Esas tabletas ¿de quién son?

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Está claro que se han convertido en uno de los grandes objetos de deseo de estos tiempos. Cada uno quiere las suyas… y por supuesto adora las de l@s dem@s. Y hasta reclama las que cree que le pertenecen. La verdad es que todo el que se las trabaja las tiene, pero no siempre consigue que salgan a la superficie. No todos tienen éxito. Como leí hace poco, se fabrican en el gimnasio, pero para que se vean hay que pulirlas en la cocina. Y claro, cualquiera se apuntaría a decir que es el poseedor/a de las de la foto. La de la izquierda, la de la derecha…

Raro es el día que no son actualidad las tabletas, y ayer lo fueron con el anuncio de Microsoft, de nombre Surface, no podía ser más atinado, leído lo de arriba. Porque se trata de fabricarlas, de hacerlas bien, de que funcionen y engrandezcan la experiencia de usuario, pero que luego la gente las vea y se las compre. Sí, esculpirlas en la cocina del Marketing, de la oportunidad de mercado y del buen posicionamiento del producto.

Sí, Microsoft tiene todo el derecho a decir son suyas. Ellos pusieron la primera en el mercado en 2002, aunque no dejaba de ser un prototipo sobre el que mostrar ciertas virtudes e innovaciones de su sistema operativo titular de entonces, Windows XP, que no lucían tan evidentes en el clásico PC. No sería tan bonita, tan sexy, tan funcional. Pero era, existía, y se llamó Tablet PC.

Apple tiene todo el derecho a decir, en cambio, que le pertenecen más que a nadie. Fue la que la tuvo la gran idea y la hizo triunfar. La creó a su manera, a la de Steve Jobs, la diseñó con su estilo intransferible, la llamó iPad. La encajó como un guante en su gama de productos tecnológico-seductores y la vendió hasta aburrirse, bueno, en realidad todavía no se han aburrido de venderla y todo indica que va para largo.

Esto pasa en el mercado tecnológico, y el éxito y el fracaso son de ida y vuelta. También Apple, en su día, diseñó aquellos asistentes personales digitales (PDAs) con la brillante tecnología Newton, a la que apostaron todas sus fichas de entonces. Se los tuvieron que comer con patatas y, sin embargo, no habrían pasado seis años y el mercado se inundó de PDAs de otros fabricantes que básicamente hacían y servían para lo mismo, solo que con sistema Windows (el Pocket PC, que luego derivaría en lo que hoy es Windows Phone). Vivieron sus años de gloria, hasta que llegaron los teléfonos móviles inteligentes y los devoraron. Sí, el iPhone entre ellos.

Lo cierto es que hoy la tableta más exhibida, vista y deseada es sin duda la de Apple. Y no pocos fabricantes se la han pegado, y después han plegado velas al intentar competir con el iPad. Los movidos por el sistema operativo Android van defendiéndose, ganan terreno poco a poco. Pero los tradicionales fabricantes de PCs no han dado con la tecla a la hora de reproducir su modelo en el formato plano y táctil. Y en estas los de Redmond, tal vez cansados de prestar su materia gris a dispositivos de otros que no eran objeto de admiración, han decidido hacerse el suyo. Surface es su tableta, y ha decidido trabajársela en su gimnasio.

Es la tercera vez que la compañía fundada por Bill Gates fabrica y vende su propio hardware. “Si otros no saben o no aciertan con la receta, me lo hago yo a base de flexiones”, habrá pensado. Antes de ver las críticas de los especialistas, lo que ha presentado ayer se antoja una oferta sólida. Aprovecharán el tirón de Windows 8, que viene en otoño, le meten la potente funcionalidad de Office –que tanta gente sigue usando a pesar de todas las alternativas abiertas- y convierten el PC puro de toda la vida en un Tablet puro.

Steve Ballmer barrunta tal vez que, por mucha fidelidad y pasión que levanten los de la manzana, aún hay mucha gente que nunca se avendrá a cambiar de acera. Y posiblemente lo que pretenda es aglutinar a toda esa base de usuarios que no quieren pasarse al enemigo pero no saben qué ponerse en casa, y acaban comprándose un ordenador portátil. El tiempo da o quita a razones al final, solo que en este mercado la solución suele ser cuestión de semanas. Otra posibilidad, conociendo aquella casa, es que a lo mejor a la primera no levantan suspiros, pero ya vendrán más. Tampoco la primer Xbox causó desmayos, y luego…

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