Usain Bolt, no confundan la velocidad con lo demás

Usain Bolt, Efe“No hay que confundir el tocino con la velocidad”, reza el dicho. Hacía un mes y seis días, Yohan Blake le derrotaba en los trials de Jamaica y saltaban las alarmas. A Usain Bolt le iba a costar sangre y sudor revalidar su título de campeón olímpico. Surgía una “bestia” de correr menos fino, menos grácil, puro músculo y si se quiere más bien anacrónico, pero capaz de vencer al “relámpago”, firmando 9.75 y en progresión. Y encima era su amigo, entrenaban juntos, no se guardaban secretos. Y con el antecedente de la descalificación en los mundiales el año pasado. El duelo estaba servido, con todo su morbo aderezado con la presencia de un buen elenco de lobos ilustres, aunque todos relegados inevitablemente a un papel secundario. Todo y hasta más de lo que se le pide a una final olímpica de los 100 metros lisos, el momento central por excelencia de los Juegos.

Pero a la hora de la verdad, el trueno llegó después que el rayo. El aspirante firmó ayer la misma marca que entonces en Kingston. Bolt corrió 12 centésimas menos, un metro y medio, una inmensidad. Presionado como nunca, marcó 9.63, la segunda mejor marca de la historia, seis centésimas menos que en la asombrosa carrera de Pekín hace cuatro años, si bien en aquella entró saludando al tendido, dando a entender se su verdadero límite estaba bastante más allá, como demostró en Berlín un año después, estableciendo esos increíbles 9.58 que hoy siguen luciendo como record del mundo. No hay que confundir a Usain Bolt con los demás, todavía están lejos. Sí, fue la carrera más rápida de la historia, pero aún así uno ocupó una escena y los demás otra, incluida la Bestia. Es el primer hombre que revalida el oro olímpico sobre la pista en la prueba reina de la velocidad pura. Carl Lewis lo revalidó en los laboratorios de análisis, no se olvide.

No sabemos el margen de mejora de Blake en los próximos años, pero su inusitada corpulencia hacen difícil pensar en que pueda llegar a ser mucho más rápido. Quizás su verdadero potencial esté en distancias superiores. Tyson Gay es un excelente velocista, académico, intachable, que ha sido capaz de firmar unos 9.69, la misma marca de Bolt en Pekín, la cuarta de la historia en estos momentos. Pero le ha tocado convivir con ese monstruo, ahora con un segundo monstruo, y todo parece indicar que se retirará sin una medalla olímpica, tras su lesión hace cuatro años y su cuarto puesto de ayer. De Justin Gatlin, ¿qué quieren que les diga? Campeón olímpico en Atenas’2004 con 22 años, suspendido por doping un año después, desaparecido largo tiempo de la élite y ahora sorprendentemente retornado, a sus 30 tacos, firmando los mejores registros de su vida. Mientras no se demuestre nada, no quiero dudar de nadie, pero no puedo evitar comentarlo.

Pero Usain Bolt ha venido a enseñarnos además que no hay que confundir ser un campeón de la velocidad con mantener la educación y el buen rollo. Si repasamos la historia de los grandes velocistas, recordamos a verdaderos ogros dentro y fuera de la pista. Ben Johnson tenía la misma simpatía que una piedra; Carl Lewis siempre fue un petulante y prepotente, de hecho lo sigue siendo años después de retirarse; Maurice Green sí parecía buen tío, pero en la pista se transformaba en una fiera corrupia. Ayer vimos a Gatlin en ese mismo estilo barriobajero. Linford Crhistie, Montgomery, Donovan Bailey… parecía que en este gremio, ser bueno y ser o parecer buena gente eran incompatibles. Y no sólo Bolt, también el bueno de Asafa Powell y el actual Blake transmiten otra cosa, se trata al fin y al cabo de de correr más que nadie, no de odiar a todo el mundo.

Sirva como ejemplo el majestuoso detalle de Bolt ayer, terminada la carrera, ante las cámaras de TVE. La reportera a pie de pista consigue atraerle para sacarle unas palabras en directo. En ese momento se desarrollaba la ceremonia de entrega de medallas de los 400 femeninos. Preguntada la obviedad de turno, el jamaicano responde atentamente, y ante una nueva pregunta, le hace ver a la periodista que está empezando a sonar el himno de Estados Unidos y hay que ser respetuosos. Lo más normal, lo que hubiera hecho cualquier otro, es aprovechar para largarse y dar por concluida la entrevista. Pero no. El grande Bolt se queda ahí de pie, el realizador tuvo el acierto de retener el plano de la atónita profesional y el enorme campeón olímpico, juntos escuchando el himno. Cuando termina, ya continúan y terminan la entrevista como si fuera lo más normal del mundo. Un caballero, un crack. Ahí dejo la perla Usain Bolt ante las cámaras de TVE

4 Comments

  1. Totalmente de acuerdo….. un crack, un señor y va sobrado….. el 9,58 lo bate cuando haya un buen premio de por medio…… ves a los demás follados y este como si nada…. la semifinal dejo de correrla a los 70 metros y bajó de 10……. tela marinera…… Y en 200 gana y ya lo flipa todo el mundo…..

  2. Por cierto….. lo de Phelps es tremendo……. que manera de nadar……. alucinante…. 18 medallas de oro y 3 de plata en 12 años……y se retira con 27……. Alucinante….. la vida en la piscina…. que tío….. solo verle en 4×100 estilos que llega segundo el de braza y sale el tío bien por detrás y en la primera parte le pilla al primero y en la segunda le machaca nadando a mariposa……. IM PRESIONANTE….. en dos palabras…..

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