que ha guiado la carrera de Lance Armstrong y la de otros muchos ciclistas, aunque en el caso de algunos fue evidente. Pero ante la imposibilidad de uno y la no conveniencia para otros de regular esto, se decide hacer tabla rasa. Todo prohibido, no vale nada. O una veces sí, y otras no. O antes no se investigaba nada y ahora todo. Ah, y si tu orina o tu plasma dan algo raro, tienes que demostrar que eres inocente, no ellos que eres culpable.

Esto se hubiera podido solucionar, o al menos mitigar, si hace tiempo los ciclistas –como los atletas y otros colectivos afectados por estas lacras- se hubieran plantado y hecho valer. ¿Quieren espectáculo, que subamos el Angliru o Alpe D’Huez, que rodemos 200km durante tres semanas a 40 grados? Pues pongámonos de acuerdo, determinemos qué se puede y qué no se puede, actualicemos las reglas de dopaje y las listas de productos permitidos y prohibidos cada año ya que la ciencia avanza, exijamos médicos serios y erradiquemos la corrupción y el tráfico. Pero así, dejados de la mano, sin poder tomar ni un ventolín para el catarro ni una pomada para las hemorroides, ni hablar del asunto. “Así, vayan y corran ustedes”, podían haberles dicho a sus dirigentes.

Lo que pasa es que para eso tendrían primero que ponerse de acuerdo ellos mismos, unirse. Como los tenistas, los futbolistas, los baloncestistas, ¿qué me dicen de la NBA? En cambio, lo que desde tiempos inmemoriales ha presidido la relación entre los ciclistas –y también entre los aletas- ha sido siempre la desconfianza, la envidia y el recelo, el “ahí te jodas tú” y la felonía. Porque felones han sido en realidad los que han salido a hundir a Lance. Quién me iba a decir a mí que un día iba a salir a defenderle… Y mientras, los organizadores de carreras, la UCI y las federaciones nacionales, las agencias antidopaje, las entidades de justicia deportiva… viven del medraje, anteponen su protagonismo y su autoridad, y no tienen reparo en utilizar a los deportistas como arma arrojadiza en sus guerras sin cuartel. Esos deportistas, sí, son los principales perjudicados en su salud, en su profesión y en su imagen. Pero ellos son los primeros responsables de lo que les está pasando. Y entre todos, siguen dando pequeños pasos hacia el abismo y un fatídico salto mortal para el Deporte.

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4 Comments

  1. Todo el mundo sabe que Amstrong es un drogadicto y un tramposo de categoría superior que ha manejado y manipulado el ciclismo durante 10 años. Ha usado la técnicas más avanzadas, la logistica más refinada y las artes mas sucias para tapar toda la mierda que tiene encima. Le avisaban antes de todos los controles, silenciaron un positivo en su primer tour los señores del Tour de Francia que querían un americano ganando como fuera, le ha protegido la UCI y no sabemos cuantas veces le han pillado y se lo han callado…. con el tema del cáncer se ha forrado literalmente con su fundación…… es un impresentable de la cabeza a los pies….. y LOS ÚNICOS QUE TIENEN COJONES DE IR A POR EL SON SUS COMPATRIOTAS….. a mi un ciclista de Boston en el Hotel de Salt Lake city me lo puso a escurrir….. lo mínimo que le llamo fue yonki…… A este tío hay que quitarle todo lo que ha ganado y, sinceramente, unir su nombre a Indurain o Mercks es insultar a esos dos mostruos…… que este verano a Indurain le han hecho una prueba de esfuerzo y está mejor que muchos ciclistas que corren la vuelta…… El dopaje first clase llegó con Amstrong y lo tiene que pagar….

  2. ¡ Toma ya prepotencia y chulería made in U.S.A.!. ¡ Habían vencido a los paletos europeos!. Sí, pero, chupando del brasco carrasco, como cualquier mortal. Pero, como él es made in U.S.A. ,repito, chupando más y mejor.
    Se hace justicia.

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