Las Relaciones con el Periodista: cuando vienen mal dadas

Peroestocuandosale220512

 

 

Los martes nos toca hablar de Comunicación, y el pasado empezábamos a tratar sobre las Relaciones con el Periodista. Ofrecíamos algunas pautas para que esa interacción resulte fructífera y satisfactoria para ambas partes. Y ya avisábamos de que no siempre es fácil. No siempre se dan los escenarios idílicos en los que todo va como la seda y la conversación es fluida. Por un lado, a veces no son precisamente buenas noticias las que tenemos que dar; por otro, a veces no son precisamente buenas noticias las que aspiran a dar de nosotros. Hay casos en los que no estaremos en condiciones de satisfacer su demanda, y otros en los ellos no van a poder dar cobertura a nuestro mensaje. Aparte de que nosotros pongamos todo de nuestra parte, pueden darse situaciones que a veces están fuera de nuestro control. He aquí algunos escenarios torcidos que pueden afectar a la relación:

Estamos en una crisis. Esa “Situación no prevista en la organización o su entorno, que precisa de actuaciones extraordinarias para recuperar el control de los acontecimientos y preservar su reputación” (definición de Dircom).

– Vivimos en una crisis de reputación permanente. Por la razón que sea, consecuencia de un suceso anterior o de un cúmulo de circunstancias, la empresa o entidad a la que representamos no goza de lo que diríamos buena imagen.

Animadversión del periodista. Hacia la empresa o hacia las propias personas, incluso hacia nosotros. Puede deberse a múltiples razones, entre ellas las de carácter ideológico. Y ojo, no sólo en política se dan las ideologías.

– El periodista se siente descontento e insatisfecho con la información que le facilitamos. Por pura saturación o por mera escasez.

– Nos solicita una información que no podemos dar.

– Tiene conocimiento de un hecho que no queremos que se difunda. Hablando claro, una filtración.

– Tiene una “revelación” que no es verdadera. Nosotros lo sabemos, pero él no, o simplemente no quiere o no le permiten saberlo.

Como esto no son gotas de agua, no hay una receta universal, y cada caso tendrá la manera de proceder por parte del responsable de Comunicación. Pero siempre hay unas premisas, pautas de actuación a tener en cuenta y no perder nunca de vista:

– En cualquier situación, el periodista debe percibir siempre nuestro espíritu colaborador, y que estamos ahí en las buenas y en las malas.

– Asimismo, no podrá demostrar objetivamente que no le tratamos igual que a los demás.

– Si hubo un mal rollo, una mala experiencia, un incendio que nos quemó, fuera quien fuera el que lo provocara, se impone el tono conciliador y actuar como si no nos acordáramos ya de aquello. Cómo se comporte él, ya no depende de nosotros. Si sabemos que está descontento por lo que sea, intentemos hablar con él, preguntémosle. Que por nuestra parte no quede. A veces, estos roces pueden llegar a ser “el principio de una gran amistad”.

– Hemos de hacer todo lo posible por ofrecerle contraste a la información de que disponga. Si es positiva para nosotros, para reforzarla; si es negativa, para rebatirla. Sabiendo que él –o el medio- tendrá siempre la última palabra, y decidirá qué publicar o emitir.

Si no tenemos información para uno, no la tenemos para nadie. Decirlo con toda claridad y honestidad.

– Si tiene algo que es cierto y no queremos que se sepa, él está en la posición de ganador. Actuemos como caballeros, escalemos el problema, ofrezcamos si cabe un pacto. Pero él –o el medio- decidirá si fusilarnos en el acto o concedernos una rendición digna.

No antepongamos nuestra propia popularidad y prestigio personal o profesional a nuestro compromiso, que es defender la reputación de nuestra empresa o nuestro cliente. Pero tampoco parezcamos “vasallos de mi señor” hasta límites ridículos. Entendiendo el de los demás, hagamos entender nuestro trabajo.

– La empresa periodística tiene su idiosincrasia y sus circunstancias, estructurales y coyunturales. El periodista vive sujeto a presiones de muy diversa índole, muchas de ellas internas (cuestión esta para desarrollar muy ampliamente). Sea cual sea su situación, nosotros hemos de ser para él un facilitador, pero no un antídoto a su ansiedad.

– Dados los tiempos que vive la profesión y su tortuosa adaptación a los nuevos canales y usos que propician las tecnologías, la búsqueda de lo que llamábamos “días de gloria” se convierte muchas veces en una carrera de supervivencia; y contrastar, en una “tediosa tarea” que puede echar al traste una gran oportunidad. Lo siento pero en eso no podemos comprenderle ni tomando un café, si la vida es así, no la hemos inventado nosotros. Y lo falso, falso es con todas las consecuencias.

Al final, la idea que debería presidir todo es que unos y otros somos profesionales, cada uno en su circunstancia. Si todos entendiéramos esto y lo tuviéramos presente siempre, nos iría mucho mejor aún de lo que nos va. Seguiremos…

P.D. Lógicamente, pero por si es necesario aclararlo: cuando decimos periodista en singular, también nos referimos a un medio, del que esa persona es nuestro interlocutor; y cuando hablamos de “nosotros”, se entiende el director o responsable de Comunicación de una entidad o el profesional de una agencia que trabaja para esa entidad. Sin olvidar, claro, a aquel que él mismo es la entidad y gestiona su propia reputación.

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