Las Siete Reglas del Portavoz: coletillas, coletazos y otras piezas sueltas

Tenemos ya vistas, desarrolladas y espero que aprendidas, o al menos entendidas, Las Siete Reglas del Portavoz. Pero nos queda un último capítulo, un anexo, podemos titularlo piezas sueltas, coletazos o, simplemente, unas recomendaciones generales. Sin rodeos, vamos a por ellas:

1. Procuremos utilizar lo que llamamos Comunicación asertiva. Esto es, exponer nuestras ideas de forma clara, sin titubeos ni vacilaciones. Bien argumentada pero, cuidado, expresada siempre con corrección y elegancia. Si nos preguntan por qué nuestras últimas medidas son las acertadas para reflotar la empresa, no respondamos un cándido “en fin, bueno, esperemos que sí”; pero tampoco un desafiante “a ver quién propone a mejor”; más bien algo del estilo: “evaluando todas las fórmulas viables, estamos convencidos de que vamos en la dirección adecuada porque 1… 2…y 3 … (no más de tres argumentos cuando se trata de una respuesta concisa)”.

2. Las famosas coletillas. Hay manuales y formadores que hacen de esto el eje central de la formación de portavoces. Y cierto es que debemos huir de ellas, quedan en general mal.

– Los “eeee…” (Rajoy) o “aaaa…” (Guardiola) transmiten inseguridad, aunque realmente muchas veces se trata de vicios puramente mecánicos, por lo que cuesta mucho quitárselos.

– Los “bueno”, “¿”no?” (Butragueño en su época de futbolista) restan claridad y además pueden llegar a hacerse insoportables para el receptor.

– Los refranes, las frases hechas y lugares comunes, frecuentemente repetidos, generalmente rebajan el nivel de nuestro discurso.

– Podemos recurrir a citas, incluso algún que otro latinajo en un momento muy concreto, pero si insistimos resultaremos pesados, cuando no pedantes.

¿Y los tacos? Aquí me explayé en su día sobre este asunto. No seré yo quien los recomiende de entrada, es verdad que que el lenguaje tiende a ser mucho más coloquial que hace años y se permiten ciertas licencias, y además hay tacos que expresan mejor que nada una determinada situación o sensación en determinados contextos. Pero no todos somos Camilo José Cela, así que cuidado. Ante la duda, mejor buscarse otro recurso. Recuerdo una entrevista en radio a Alex de la Iglesia, poco antes de ser nombrado director de la Academia de Cine, en la que quiso quizás ir de natural y resultó ciertamente soez.

En general, y no restándoles importancia a las “coletillas”, entiendo que es cuestión de práctica y un poco de autodisciplina ir corrigiéndolas. Pero lo más importante: cuanto más claro tengamos nuestro mensaje y más seguros estemos de lo que decimos, menos incurriremos en estos pecadillos.

3. Y por último, mucho ojo con las preguntas inocentes. O entre comillas, “inocentes”. Cuando nos relajamos en una entrevista, cuando creemos que hemos superado las preguntas y situaciones más difíciles y damos el trabajo por hecho, viene una que parece que habla del tiempo que hace hoy, o que versa sobre algún tema aparentemente ajeno o colateral. Y es en esas cuando a veces nos soltamos, nos gustamos, decimos más de la cuenta y de lo que nos corresponde, y muy probablemente terminaremos plenamente inmersos en el famoso y frondoso jardín. Esto puede a veces suceder inesperada o accidentalmente, pero a veces el periodista utiliza esa argucia para sutilmente llevarnos al huerto, perdón, al jardín. Nunca perdamos la concentración ni la perspectiva. Hay que estar siempre metido en el partido, que no es otro que nuestro mensaje. Lo que queremos decir y por eso y para eso estamos ahí.

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Bien, estas eran las piezas sueltas que vienen a completar el puzzle. Hasta aquí esta serie en la que hemos pretendido, sobre todo, entretener. Si alguna vez hemos hecho reír, mejor. Y si además hemos conseguido transmitir e incluso enseñar algo, decir que no podía esperar más. Aquí quedan publicadas, por si alguna vez os apetece u os sirve de ayuda recurrir a ellas, Las Siete Reglas del Portavoz. Agradecer a todos el interés y el seguimiento, que me ha constado tanto aquí como fuera de esta página. Digo, como siempre, que este blog y todas sus secciones no son sólo mías sino de todos los que las leen, las comentan y las enriquecen. Sin vosotros, no sería posible. No me haría tanta ilusión.

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