Las Siete Reglas del Portavoz: el “No” te condenará

No digas nunca No El “No” es el polo opuesto y a veces el lado oscuro del “Sí”. La negación frente a la afirmación, los colores invertidos en vez de como los queremos ver. Claro que depende del contexto y por supuesto de la pregunta, pero por defecto solemos preferir que nos respondan “Sí” a que nos respondan “No”. Filosofías aparte, vamos, sí, con la cuarta Regla del Portavoz, que se enuncia tan simple:

4. No Niegues

El otro día entro, por casualidad, en la página web de una empresa de Eventos radicada en Valencia. Y antes de ver nada, lo primero que me sale es un mensaje que venía a decir: “Nosotros no tenemos nada que ver con la trama Gürtel”. Pues mira que no me había dado por pensar nada de eso hasta ese momento. Pero justo cuando me lo dijeron, a lo mejor, empecé a sospechar. Quién sabe si algo sí tendrían que ver y por eso se apresuraban a asegurar que no.

Excusatio non petita, accusatio manifesta reza la máxima jurídica. Y el portavoz está, por regla general, sujeto a juicio público. Recuérdese, quien pueda, el infantil “pío pío que yo no he sido” que nos cantaban a coro después de hacernos un fechoría, e implícitamente, aunque esa edad no sabíamos de dobles lenguajes, nos estaban diciendo: “a ver si sabes de nosotros quién ha sido, que los demás sólo somos cómplices”.

Todos los días leemos titulares entrecomillados del estilo de:

“La campaña no ha sido un fracaso”

“No me he tirado en la jugada del penalty”

“No somos racistas ni empleamos a menores en la fabricación de nuestros productos”

Puestos en boca del responsable de una campaña de lo que sea, de un futbolista, de un directivo de una multinacional. Que para muchos quedarán como un fracasado, como un tramposo y como una empresa carente de escrúpulos. Esos titulares, por lo general, proceden de una pregunta  cerrada que invita a responder “Sí” o “No”. “¿Considera que ha sido un fracaso la campaña?” Y el interpelado respondió “No”. Independientemente de que luego dijera y argumentara más cosas. Pero lo image primero que dijo, lo que da dos veces, fue “No”. En una conversación normal puede no pasar inadvertido. “¿Estás enfermo”? –“No, estoy bien”. Solo que a veces la pregunta puede llevar la acusación en su ser: “¿Eres un maníaco sexual?” “¿Se llevó usted el dinero de la empresa?”. Entonces, está claro que tienes que pensarte muy bien lo que respondes. Pero nunca “no”.

El problema, cuando se trata de entrevistas en prensa, es que luego el titular va a consistir en tu nombre seguido de tu declaración. Entonces nadie va a reparar en si te preguntaron o qué te preguntaron, con mejor o peor intención. El periodista habrá hecho de su pregunta tu respuesta, con un “no” delante. Y parecerá que el futbolista ha salido a decir, sin encomendarse a nadie, que no se ha tirado en el penalty. “Por algo lo hará”, pensará entonces la gente. “Porque sabe que se ha tirado y tiene que salir a decir que no”, concluirán. En entrevistas en radio o televisión, el espectador asiste a todo el proceso de la conversación, luego la negación es menos interpretable. Pero ojo, en el caso de celebridades, esa entrevista suele ser luego reproducida por los medios impresos, y volvemos a tener la misma jugada, el mismo plato servido en frío. Y cuando digo “no”, vale lo mismo para “en absoluto”, “de ninguna manera”, “nunca” o cualquier expresión o giro al uso. Estamos negando al fin y al cabo, y por lo tanto dejando la puerta abierta a que perciban que nos acusamos nosotros solos.

“¿Utilizan menores en sus procesos de fabricación?”Todos nuestros procesos de fabricación y contratación de personal cumplen escrupulosamente con las leyes laborales del país, con las directrices de Naciones Unidas y, particularmente, con los principios de ética y responsabilidad que presiden cualquier actividad de nuestra compañía”. ¿A que ya no te pueden buscar las vueltas por ahí? Es que no tenemos sólo dos opciones de respuesta, ese suele el error: tenemos infinitas y elegimos la nuestra. Volvemos al principio de esta serie, a la primera regla, no estamos en un concurso, no se trata de acertar una pregunta sino de transmitir nuestro mensaje. Siempre, tengámoslo en la cabeza.

Todo esto vale para esas preguntas cerradas digamos inocentes, aunque a veces no lo sean tanto. No en vano, a menudo nos están dando pie a que nos tiremos a la piscina. Pero me quedaba lo de las preguntas que claramente van cargadas de munición, que esbocé antes. Pues esto será tema para el próximo capítulo.

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