Las Siete Reglas del Portavoz: enseña y entretiene

 

Sí, como el Libro Gordo de Petete. O por lo menos, un libro abierto y no cerrado. Las seis técnicas que llevamos repasadas hasta aquí son fundamentales para hacerlo y salir bien o por lo menos dignamente en los medios. Pero todas van a salir muy reforzadas si cumplimos bien la séptima, esto es:

7. Ameno y didáctico ante todo

Al fin y al cabo estamos en un medio de comunicación, que además de informar cumple la función de entretener. Hemos llegado hasta ahí porque lo que decimos, vendemos, representamos… ha sido considerado por el medio interesante para su audiencia. Así que no defraudemos. Y desde luego, aprovechemos nuestro potencial atractivo para que nuestra empresa, nuestro producto o nuestra misión, la que sea y nos ocupe, salga beneficiada.

Claro que no todos hemos llegado a catedráticos, ni tampoco tenemos por qué ser la alegría del huerta. Pero tenemos lo nuestro, saquemos lo mejor. De entrada, sí somos algo: expertos en el tema del que hablamos. Por lo tanto, posicionémonos como tal, sin arrogancias ni pedanterías, pero con la autoridad que nos da conocer bien lo nuestro. A partir de aquí, tengamos en cuenta:

– Cuidado con emplear un lenguaje muy técnico. Si sabemos la audiencia de la revista o del programa lo es, tenemos licencia para elevar el nivel, pero procurando siempre que los conceptos y las exposiciones resulten bien claros y adecuados, que no pequen ni por arriba ni por abajo. Si la audiencia es un público generalista, estamos obligados a bajar el nivel. Es verdad que para algunos eso requiere un esfuerzo ímprobo, peor que hacer 500 flexiones. Hagámoslo, no tenemos más remedio. Ensayemos, tomémonos la molestia de buscar la forma más sencilla e inteligible de explicarlo todo, que en serio que la hay. Merece la pena, y con el tiempo se logran grandes progresos, lo puedo asegurar. Si conseguimos que el público nos entienda mejor que a cualquier otro cuando se trata de abordar una cuestión compleja, habremos obtenido una gran victoria.

– Los ejemplos siempre son un gran aliado. Pensemos en aquellos que mejor puede entender nuestra audiencia, con los que se sentirá identificada. Prácticamente todo sistema o arquitectura de sistemas es simplificable, reductible a una realidad cotidiana. Ya que hablamos de ejemplos, la Tecnología da mucho juego en esto, al final todo desarrollo, producto, servicio… no deja de ser un “qué” que “hace qué, para qué y para quién”. Por lo tanto tenemos una serie de escenarios de uso y disfrute de esos programas, equipos o dispositivos. No es distinto en otras industrias: el Automóvil, la Energía o las Ciencias de la Salud. Contar esos escenarios y dotarlos de interés humano nos va a acercar a la audiencia.

– Luego está el tono en que lo contamos. Debemos hacer todo lo posible para que resulte cercano, agradable de leer o escuchar, y a la vez convincente. Defendamos nuestra causa con seguridad, con argumentos, con nuestras dotes de persuasión y con pasión, si es necesario y la sabemos encauzar; pero sin excesos, sin histrionismos, sin petulancia. Lo dicho arriba, que nos vean como un experto pero no como un pedante ni un “listillo”.

¿Con humor? Puede estar bien, crea empatía, nos muestra más humanos y cumplimos la función de entretener a la vez que contamos nuestra película. Pero sin pasarse, eso sería como abusar de la confianza del lector, oyente o televidente. Y muy importante: si somos capaces de mantener la naturalidad. Si la gracia nos va a salir forzada, falsa o excesiva, mejor nos la guardamos. Comunica mejor un serio con trazas de honesto y bien preparado que un simpaticón con pinta de querer vender el chalé a toda costa.

Y en definitiva, natural siempre, como uno es. Con nuestros fallos si los tenemos, esforzándonos por mejorar e ir ganando en técnica y pericia con el tiempo. No hace falta ni es recomendable recrear falsas representaciones de uno mismo que al final nos van a delatar. Poco a poco, y relativamente pronto, nos sentiremos más seguros, notaremos que nos expresamos con mayor comodidad, A partir de ahí nos resultará más fácil encontrar las vías y puntos de interés que nos permitan conectar mejor con nuestra audiencia.

Bien, hasta aquí la séptima y por lo tanto última de las Siete Reglas del Portavoz. Pero no se crean, para bien o para mal, que hemos terminado aquí. Nos quedará un apéndice, anexo o como lo quieran llamar. Así que yo les digo contento: hasta la semana que viene.

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