Oricios y precipicios (II)

DSC_0185

No se lo digan a TripAdvisor, pero encantador el hotel en Los Cabos y excelente servicio, aunque digamos que un tanto extraño el personal. El camarero que sirve el desayuno se parece, milagrosa o sospechosamente, al recepcionista y también al guía que nos acompaña en las excursiones. Cleopatra lo sabe todo y calla, tampoco ella está para decir nada, que ya se sabrá asimismo lo suyo. Los kiwis asturianos se plantan al lado de las fabes, luego es cuestión de no confundirse, aunque unos y otras se puedan comer con cuchara. Son los momentos y los acompañamientos. El parking sí es verdad que podía ser algo más amplio, a Zeus le tiraríamos una pedrada pero sin bajarnos del coche, que si no, nos puede dejar como el pino que el viento tumbó la semana pasada y en cuestión de dos días parece que ha pasado por él un regimiento de termitas. O un banco de pirañas si hubiera estado bajo el agua. Vamos, que ha quedado como una mesita de jugar a los dados. Zeus debe ser un mastín asturiano, esto es, un patrimonio cultural o de su dueño más bien. Vamos a portarnos bien, que nosotros nos vamos pero los del lugar se quedan. Sin novedad en el checkout, al final desistí de embutir el cuadro de los desvelos en la maleta, casi hubiera sido más fácil al revés.

DSC_0169

Hoy es otra Asturias la que vamos a recorrer en esta media jornada que nos queda. Primero por cómo ha salido el día, más brumoso y desde luego reconocible de estas tierras que el luminoso anterior. Y luego porque hoy los paisajes son de mar gruesa y acantilado recio, o si se prefiere, de prado cortado a cuchillo como si fuera jamón, lascas esparcidas por el litoral que emergen, remueven la espuma y espabilan al visitante matinal. Hoy vamos de puntas –con la “n” bien puesta- y de una en otra trastearemos por miradores desde los que tiraremos la vista en busca de ángulos y perspectivas, o quién sabe si de inéditas soluciones geométricas a los problemas algebraicos de siempre.

DSC_0182

En la margen izquierda de la Ría de Pravia, donde desemboca el Nalón, se encuentra San Esteban. Fue el puerto industrial de Asturias y uno de los más activos del Cantábrico, por algo hasta aquí llega el FEVE, que en su origen se utilizaba para transportar carbón. Hoy alberga un astillero artesanal, sirve de atraque para embarcaciones deportivas, y bueno, para darse un paseo lo largo que se quiera por su digna decadencia. Veremos la dársena a pie de obra y luego desde arriba en la Punta del Espíritu Santo (como se me despiste aquí la “n”…). No sé si las siguientes serán la Punta de los Glayos y la Punta del Campón porque ya me hago un lío, el caso es que pasaremos de largo por la Playa de Aguilar, que pertenece a Muros de Nalón, y en la que recuerdo haberme dado un soberano baño express hace pocos años, pero claro, hoy ni se me ocurre. En aquella ocasión veníamos de Cudillero, de pegarnos una arrozada de campeonato seguida de una sangrante subida al mirador. O sea, que ahora vamos en sentido contrario hacia el famoso pueblo que se diría una acuarela viviente. Si nos diera por exagerar, diríamos que esa placita pinturera sería como la de San Marcos de Venecia, pero manteniendo la proporción asturiana: que nunca será lo mismo un botellín con un preñau a 1,50 que un capuccino a pagar con tarjeta de crédito.

DSC_0184

Nos quedará otra punta que conocer, pero a esta sí podríamos quitarle la “n”, un poco tal que las vamos a pasar. El Cabo Vidío es posiblemente, después del de Peñas, el que pica más adentro en el Cantábrico. La panorámica es para quedarse una vida oteando riscos, costas y horizontes, y al cabo de esa vida acordarse vagamente de la de uno. El pesquero Aldebarán lo restauraron y lo subieron hasta aquí en memoria de los que todas sus vidas son ya de este paisaje. Su faro es el último que se construyó en Asturias, y darle la vuelta puede ser también lo último que hagamos si no nos cortamos a tiempo. Si se lo propones al guía y le dejas ir por delante, y encima te quedas atrás por querer hacerle una foto… Son 80 metros de pizarra limpia hasta el mar, y no es cuestión de hacerse el valiente. Que a nosotros no nos van a dedicar barco ni monolito ni roñosa placa que valga, quedaría todo lo más un pedazo de lasca espumante.

En Oviñana habrá que apañarse unos bígaros para el susto. Y en la margen izquierda de la Ría de Pravia nos quedaremos sin arroz con bugre porque el tren de vuelta no entiende de turnos de comidas y no nos va a esperar. Empieza a pacificarse la tarde en San Juan de la Arena, saben que ya pronto les vamos a dejar tranquilos. A la hora de partir seguimos sin noticia de oricios, pero de precipicios nos vamos ya sabiendo algo más. Veremos otra vez de perfil la calle Uría, cerraremos los ojos cuando los raíles empiecen a desandar la montaña. ¿De quién serán esos tacones de aguja que me he encontrado en el asiento?

Un mes ha pasado ya y esto continuará… esperemos que pronto, cuando volvamos por allí.

DSC_0186

P.D. Recordar y agradecer a todos los que nos encontramos por allí y nos alegraron este díptico asturiano, por supuesto a TODO el personal del hotel, y en especial a Juan Álvarez Domingo, que es quien hizo posible todo –o casi todo- lo que contamos aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s