Tudanca, el secreto queda en casa (3ª etapa)

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Cuando esta epopeya llegue a su término, el que escribe decidirá para sí mismo que Tudanca fue el pueblo más bonito de los que encontró en el camino. Se admiten votos pero el mío está decantado. La que fuera novelada como Tablanca parece construida y dispuesta para ser pintada, el cuadro se puede contemplar desde la habitación del alto piso de la alta casa en la que habitamos (foto). Pero luego es para recorrerlo con mucha paciencia, hacérselo piedra arriba y piedra abajo muy despacito, asomarse al río Nansa y recrearse en la revuelta, pararse en cada casa y en la casa misma, en su mobiliario noble, abrir y cerrar sus cajones ocultos, buscar sorpresitas y desentrañar secretitos, los que ella sabe y no confiesa aunque los prometa con sus ojos de almendra, o los que por allí se dejaron Alberti, Cela o el mismísimo Federico. ¿A las cinco de la tarde fue cuando nos abrieron la puerta de la Casona? Puede ser, pero mucho más tarde de las cinco y hasta de las nueve abrió el único bar, a la incipiente promesa del ciclismo español le cortaron las aspiraciones de un balonazo impune y con muy poco estilo, mañana volverá a la carga pero ya no estaremos aquí para presenciarlo. Me duele la cabeza no sé si de tanta belleza o de los topetazos que me estoy dando con todos los techos posibles de la habitación, una mala decisión tomada esa misma mañana me va a condenar a la postura alada permanente o a la crucifixión virtual si se prefiere, que en la ducha tuve motivos para chillar más que Marion Crane.

Porque Tudanca será una bendición pero llegar hasta allí no había sido ni mucho menos un camino de rosas, más bien de brañas, ciénagas y margaritas pendencieras. El Puerto de la Palombrera se ha subido unas cuantas veces en la Vuelta a España, nosotros cubrimos las primeras estribaciones saliendo de Saja en una mañana estrictamente gris, pero pronto torcimos a la derecha para encontrarnos con nuestro propio puerto de primera. Hasta Carraceo van 8 km de ascensión para 586 m de desnivel, pero son realmente los seis primeros, hasta el abrevadero, los que tiran decididamente hacia arriba y te dejan por encima de los mil de altitud, se llevan bien porque transcurren por un bosque frondoso, balsámico, prometedor de indómitas aventuras acechantes. El silencio inspira aunque por momentos acongoja. Si en algún momento el oso se digna a salir a saludarnos, no cabe duda de que será hoy y aquí. En realidad lo más amenazador que nos sale al camino es esa familia Tudanca (1) en fila india, cerrándonos el paso, ojos fijos la madre, celosa de sus terneros y es que en el fondo no le falta razón. Adelantamos con respeto pero sin mirarles, que no somos inocentes y lo sabemos, que Predador de la Vera de Atocha calla y no dice nada pero se le ven las intenciones, él y los demás lo íbamos a dejar claro sin ir más lejos ese mismo día. Hasta aquí todo había sido una experiencia aromática, verde y vigorizante, los pulmones y los sentidos agradecían el homenaje y nos prometíamos una cumbre majestuosa escoltada por dos valles de cuento. La escena Marlboro de los caballos trotando más allá de la antigua rodada iba a ser lo último que consiguiéramos divisar con algo de perspectiva de aquí a las próximas horas. Porque de repente la braña se iba poner arisca, el piso se empezaba a ablandar por momentos, el viento de costado, la nube en toda la cara y la lluvia a saco. Toda una ladera de casi 5 km sin subir ni bajar por esos puches (2), sin ver más allá de cinco metros y jarreando a conciencia. Todo el optimismo empapado, la esperanza anegada, remojada la poca virtud que nos quedara. Ni fotos ni agua ni mariconadas, aquí no se para ni pa hacerse un lío, metíamos toda la marcha posible por ese lodazal, Benemérito Villamarín en cabeza, su verde poncho al viento apenas adivinado en la bruma, marcando ritmo pero esta espantada de pollos mojados no se terminaba nunca, ay esa camiseta sin mangas, era una braña apocalíptica que nos había envuelto en sus garras y toda la borrasca nos la estábamos comiendo nosotros solitos con patatas, o mejor dicho con margaritas. Eso sí, toda tempestad tiene su calma o su puerta de salida, y cuando al fin llegamos a franquearla, nuestros pies empezaron a pisar en sólido y la lluvia nos dejó pensar, pudimos levantar la vista un poco, girar un recodo que atisbaba el vacío y el Valle del Nansa con Tudanca allá abajo se nos reveló como una aparición. Ahí se detuvieron la tormenta y el tiempo, allí se nos abrieron las bocas y nos quedamos pasmados de gozo y alivio de la vista, sentido que acabábamos de recobrar. Dado cómo se había puesto el día, iba a quedar para otra ocasión el descenso a tumba abierta por el pedregal por donde antiguamente se tiraban las basnas, especie de trineos que bajaban la hierba. Entonces no habían sido 17 coP1040004 1 (3)mo decía el libro, sino tal que 18 los km que hoy nos iban a valer el jornal. La chuleta estaba sentenciada, ya lo habíamos avisado, no hace falta entrar en más detalles y aquí dejamos el testimonio gráfico. Una vez en seco y alimentadas, las piernas recuperan bien otra vez. Es lunes y llegan buenas noticias del Betis.

 

 

 

 

(1) Raza de vacuno autóctona de cuernos en ”V”, a la que da nombre el pueblo, que se hizo presente en todas las etapas, pero sólo este día lo hizo además en forma de chuletón.

(2) Este término no veo que exista y lo utilizaba de pequeño, o lo oí utilizar y ya me lo quedé, para nombrar esos terrenos blandos, embarrados o cenagosos, evidentemente tiene algo de onomatopéyico.

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6 Comments

  1. Enrique, he estado 15 días en la comarca de Saja Nansa y todavía no me he repuesto. Las incursiones a los Picos de Europa culminaron la estancia hasta límites insostenibles. Esa tierra no puede ser verdad.

  2. Querido Paco, sí que es verdad esa tierra aunque desde aquí no nos lo parezca. Son verdad los bosques, los collados, las torrenteras y las brañas, que aún me quedan huellas. Y esos valles y esas cumbres. Pero también son verdad los chuletones, los venados y los jabalíes con alubias, aunque de esos no quede ni rastro.

  3. Se acabaron las vacas, no las de Tudanca y ya en plena faena y poniéndome al día de estas crónicas que lo dejamos en las alubias con jabalíes.
    Esta que cuenta Enrique fue la etapa reina y no la que creíamos. Dantesca como diría de una etapa alpina.
    No sabía donde meter las manos, las tenía congeladas, ni fotos ni ná de ná.
    Para mi también fue el pueblo más bonito. Estoy terminando de leer Peñas Arribas, de Pereda, y lo calca todo todito todo, hasta como funcionaba la “perezosa” (mesa abatible que hay en la Casona).
    Y más dantesca pudo haber sido si Pierolo no hubiera llevado palotes de más, porque a Reflexman le hubiera dado un jama. Menuda cara se le quedó cuando le dijeron en el bar que nada de nada. Hasta preguntaba por los apeaderos de tren más cercanos. Uuuuuuuuuf.
    Fue un peaso de etapa.

  4. yo acabo de llegar y no he leído nada…… y tengo un trancazo con fiebre que me deja más atontado que de costumbre….. cuando me recupere añado mis comentarios si los hubiera…….

  5. Tirado en casa con fiebre me leo las etapas……. Tudanca muy chulo….. Ojo que no es un área de servicio ni un pueblo de Burgos (que también) sino un pueblito alucinante y con la Casona propiedad de Cosio (famoso por su enciclopedia taurina) que tiene una colección de libros y manuscritos flipantes….. por allí paso la cream de la cream de la literatura, los toros y el fútbol de la época, que jodio la Guerra Civil (¿esconderían a alguien en esa habitación secreta????). A mi me encantó, pero también Barcena Mayor o Caecho….. o Saja….. cada uno tiene su encanto…… prefiero no elegir…. Y RECORDAR QUE LA DUEÑA DE LA CASA ALQUILADA SE SORPRENDIÓ QUE LLEGASEMOS TAN PRONTO YA QUE MUCHA GENTE SE PIERDE EN LA PRADO DONDE NOS CALLÓ LA INTEMERATA…… LOS ÚLTIMO HUESPEDES PERDIDOS LLEGANOS A LAS 11 DE LA NOCHE…. TELA TELA…..

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