Microrrelatos a quemarropa (XXVI)

Primavera, Semana Santa, con años recién cumplidos… No es mal momento para regalarnos unos microrrelatos a quemarropa. Mejor dicho, para regalarlos y compartirlos con vosotros, porque yo ya me los sé. Son algunos de los escritos durante el primer trimestre de 2026, bueno, quedaba uno del año pasado. Como siempre, hilados en muy poco tiempo, algunos con no poca presión, y no sólo por la premura. Pero todos hechos con cariño… y otras cosas según el momento. Vamos por la vigesimosexta edición y con estos ocho, hay que decirlo, superamos los 200 publicados en esta página. Vamos a ver si os gustan:

Sospechosa penitencia

Solo me deja llevarlo un rato en la procesión. Somos una cofradía modesta, y el Hermano Mayor decide que el precioso, enorme, pero único cirio que tenemos le corresponde a cada penitente según las culpas que haya confesado. Las mías suelen ser las mismas cada año, mis cosillas. El caso es que siempre hay un nazareno que lo porta en el tramo principal, de la plaza abarrotada a la iglesia, y se gana las encendidas ovaciones. La hermandad es discreta, pero en el pueblo nos conocemos todos. Es cuando me da por pensar que, sin que pase de la próxima Cuaresma, en casa tendremos que hablar.

En propiedad

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado.Nada que ver con las almendras de potasio y los polvorones de magnesio que comemos aquí. Pero también tiene sus pegas venirse a otro mundo. Por lo demás, tenemos espacio y terreno para todo, la vivienda es barata, la vida tranquila, sin sobresaltos, y ya no sabemos lo que es una ola de calor. Al principio estábamos demasiado solos, pero ya va llegando más gente. Menos me gusta que empiecen a traerse sus banderas. Pero hay que entenderlo. En los planetas de nuestra galaxia ya no pueden usarlas. Se los ha comprado todos el mismo…

Madrugadas

Ya está aquí otra vez la corriente de aire que enfría la habitación y la mañana. Efectivamente, es la hora. Anoche sonó el teléfono y no quise cogerlo. Cuánto me cuesta acostumbrarme a esas llamadas que me perturban. Ahora necesito descanso, quizás desaparecer unos días. Hasta que pase todo y se me pase la aflicción. En realidad, hasta que el trabajo y el deber lo demanden. Un nuevo documento y una nueva firma, una nueva petición de clemencia que ignorar y un nuevo escalofrío de madrugada. Si me alivia algo, es saber que ya no tendré más compromisos familiares.

El abuelo fue pintor

  • ¿Qué haces con el sombrero del abuelo?
  • Mamá, es que de mayor también quiero ser pintor.
  • ¿Y qué tiene que ver?
  • Que me gustan tanto sus cuadros, y le veo en las fotos…
  • Hijo, a él le gustaba ir siempre elegante, pero no se lo ponía para pintar.
  • Ya, pero si pintó así a la abuela, tan guapa, antes la tuvo que conocer…
  • Pero no la retrató sólo a ella.
  • Ah, entonces, ¿con todas esas mujeres hacía lo mismo? ¿Las conocía, se lo quitaba y luego las pintaba…?
  • No, rey, con la Venus de Urbino, creo que no…

Amor de árbol

Fue el momento en que mataron al árbol cuando yo empecé a morir. En ese enorme tronco había dejado mi memoria y mi vida… De Teresita, mi primer amor, a mi primera novia formal, Laura; mi adorada mujer, Elena, la madre de mis hijos; mis amantes, Soraya, largo tiempo después Lucía, Celia… Con cuánto amor les reservé su trocito exclusivo de corteza. De ninguna me arrepentí y siempre pensé que me seguían queriendo o al menos me guardaban cariño. Lo que más me dolió fue no saber quién le asestó el hachazo fatal. Mi angustiosa sospecha, que todas de acuerdo y a la vez; mi esperanza, el Ayuntamiento.

Acompañada

Algo semejante a un alegre parpadeo colectivo bullía por las mañanas en el hospital. Sus hijas llegaban contándole sus planes, sus enfados… Las comidas sanas se las traía su sobrino Juan. Las tardes con su amiga Loli hablando de cine, de teatro, al final siempre de política. Antes de la cena, su vecina Paqui le ponía al día de los cotilleos. Y las noches viendo la tele con los nietos, tan inquietos con los mandos y si la programación estaba mejor o peor. Se sentía muy acompañada y ni les preguntaba por qué todos vestían igual, con ese traje pantalón verde que tan de moda debía estar.

Veni, vidi, perdidi

Con sus flamantes nombres en latín, posaban alineados los más celebrados gladiadores de Roma: Mesius, Ronaldus, Embapiano… Todos los que sabiamente y con gran esfuerzo habían sido reclutados por el César de los césares, el más grande prócer que en su historia habría de dar el Imperio. De Lusitania a Egipto, nadie debiera desafiar el poder de su glorioso ejército. Lo que no era consecuente con que sus generales vinieran anunciándole derrota tras derrota en cada batalla que libraban en Galia, Britania, Germania… ‘¿Cómo puede ser posible?’, se preguntaba afligido, mirando a sus preciados guerreros… cuyas nobles cabezas disecadas no tenían nada que responder.

Simetría

El poema que él nunca terminó fue el que más tiempo le llevó, porque iba a ser el de su vida. Pero la vida determinó el tiempo que le daba para terminarlo y él, nunca conforme, decidió irse con su poema.

Hasta aquí los de esta tanda. Y estos son los 201 microrrelatos Microrrelatos a quemarropa – Byenrique

(foto: Luisfpizarro)

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