Eslovenia Posta III: Bled no estaba

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En efecto, como apuntaba un comentarista ayer, Eslovenia es un regalo para la vista y para todos los sentidos. Parajes espectaculares, los Alpes, propios y los que comparte con Italia y Austria, lagos de todos los colores y tamaños, ríos que parecen ríos, y es el tercer país de Europa en superficie de bosque sobre el total –más de un 60% de su territorio-, sólo superado por Finlandia y Suecia. Y todo muy cerca según los mapas… pero en teoría.

Me recomiendan y me propongo, si el tiempo acompaña, irme hasta Tolmin, espectacular enclave junto a la frontera con Italia. No está a más de 130 km de la capital. Pero el autobús –en tren ni soñarlo, me dicen- tarda más de dos horas y media. El primero no sale hasta las 11.30h, de manera que llegaría pasadas la dos del mediodía. Y a las cuatro y media es de noche en esta época del año. Maribor, la segunda ciudad del país, está a 140 km al nordeste. Apenas hay trenes directos, la mayoría de los trayectos son con conexiones, y nunca tardas menos de dos horas y media. En autobús algo menos, pero otra vez, el primero no sale hasta pasadas las once. El que lleva al aeropuerto, que tomo al marcharme, tarda 45 minutos y va atravesando pueblitos, paisajes rurales de singular belleza a pesar de la niebla ese día, carreteritas que no son las que normalmente utilizas para un servicio al que le pides ante todo que sea rápido.

Sí estuve en Bled, aunque los nativos me aseguraron que no les gusta nada ir hasta allí. Porque es muy turístico. Pero sobre todo, es para el verano, que es cuando se “empeta” hasta no poder más. En diciembre nada de nada, vacío es poco, desmantelado, todo cerrado a la espera de la nueva temporada. Poco me hubiera importado eso si el tiempo hubiera acompañado. Pero  justo le dio por jarrear y no dejarlo en todo ese día. Completamente solo por la carreterita que baja desde la estación al lago, que al parecer en verano se pone imposible de coches, sin embargo llega a agobiarme tanta soledad, al final para comprobar que todas las inconmensurables postales que había visto del sitio no estaban, no se habían levantado esa mañana. Lo siento, no tuve fuerza de ánimo para tomar una sola foto. Ah, para llegar en tren, en teoría son 50 minutos, pero hasta el pueblo. Si quieres ir a la mejor parte del lago, como pretendía, tienes que seguir hasta Sejenice y allí tomar otro tren, este de traca, que te deja en el lugar deseado. Entonces el “paseo” se va a 1h 40 minutos. Mi idea ese día era llegar hasta Kranska Gora, pero la lluvia –y sobre todo la falta de visibilidad- me hizo desistir. Me conformé con darme una vuelta y comer en la citada Sejenice, en realidad una ciudad de paso junto a la frontera con Austria, escoltado a un lado y a otro por montañas que se adivinaban más que se veían. Eso sí, me quedo con un tramo del viaje de ida –el de vuelta lo hice ya anocheciendo- que transcurría a la ribera de un espectacular río salvaje y agreste bajando en estampida, que resultaba ser el Sava. El que baja hasta llegar a regar el corazón de Belgrado.

Kamnik Al día siguiente, ya soleado aunque frío, asumidas las condicionantes logísticas, pero viendo desde Liubliana –por primera vez- las imponentes cumbres blancas que se levantaban casi ahí al lado, me fui directo a la estación y me alargué hasta Kamnik, una bonita localidad de montaña, al pie de los por tal llamados Alpes de Kamnik y de la Savinjia. Son apenas 25 km y se tarda 40 minutos, es que hace parada como cada tres, pero eso sí, las vistas magníficas tanto según te acercas como te alejas. Mereció la pena y ahí por lo menos me pude desquitar un poco de lo de Bled.

Desde luego Eslovenia es un país que no tiene desperdicio, un lujo para los amantes de la naturaleza y los paisajes, la montaña, la nieve, el agua, las cuevas, los castillos… No he hablado de los senderos porque dadas las fechas y los días que iba no era el objeto de mi viaje, pero hay para dar y tomar. Para volver en verano. Y para alquilarse un coche, por favor. Y cómo no, un país que tiene Liubliana y que tiene esa gente, eso sí es para el invierno, el otoño…

1 Comment

  1. A mi Bled me gustó mucho, pero fui hace más de 25 años en verano, justo cuando estalló Chernoville y eso era Jugoslavia……….. Bled era muy barato (veníamos de Suiza en viaje de Camping y la diferencia era tremenda) y nos nadamos el lago entero hasta la isla que hay en medio……. fue muy chulo y luego una buena juerga con comida y cerveza a barullo después de “robar” legalmente al banco de cambio de Zernet (Suiza) que resulta que el cajero se equivocó y por 5.000 pelas te deba al cambio 25.000 y claro…. ahí estábamos todos los españoles cambiando en fila de a uno….. le dejamos seco y perplejo al señor……. nosotros tuvimos que juntar entre tres las 5.000 peles…. imagínate si íbamos pelados…. y el cambio mágico nos dio la vida….. y la juerga yugoslava…….. así que Bled me trae muy buenos recuerdos…… tendré que volver por allí que como dices para pasear tiene que ser la pera…….

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