Madrid, sucio y mal acostumbrado

Madrid sucio y mal acostumbrado

Primero nos dijeron a los españoles de a pie que eso de tener una nómina, comprarse una casa, tener un coche y poder irse 15 días de vacaciones era vivir por encima de nuestras posibilidades. Luego nos han hecho ver que disfrutar de una Sanidad Pública decente y una educación gratuita como mínimo para todo el mundo, era un lujo que no nos podíamos permitir. Y lo mismo de muchos otros derechos, que en realidad –en su realidad quiero decir- eran un privilegio. Ahora, a los madrileños nos ha espetado la alcaldesa que estábamos acostumbrados a un nivel de limpieza demasiado alto.

Todo porque decidió doña Botella adjudicar a empresas privadas, a bajo coste, la gestión de los servicios de limpieza. Y porque le trae al pairo la anunciada huelga de barrenderos. ¿Era ese Madrid, como el de las autopistas en ruina, el que quería vender al Comité Olímpico Internacional? ¿O es el que vieron los observadores que vinieron por aquí y que “tan buena impresión se habían llevado”. Por no hablar de la polución, que no hacía falta que nos dijera la OMS que produce mucho más cáncer que el tabaco. Eso sí, Lady Bottle se declara activa en el mantenimiento de una ciudad limpia y salubre. Cuando sale a la calle y ve algo, llama al delegado para que lo arregle. Otra pregunta sería por qué calles sale y qué barrios se conoce.

Esto me recuerda que, hace tiempo, un amigo austriaco que llevaba años viviendo en Madrid me contó cómo, estando de visita a su hermano que vive en Viena, paseaban por una de esas calles, supongo de las que se escuchan las pisadas de las gente, cuando pasaron delante de unos escombros. Entonces el hermano en cuestión, residente vienés, se indignó. “Vamos ahora mismo al ayuntamiento”, le dijo a mi amigo, que lógicamente alucinó, como españolizado que estaba. “¿Y qué vas a hacer ahí”, debió pensar. Pero más a cuadros se quedó cuando vio que efectivamente entraban en el consistorio, les indicaban amablemente el camino hasta el despacho del concejal responsable y, señores, éste les abrió la puerta y les recibió. No sólo eso: compungido, escuchó la bronca del escandalizado ciudadano y le prometió solucionarlo de inmediato. Efectivamente, a los pocos minutos los escombros habían desaparecido.

¿Se imaginan esta escena en cualquier ciudad española? Ciertamente ni nos molestamos cuando vemos algo feo, pero ¡ay! del que se moleste e intente simplemente abordar al bedel. “¿Pero usted que se ha creído?”. Hay una diferencia sustancial entre el concepto de función pública en los países europeos del Norte y el Sur. En los primeros es Servicio; en los segundos, es Autoridad.

En fin, lo que espero es ver ahora en los informativos de Telemadrid un amplio reportaje sobre lo sucia y guarra que está Barcelona. No exagero nada: eso exactamente hicieron hace un par de años, cuando en Madrid se estaban dando unos índices intolerables de contaminación y los “desleales” ciudadanos no parábamos de hablar de ello.

Por lo demás, estoy pensando si duchándome dos veces al día no estaré acostumbrando al personal que me rodea a unos niveles de limpieza desmesurados.

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