Microrrelatos a quemarropa (XXVIII)

Como prometimos, nos quedan microrrelatos y vamos a gastarlos. Estos seis tienen, como siempre, la única intención de gustar, y si son capaces de provocar alguna sensación, mucho mejor. Pero es verdad, como pasaba en la edición anterior, que a veces no pueden resistirse a ligar con esa actualidad que tanto nos inspira (por no decir otra cosa). Al fin y al cabo, escribimos como somos y somos lo que escribimos, qué le vamos a hacer…

Sin más rodeos, estos son los microrrelatos a quemarropa de la 28 edición:

Pudo ser…

Ya está aquí otra vez la corriente de aireque me recuerda la vida que pudo ser y no quiso, que me hiela y me acaricia, según, me visita cuando menos lo espero o menos lo deseo. El silbido de las discusiones que dejé de tener con mi padre, las flores que ya no le traigo a mi madre. El escalofrío de las conversaciones suspendidas, de los besos que nos dimos y se quedaron en besos, los amigos a los que me olvidé de llamar y ellos de llamarme… Ya está aquí ese hálito quejoso que me arroja la vida que pudo ser y no quise…

Actualidad rabiosa

El periódico lo es todo para ella. Mi gata espera paciente y muy atenta a que termine de leerlo. Cuando se lo doy, se reboza en sus páginas, disfruta de la textura del papel y hasta del olor a tinta. Hace años que es feliz así. Pero últimamente come poco y está más flaca, el veterinario dice que posiblemente sea estrés. Además, está perdiendo pelo. Más me preocupa que la lengua se le esté poniendo azul, las pupilas dilatadas como canicas y haya empezado a echar espuma cuando maúlla. Ya me estoy planteando seriamente tomar medidas. Dejarle únicamente la página de los crucigramas.

Vestigios

Las olas apenas los balancean. Desde lo alto del acantilado se pueden avistar, muy mar adentro, solos y firmes en medio de esa inmensidad. Inalterables, ni las corrientes ni las tormentas los mueven de ahí. Bien anclados al fondo deben estar, o más bien es el pasado que los sostiene y mantiene en pie. Podrá suponerse toda una estructura de cemento y metal; adivinar quizás un entramado de pasadizos, túneles y travesías. Pero nunca imaginar la desquiciada espiral de pasiones, ambiciones y vanidades que bulleron para levantar la más soberbia obra que la civilización creara. Hoy, sólo los rascacielos más altos consiguen asomar.

Empleado impagable

El agente le señala la fila de menores. Alfonso, siempre educado, le indica, como ayer, que él prefiere las botellas grandes. Pero este nuevo dependiente lo sabe todo de él, sus problemas de colesterol, los triglicéridos, el infarto que sufrió hace años… Así llevan semanas litigando con el salchichón, los chuletones, el chocolate… Cambiaría de supermercado, pero piensa que ese empleado se merece atención. Sería tan fácil destruirlo… Y al día siguiente, pondrían a otro todavía más eficiente y documentado. Mejor empatizar, quizás conocer de su vida, su entorno, sus proyectos futuros… Por si termina ganándose una discreta laguna algorítmica en su impagable inteligencia.

Ortografía dispersa

Con suerte, un punto y seguido. Estamos de acuerdo en que preferimos eso al incierto punto y aparte. Comenzar una nueva frase y procurar que nos salga mejor, que saltar directamente de renglón. El problema es que cuando nos esforzamos por colocar debidamente las comas, siempre haya quien se las come todas y no hay forma de entendernos. O que, al expresar nuestras ideas conjuntas, tras los dos puntos sólo nos salgan suspensivos… Nos piden exclamaciones y vivimos entre interrogaciones. Y a cada párrafo fallido, ya andan poniéndonos el asterisco. Así, nunca pasaremos de ser una cuartilla buena entre comillas.

Malos para el circo

Benjamín coge la carpeta de candidatos de la barra mientras apura el café y la vuelve a repasar. No le convence ninguno. Hay domadores de bots, encantadores de smartphones, faquires sostenibles y hasta un influencer reinsertado. Él busca otros perfiles para su circo. Pero faltan payasos en el mercado. O alguien que haga gracia. Tentaría a monologuistas financieros, juristas majaretas, politólogos salerosos… Pero sabe que el presupuesto no le llegará. Pediría consejo a otros empresarios del espectáculo, y le dirán que, más que humor, la gente quiere sangre ¿Y por qué no pone una jaula? ¿Con leones y personas? No, con vecinos polarizados, fieros de verdad.

Y aquí podéis encontrar todos los Microrrelatos a quemarropa – Byenrique

(Foto: AD_Images)

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