13 millones a 0,99€ por canción

Ni más ni menos que 13 millones de Euros es lo que le piden a Pablo Soto las multinacionales discográficas, arropadas por Promusicae, en concepto de daños y perjuicios por el desarrollo de herramientas P2P que han servido para la descarga de archivos. Los demandantes argumentan que esa cantidad equivale a lo que hubieran facturado por esas canciones que han sido distribuidas, estimando que el coste medio de una canción en Internet es de 0,99 Euros. El juicio ha comenzado ayer, y se prolongará hasta mañana, en el Juzgado de lo Mercantil de Madrid. Es el primero que se sigue en España por la vía civil, ya que hasta por ahora, por la vía penal, las discográficas no han podido “meter mano” a quien propicia o realiza las descargas sin probado ánimo de lucro. Durante la primera vista, celebrada ayer, los abogados de Pablo Soto inquirieron a las multinacionales sobre interesantes cuestiones como las inversiones que necesitarían para crear medidas anticopia efectivas o las oportunidades que Internet ofrece a los artistas para darse a conocer cuando las discográficas no les hacen ni caso. Recordemos el caso de Russian Red.

Por otro lado, hoy llega al Congreso de los Diputados el escrito de la plataforma www.todoscontraelcanon.es , avalado por tres millones de ciudadanos, que reclama una solución “más justa y equitativa” para el canon digital. La plataforma aboga por medidas que sirvan realmente para compensar a los creadores y al mismo tiempo resulten menos gravosas para los usuarios, que actualmente pagan más al comprar cualquier dispositivo reproductor simplemente por la previsible copia privada de contenidos que con él vayan a realizar. Aparte de que esos costes resultan desproporcionados, y en no pocos casos redundantes, luego no se sabe bien adónde va ese dinero, y se presume que en gran medida no precisamente a los autores.

Estemos atentos a estos dos focos, que pueden tener una evolución más que interesante. Pero me sigue pareciendo que, a la hora de resolver la cuestión de los derechos de propiedad intelectual en la era digital, la flexibilidad y la imaginación se aprecian más en una parte que en la otra.

Y entretanto, la SGAE aparece enfrascada en una singular “guerra de palacios”.

Noticia sobre el juicio en 20 Minutos

Noticia sobre todoscontraelcanon en El Mundo

3 Comments

  1. Lo de Pablo Soto, haciendo un símil fácil, es como si los afectados por los alunizajes denunciaran a BMW por fabricar coches de gran cilindrada y resistentes a los golpes.
    En cuanto al canon, cada vez que hago una copia de seguridad y la grabo en un dvd me acuerdo de la tasa que estoy pagando por si copiara algún archivo con derechos de autor y, claro, me cabreo y me siento moralmente justificado a hacerlo. Otra cosa es a dónde va a parar ese canon pero ese ya no es mi problema.
    De todas formas, me pregunto si los derechos de autor valen sólo para los músicos y cineastas. ¿Qué ocurre con, por ejemplo, los arquitectos? Habría que pagar una tasa a Frank O. Gehry cada vez que entráramos en el Guggenheim? ¿O cada vez que le hiciéramos una foto? ¿Y los fontaneros? ¿Habría que pagar una tasa al profesional que nos hizo la instalación en nuestra casa por cada litro de agua que recorriera sus cañerías?
    Como decían ayer en una manifestación a la puerta de la Asamblea General de la SGAE: «Yo quiero ser comunista como Teddy Bautista». Apostaré también por la flexibilidad y la imaginación.

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