Monumento a la Opinión

Antonio Mingote

Ayer hablábamos de los géneros periodísticos, y entre las fórmulas en que se manifiesta el de opinión, mencionábamos la viñeta. Y justo ayer, horas después de publicar, sabíamos de la desaparición de uno de los mejores periodistas del género. En efecto, las tiras o los recuadros de humor gráfico son perfectos y casi siempre agudos artículos de opinión. Bajo la excusa de rescatar una sonrisa al lector, hay un claro mensaje del autor, una toma de postura o una clara invitación a ver la realidad como él la ve. En el caso de Mingote, cualquiera que le haya seguido apenas durante algún período de su larguísima trayectoria en ABC –en mi caso, muchos domingos a lo largo de muchos años- se da cuenta de su ideología, de su forma de pensar, de qué opinaba de unos y de otros, de su posición ante ciertas tendencias y movimientos.

Sus dibujos, que en realidad han sido cuadros costumbristas de nuestro tiempo y de un largo tiempo, llevaban a menudo toda una carga de profundidad. Sutil a veces y absolutamente explícita otras. Y podríamos estar de acuerdo o no. Lo que pasa es que él lo expuso haciendo uso de su libertad y de su honesta subjetividad. Y nunca con la intención de hacer daño a nadie. Algo que parece que ya no se lleva mucho. Y cuidado, que también se le notaba que en el fondo fue mucho más liberal –en el sentido digamos normal de la palabra- que muchos que hoy se las dan de tal y por supuesto en otros sentidos del término. Y si te has leído muchas de sus viñetas, te das cuenta de que al final, por encima de ideas más allá o más acá sobre esto o sobre lo otro, lo que subyace en la base de su discurso es una amable forma de hacernos ver lo estúpidos que todos llegamos a ser a veces. Sin necesidad de usar esa palabra.

Con todo, y como esto quiere ser un homenaje al fin y al cabo, me viene la reflexión. Que uno siente que se hace viejo cuando se da cuenta de que los dejan de estar aquí son los que le hacían pensar, le divertían, le enseñaban y los que hasta le hacían gracia; mucho más, infinitamente, que los que intentan hacerle gracia ahora. Ya no encuentro por ningún sitio a Tip y Coll, a Gila, y ya no encontraré a Mingote, sólo me queda Forges mientras nos dure. Como no encuentro a aquellos columnistas, al por supuesto al gran Pedro Rodríguez pero tampoco a otros que, aunque algunos oficialmente están, de hecho hace mucho que dejaron de ser y estar.

Y en fin, qué gris fue el día y cómo llovía anoche. Cuando pasas mucho al lado de un monumento casi dejas de reparar en él, parece que se diluye en el paisaje que te rodea y ni lo adviertes. Hasta que un día te sorprendes de que no está. Y ayer se han llevado un monumento de Madrid. Un monumento a la opinión.

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8 Comments

  1. Pues nunca me gustó Mingote, aún reconociendo que es un gran dibujante pero de opinión muy casposa y simplona. Si sólo te queda Forges te recomiendo Peridis y El Roto. Opinión ácida e inteligente. Saludos a la muchachada desde Budapest. Muy chula ciudad

    1. Yo siempre fui de Forges, y pienso honestamente que ha reunido tantos méritos para ser académico como Mingote, que siempre he respetado profundamente. Los otros que citas me gustan a veces y otras me dejan frío. He de reconocer que, en temas de humor, no suelo guiarme por ideas, y me puede hacer perfectamente gracia alguien con quien no esté nada de acuerdo. Cuestión de ingenio.

      A todo esto, cómo han subido las visitas desde Hungría 🙂

  2. Tampoco encuentro a los que mencionas.¿Cuestión de edad ?. Es posible, pero, siento, cada día más, que en general discurre esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, por caminos que apuntan hacia lo fácil , simple y comodo. Lo de hacer pensar, divertir y enseñar,a base de inteligencia , no es algo que se cotice mucho actualmente. Un saludo.
    Un apunte peregrino. El sabado por la mañana, hasta Carrión de los Condes, nevaba que parecía que era gratis!.

      1. Estábamos en el mismo camino pero en distintas latitudes. Si nevaba en Carrión, no te imaginas la subida al Cebreiro.

  3. Tengo que aclarar que mi peregrinación fué cultural-gastronómica, con parada y fonda en León, y visita al comienzo del Salvador. Por cierto, pasé por el Quindos, que posiblemente recordeis.

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