Para pandemonio, el fútbol

Hablábamos el otro día del pandemonio que viene rodeando a todo lo relacionado con la pandemia, y que presumiblemente sobrevivirá a esta. Pero hay otros muchos escenarios donde reinan el ruido y la confusión. ¿Qué decir de los pandemonios del fútbol? ¿Y los de nuestra selección? Esta semana hemos asistido a uno clásico. Aunque la falta de perspectiva nos lleve a pensar que el lío montado alrededor de los positivos, las burbujas y la vacunación de nuestros futbolistas es un reflejo de la coyuntura actual, que lo es, no olvidemos que siempre, siempre, las jornadas previas -sin partidos- a una Eurocopa o un Mundial son un pandemonio estridente y recurrente. Cuando no es el cese del seleccionador dos días antes del debut, es una movida por un frasco de colonia, fenómenos extradeportivos, alguna declaración salida de tiesto o feroces desencuentros con la prensa, tiempos aquellos los de Javier Clemente. Este año ha salido por este lado, porque es el tema que nos ocupa a todos. A partir del lunes, que jugamos, ya se hablará de lo bien o lo fatal que nos va. De si Luis Enrique no tiene ni idea, si este jugador o aquel debieran haberse quedado en casa, si tenían que haber ido el de Camas o el de las bateas. De fútbol, en fin.

Con todo, y como suele suceder, este pandemonio ha extendido sus ramificaciones y ha incidido en aspectos que van más allá del sanitario o el futbolístico, como la existencia de colectivos privilegiados, la conveniencia vs efectividad de las vacunas y, por supuesto, la gestión política, ya que el Ministerio de Sanidad se ha visto metido de lleno en el jardín. Y a veces no se atiende a lo fundamental. Errores, dejaciones o descoordinaciones aparte, este evento deportivo paneuropeo lo organiza la UEFA, que es la dueña y señora del juego y del negocio. Y la que debería preocuparse de todos los aspectos relacionados con que la competición se desarrolle con normalidad. Pero en esta cuestión se ha desentendido y ha dejado a los países y a sus federaciones el marrón. Así, cada una ha tirado por donde buenamente ha considerado. Y veremos…

Por ponerlo en contraste. Este verano, según consta a día de hoy, se celebran los Juegos Olímpicos en Tokio. Hace ya meses que el Comité Olímpico Internacional se movió, negoció con Pfizer, le compró las vacunas y las distribuyó a los respectivos comités olímpicos nacionales para que todos los deportistas que allí compitan acudan vacunados. Pero la UEFA ni se lo planteó, no está para estas cosas. La única ventanilla que contempla esta organización es la de ingresos, mientras que la de pagos sólo funciona con carácter interno, esto es, para repartirse el dinero.

También podrían haberse planteado dar marcha atrás del megaproyecto del anterior presidente, Michel Platini, de organizar una gran Eurocopa paneuropea, con sedes en 12 países. Que, dada las circunstancias sobrevenidas, se imponía quizás dejarlo para más adelante y organizar ahora un evento más recogidito, en uno o dos países en los que la situación estuviera más saneada y menos propensa a sustos. Pero no. Por qué renunciar a esta gran empresa. Como no han renunciado sus homónimos sudamericanos, la Conmebol, a organizar la Copa América, si no pudo ser en Argentina y Colombia, pues nada menos que en Brasil; y como no renunciaron en su día los compadres africanos en plena crisis del ébola, y encima sancionaron a Marruecos por negarse a organizar aquella Copa de África en tales circunstancias.

Pero ya digo, una vez se inicie la competición, todo este ruido se mitigará y ya hablaremos de lo que importa. Y no nos engañemos, de no haberse conocido el positivo de Busquets, a lo mejor ni nos estaríamos planteando todo lo que hemos sacado a colación esta semana. El pandemonio hubiera existido, seguro, pero hubiera ido en otra dirección. Con todo, no negaremos que se agradece volver a recibir este tipo de aire contaminante, quiero decir el que genera el fútbol. También sucio, muchas veces molesto, pero sin duda mucho más inocuo, quizás porque contra este sí que estamos vacunados, y si no, la inmunidad de rebaño la tenemos más que conseguida hace tiempo.

No me negarán que desahogarse con el entrenador, con tal o cual jugador, y además según de qué equipo, ampararnos en el fatalismo y en las conjuras arbitrales, admirarnos de esos patriotas de bocaza y banderita que luego van y quieren que pierda la selección… son temas de conversación no precisamente saludables, pero infinitamente menos dañinos y perturbadores que estar días y días pendientes de si la enésima variante, de si las nuevas medidas hacia adelante o hacia atrás, de los vaticinios agoreros de un experto patrocinado o de si fue antes la gallina de la ministra o el huevo del consejero. Más ahora que el fútbol español ha retornado a la antigua normalidad, es decir, a no tener aspiraciones de ganar nada (ojalá nos equivoquemos mucho). Porque aquella pandemia sí que fue buena. Y duró, aunque ahora nos parezca que fue muy corta.

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