Si se nos olvida leer…

Ya aviso de que este texto que va a continuación está condenado a no ser entendido.

Aquí no voy a ponerme a elucubrar sobre todo lo que arroja el informe PISA difundido esta semana, porque es complejísimo y, más allá del hecho patente de que salimos malísimamente retratados, hasta los expertos en materia educativa a los que escucho y leo se las ven y se las desean para interpretarlo. Pero sí hay una conclusión que es evidente en todos los países y sangrante en España: se nos está olvidando leer.

Tampoco debe sorprendemos, porque hace tiempo que se viene anunciando. Y creo que no es cosa solo de jóvenes. Los exámenes de PISA se hacen a estudiantes de 15 o 16 años. Si los de comprensión lectora se hicieran a gente de otros grupos de edad, de 25, de 35, 45 años… me temo que el resultado sería parecido. Todos leemos cada vez peor. Ciertamente, cuanto más jóvenes, seguramente el problema saldrá más acentuado, sí, pero los mayores también estamos perdiendo puntos.

Primero, leemos cada vez más deprisa; segundo, lo hacemos en formatos cada vez más pequeños. Tenemos tantas cosas a las que prestar atención en el hipermercado digital de hoy que no nos sobra el tiempo para gastarlo en tareas lentas, que nos obliguen a detenernos y mucho menos concentrarnos mientras nuestra vida suena, pita y nos reclama a cada segundo. Observen que hoy, en la mayoría de los artículos publicados online, se indica el tiempo estimado de lectura. Como cuando tenemos que esperar al autobús. O no, porque mientras este llega, podemos responder whatsapps y ver algún vídeo. En cambio, si nos entregamos a un texto medianamente extenso, nos sentiremos secuestrados durante esos minutos. Cada párrafo se nos hará interminable.

Y tenemos nuestro teléfono móvil, ese gran invento que nos sirve para tantas cosas, pero que hemos decidido, o los fabricantes han determinado, usarlo absolutamente para todas. Nos hacen creer que tenemos el mundo en la palma de nuestra mano, y eso no puede ser. Es imposible. Tenemos lo que cabe en esa pantalla, que es lo breve, lo instantáneo, lo que entra por la vista. Y puede ser muy útil o muy satisfactorio. Pero no sirve para explicarnos el mundo, para contarnos lo que pasa, para comprender la realidad. Una idea compleja y desarrollada no puede ser expresada en esas dimensiones reducidas. El móvil nos soluciona mucha vida, pero no puede abarcarlo todo, y desde luego, no es una buena herramienta de lectura. Pero esto llevamos ya tiempo diciéndolo, miren, cinco años ya: Pantallas mínimas, realidades simples – Byenrique.

Dice PISA que sólo un 2% de 30.000 estudiantes españoles en cuarto de ESO puede leer con soltura textos largos y complejos. Y que a la enorme mayoría les cuesta pasar de las 400 palabras, que es lo que acabamos de hacer en este artículo. Presumo, insisto, que los porcentajes serían apenas algo mayores si habláramos de población adulta. Pues si alguien sigue leyendo a estas alturas, les diré una cosa antes de que dimitan: cuanto menos capaces seamos de leer y comprender lo que leemos, más vulnerables seremos.

Para quien aún resista en estas líneas, me explico: la realidad que vivimos siempre fue compleja y ahora cada vez lo es más. Por lo tanto, no podemos pretender explicarla -y mucho menos entenderla- a base de mensajes y sentencias breves. Si no somos capaces de prestar atención a una exposición mínimamente razonada -no me refiero a un tocho infumable- y nos conformamos con píldoras de 140 caracteres o menos, nos quedaremos en lo superficial, en lo banal y en la verdad facilona, que más bien suele ser una mentira. Desde luego, no seremos capaces de entender, por ejemplo, lo que está pasando en Ceuta -ya de por sí complicado-, tampoco estaremos en condiciones de demandar soluciones para el problema de la vivienda ni de comprender las implicaciones de la crisis en el Estrecho de Ormuz. Pero tampoco sabremos cómo solicitar una prestación social que necesitemos, formular una reclamación ante cualquier administración o, simplemente, visitar una ciudad como Soria y saber básicamente dónde estamos. Puede que analfabetos digitales no seamos. Pero analfabetos funcionales, muy posiblemente sí.

Y seremos carne de manipulación. Escuchamos estos días a políticos clamar al cielo por estos datos alarmantes que revela el informe de la OCDE. No nos engañemos. No voy a decir todos, pero a muchos les viene muy bien que haya gente que no lea o no sepa leer como es debido. Cuanta más, mejor. Españoles y de todo el mundo. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor, quién gobierna y cómo, quién gana elecciones y cómo. Las contiendas electorales ya no se dirimen en grandes debates ni en artículos de fondo, en discursos bien armados ni en programas minuciosos. Prima el mensaje directo, fácil, consumible. Y se difunde, claro, en las redes sociales, en los móviles, donde no quepa mucha reflexión… Se trata de ofrecer soluciones simples y fáciles a quien ya no tiene ganas de pensar, mucho menos de leer. Así, pasan cosas como que el inmigrante termina votando al que le va a deportar a un país que ni conoce; el delicado de salud con pocos recursos al que promueve los seguros médicos a través de depauperar la sanidad pública; el que no tiene casa al que confabula con fondos buitre; el que gana una miseria al que propone derogar las subidas del salario mínimo… Ya sé que esto es por más cosas, entre ellas, que los que propondrían lo contrario tampoco es que se hagan entender muy bien. Pero si esos pobres hubieran leído un poco…


Desde luego, no creo, para nada, que la mayoría de los chicos y chicas de hoy sean estúpidos, tampoco tantos adultos como podría parecer. Y siempre he pensado que la tecnología es un facilitador que ofrece posibilidades inmensas. Pero la educación pasa también por enseñar a usarla. Si dejamos que sustituya a todo lo demás que tenemos -seguimos teniéndolo- a nuestro alcance, en vez de enriquecernos, lo que hace es embrutecernos. Y tiene como resultado lo que estamos viendo, no ya en los informes PISA, sino simplemente por la calle, con levantar la vista allá donde vivamos. Que un niño de tres años agarre el móvil y maneje los botones con destreza… no es un problema del sistema o de la política educativa. Y no olvidemos que muchos poderes, no sólo políticos, nos quieren catetos.

A los que hayan podido llegar al final de este post, enhorabuena. O perdón por el coñazo, según…

(Foto: bacnk90)

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