Lo que hice un 20-N

Bob Dylan Desire

El transistor estaba en la cocina, y al sintonizarlo sonó una voz familiar. Eran días expectantes ante la inminencia de unos días sin cole; de chistes, “dice el último parte médico que después de la autopsia, se recupera favorablemente”; y de cábalas, si tomabas las cifras 18-7-36 y 1-4-39, las colocabas una debajo de otra y las sumabas, salía 19-11-75. Así que de esa noche no podía pasar. Era Andrés Desendra, el locutor de Radio España que me contaba los partidos del Madrid los domingos, el que mira por dónde me iba a dar la noticia nada más levantarme la mañana de ese jueves. La que esperaba, la que se esperaba. Me aprestaba a avisar a mi madre y hasta me preparé un discurso que al final no me salió. Al final había sido a las cinco, es decir que el pronóstico había fallado por unas horas, nunca se sabrá si porque quisieron hacerlo esperar y que compartiera efeméride con otra de 39 años atrás.  A las nueve hablaba el presidente del Gobierno, a las diez se anunciaba jornada especial de Liga en mi campeonato de chapas. No era cuestión de luto o no, sino de que ahora tenía tiempo, finalmente iba a ser una semana de vacaciones, más de lo previsto, y había que aprovechar. Ahora pienso que debió ser como un Boxing Day en el cuarto de estar de mi casa. A la tarde siguiente estaba en Barajas. Por motivos de trabajo –y ahora me pregunto por qué trabajó esos días-, mi padre tenía que ir con frecuencia al aeropuerto, y ese día nos llevó. Apoyados en la barandilla de aquella terraza que asomaba a la pista de aterrizaje, asistíamos al solemne trasiego y los flashes que fichaban a las personalidades recién llegadas a las exequias, ministros y enviados con turbante más que nada. Y circular por aquel silencioso Madrid de riguroso gris noviembre con crespones negros. Si había ganas de jarana, no sería cuestión de exhibirlas, pero eso ya lo he procesado después. Cuando se fueron las colas y las comitivas y a los tres días cesó la música sacra, tal que un lunes, la radio grande de casa empezó a emitir los 40 Principales, todos los días desde primera hora y no paraba todo el día, luego ya no pararía en toda la semana: Olimpia Torres, Joaquín Luqui, Pepe Fernández, por la tarde Juan de Dios Rodríguez, los sábados Joaquín Prat. Y ya no hubo vuelta de hoja. De la tele yo ya conocía a Cecilia, Camilo Sesto y sobre todo a Desmadre 75, pero entonces empecé a descubrir quién eran Bob Dylan, Lou Reed o Patti Smith. Nos despedimos al jueves siguiente, pero nos volvimos a citar para las vacaciones de Navidad. Ahí empezaba mi Transición.

Todo esto mucho antes de saber que el 20 de noviembre ya había sido institucionalizado en todo el mundo como el Día Universal del Niño. Y yo que pensaba que algo tuvimos que ver.

P.D. El álbum Desire de Bob Dylan, cuyo bodegón de portada, vinilo y cubierta interior viene a ilustrar este post, no saldría hasta enero de 1976. Pero puedo decir que fue el que principalmente marcó mi transición particular, y de no ser por lo que he rememorado aquí de esos días, a lo mejor nunca habría llegado a conocerlo.

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4 Comments

  1. Yo celebrandolo muchísimo……. YA QUE ERA EL 21 ANIVERSARIO DE BODA DE MIS PADRES …… UNA HISTORIA PARA CUENTAMÉ…. ALGÚN DÍA OS LA CUENTO…. SALUDOS

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