Manual para montarse una Crisis… en propia meta

177128_misty_pondFrancisco Margallo, ministro de Asuntos ExterioresWert, foto Cipriano Pastrano, La RazónAlejandro Blanco, presidente del COE

Hoy vamos a describir un caso práctico de cómo generarse una verdadera Crisis de Comunicación en casa y prácticamente sin ayuda de nadie. Puro bricolaje reputacional. Pero vamos a partir de unos concisos principios teóricos. De acuerdo con la definición de la Asociación de Directivos de la Comunicación (DIRCOM), por Crisis entendemos: Situación no prevista en la organización o su entorno, que precisa de actuaciones extraordinarias para recuperar el control de los acontecimientos y preservar su reputación.

Lógicamente, cada sector o cada actividad tienen una situación de contexto que puede servir de caldo cultivo para que se produzca ese hecho, de manera que puede resultar posible en cierta medida preverlo y por consiguiente tener previstas las actuaciones a tomar. Y que dichas acciones estén perfectamente coordinadas, los portavoces designados, a fin de que la organización hable con claridad y como una sola voz. El mismo conocimiento de ese entorno nos va a permitir, por otro lado, dimensionar la situación, a fin de reaccionar adecuadamente y en la medida justa: ni quedarse corto ni matar moscas a cañonazos.

Cuando tenemos el hecho crítico planteado, lo normal es que los medios vengan a buscarnos, a pedirnos opinión. Si no lo hacen, a veces puede ser peor, pues ya nos dan por culpables sin dejarnos oportunidad para defendernos, y debemos tratar de revertir esa situación para que nos escuchen. Pero puede suceder que no vengan simplemente porque no hay nada o no perciban relevante el hecho. Entonces, salir a su encuentro para decirles lo bien que estamos solucionando, puede ser un error. Significa reconocer el problema que nadie había advertido.

Contado esto, pasamos al caso práctico, que por otro lado es bien conocido. Partamos de la citada situación de contexto, los hechos con los que contábamos:

– Los éxitos del deporte español en los últimos años generan admiración en general pero, en algunos, cierto clima de desconfianza y recelo, especialmente en un país vecino y tradicionalmente rival en muchos aspectos como Francia.

– España, como muchos otros países, ha sufrido casos y escándalos de dopaje, especialmente en Ciclismo y Atletismo, los dos deportes donde este fenómeno está desgraciadamente más al día.

– El TAS hace pública la sanción de dos años a Alberto Contador por un discutido y discutible positivo en el Tour de Francia.

En este marco, se produce el hecho inesperado:

– Un programa de humor de un canal de televisión francés emite una serie de espacios en los que se mofa –lo del buen o mal gusto es materia subjetiva- de varios deportistas españoles –Nadal, Gasol, Casillas o el propio Contador- aludiendo claramente a una hipotética ayuda extradeportiva como factor de sus éxitos. Del contenido de esos programas se hacen profusamente eco los medios de comunicación españoles.

A partir de aquí, vamos someramente a enumerar las actuaciones a las que hemos asistido:

– La Real Federación Española de Tenis anuncia medidas legales contra el programa.

– La Embajada española en París envía una carta de condena a Canal+ Francia.

– El Comité Olímpico Español convoca una rueda de prensa “para salir en defensa del deporte y los deportistas españoles”.

– El Consejo Superior de Deportes anuncia que estudia acometer medidas legales.

– El Gobierno español envía –o anuncia que lo va a hacer- una carta de queja al ministro del Deporte Francés.

– El ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Margallo, declara que va a llamar a los deportistas afectados para tranquilizarles y mostrarles su apoyo.

– Se multiplican las declaraciones, fundamentalmente de políticos y periodistas de todo el espectro: de Rubalcaba a Basagoiti, Verdasco, Sergio Ramos

Pau Gasol: “nuestros triunfos no son casualidad” (recuérdese lo que pasa con eso de negar)

– Se informa masivamente de un control sorpresa efectuado a Nadal en la mañana del sábado (le toca pasar decenas de ellos al año)

– Un equipo de fútbol salta al campo con el siguiente eslogan en las camisetas: “Liberté, Egalité, Superioridad”.

– La recepción en La Moncloa y La Zarzuela al equipo español de Copa Davis obtiene cobertura monotemática en torno a los guiñoles y el dopaje.

– El ministro de Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, declara que “por supuesto que en España tenemos un problema con el dopaje”.

¿Lo ven qué fácil es empantanarse hasta el tejado?

Mira que ayer, aunque con más de una semana de retraso, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, había sentado, a su manera y con su estilo, la madre de las tácticas: “No hay mejor desprecio que no hacer aprecio”. Sólo que, dado lo que ya habíamos llovido esas alturas, esa declaración encima se sumó al montón de las demás. Como la del Rey, que parece que le dijo a Nadal: “estos de los guiñoles son tontos”. Si esa hubiera sido la única reacción que hubiéramos conocido, y cuando y como se produjo, ¿a que hubiéramos quedado todos tan bien?

Pues tomamos nota, por si sirve para que algún día aprendamos. Que ya me imagino que no…

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