Blue Monday, Silly Monday

Café Gijón, 17 enero 2016

A alguien, creo que basándose en fórmulas y estadísticas, se le ocurrió que este lunes es el día más triste del año. Que no hay lunes bueno, pero parecer ser que en este se juntan todas las tristezas, y lo llamó Blue Monday, como la célebre canción de los ochenta (New Order, Blue Monday). Como los días etiquetados son una excusa perfecta para el Marketing, no han tardado en salir los oportunos que vienen a vendernos risas, emociones y básicamente compras anti-depresivas para ayudarnos a combatir esta terrible jornada. Ya se sabe que son los intrépidos marketeros los que nos dicen cuándo tenemos que sentirnos tristes, enamorados o con ganas de abrazar –o mejor dicho de regalar- a la familia, cuándo tenemos que comprar aparatos tecnológicos y cuándo se trata de arrasar los grandes centros comerciales.

Bien mirado, no es que este lunes venga muy florido, que es verdad que a estas alturas de enero se hacen durillos. Pero el pasado ya nos levantamos ciertamente abatidos, y el que viene… Bueno, ya sólo nos queda uno este mes. ¿y los de febrero, marzo…? Para algunos los lunes empiezan el domingo por la tarde. Ayer volvimos al Café Gijón después de años, y no podemos decir que la experiencia resultara de lo más estimulante. Qué diferente de cuando una tarde cualquiera había tortas para ganarse una mesa. Ni sombra ni eco de aquellas tertulias encendidas, ni asomo de aquellos personajes extravagantes que iban a dejarse ver, ni rastro de intelectualidad palpable o postureada, por no verse ni siquiera se distinguían turistas de provincias. Eso sí, los precios los mantienen como en sus mejores días. Aparte de eso, ¿qué no estarán haciendo exactamente bien los actuales gestores del mítico café? Sí, el de ayer era un Gijón tristón y decadente. Y no parece que sean buenos tiempos hoy para los cafés de Madrid.

Pero volviendo a los lunes de marras, cada uno tiene sus razones para llevarlo regular o mal. Hay quien lo supera nada más ducharse por la mañana y notar que se siente dinámico o descansado. Otros con el primer recreo para tomarse el café y la reparadora palmera de chocolate. Muchos al sol, que si no fuera por lo que supone, sería la vitamina ideal. Y hay a quien se le quita con una buena sesión de gimnasio por la tarde, que aleja dudas, preocupaciones y dolores de cabeza. Pero nada indica, realmente, que este tenga que ser más difícil de erradicar. Las noticias son prácticamente las mismas y en la tónica habitual, las perspectivas más o menos, la abulia la de siempre. No nos gustan los lunes y ya está, que desde Bob Geldof ya ha llovido bastante (I don’t like mondays, The Boomtown Rats). Luego, cada uno tiene su blue monday particular a lo largo del año. Y lo gestiona como buenamente puede.

Y esta es la tontería de un Silly Monday cualquiera.

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