Las Relaciones con el Periodista: terminemos bien

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Culminamos hoy esta serie sobre las Relaciones con el Periodista, que empezábamos diciendo que son como el pan de la Comunicación. Quedará algún fleco o verso suelto, que irá saliendo espontáneamente, pero en general hemos visto, a lo largo de tres entregas, lo que debe presidir dicha relación para que resulte fluida y fructífera, cómo actuar cuando vienen mal dadas y lo que nunca jamás hemos de hacer. Para terminar bien, hoy dejamos una serie de conclusiones, digamos lo básico que no deberíamos olvidar cada vez que vayamos a una entrevista –nosotros o nuestro cliente, jefe, representado…-, comparezcamos en una rueda de prensa, atendamos cualquier requerimiento informativo de los medios o seamos nosotros los que intentamos generar una noticia que nos procure visibilidad. No hace falta que acabemos como en la foto, ni mucho menos, pero si tenemos en cuenta algunas pautas, seguro que nos irá mejor:

– Se trata de una relación en la que rara vez vamos a buscarnos mutuamente, como en esas escenas románticas de playa y mar al fondo en las que ella y él corren emocionados hasta encontrarse y abrazarse. Generalmente es uno el que acude en busca del otro; bien el periodista que solicita información o necesita contrastar o confirmar una noticia; o bien nosotros que buscamos su atención, su cobertura o transmitir a través de él nuestro mensaje a la audiencia.

– En cualquier caso, la interacción ha de estar presidida por el respeto y la honestidad. Cada uno está realizando su trabajo. A menudo somos colegas de profesión que nos encontramos a un lado y otro de la barra o la ventanilla, como se prefiera. Y en muchos casos hemos sido cocineros y frailes, solo que aquí sin importar el orden vital. ¿Cuántos redactores y directores de medios han pasado luego a trabajar en agencias o gabinetes de prensa, y viceversa aunque con menos frecuencia? Esto debería facilitar las cosas, aunque ya sabemos que no siempre…

No se trata de una relación de amigos, sino de una simbiosis. La amistad puede alcanzarse y cultivarse, y hasta más allá y lo que surja, pero en el acto comunicativo en sí, cada uno mira por su parte y sus intereses, y es posible alcanzar el beneficio mutuo sin pedir favores ni abusar de confianzas.

El periodista no es un juez. No nos está juzgando ni examinando. Será la audiencia la que decida si le convencemos.

– Cuando nos encontremos con él, no vayamos de listos ni de perdonavidas. Cuidado con sobreactuar. Pero eso sí, tampoco parezcamos acomplejados. Sea cual sea la situación, si estamos frente a frente es porque ambos pintamos algo, y lo que nosotros digamos es importante para él, como importante pensamos que será lo que él diga de nosotros, de nuestra empresa, de nuestro cliente. Ante todo, naturalidad y seguridad, en nuestros argumentos y en nosotros mismos.

– La relación fructífera se basa en la credibilidad, que es la que nos hace crecer. Y ésta se consigue día a día, demostrándole sobre todo que somos una fuente de información primordial para él.

– Y siempre, recordar: nos llevemos bien o mal, creemos empatía o no, quedemos en esto o en lo otro, al final, el periodista siempre tiene la última palabra. Es así, y eso no va a cambiar.

Pues hasta aquí. Espero que hayan disfrutado con esta serie –que ante todo es de lo que se trata- y, si tienen oportunidad de poner en práctica algo de lo señalado, recuerden que poco a poco, no se trata de hacerlo todo bien a la vez, y menos la primera vez Sonrisa.

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