Vuelve el oso pardo

F Alvarez Cascos 4

 

 

Están repoblando el Norte de osos pardos. De pequeño, me llevaron a la casa que mis tíos tenían –y aún tienen pero ya no van- en Proaza, un concejo de la Asturias de montaña adentro, y en el prado colindante, a unos cien metros arriba, me decían que habían encontrado huellas esa misma noche, que a veces le habían visto. Después de años técnicamente en extinción, están volviendo. Y se dejan ver. En el Hotel Regente de la calle Jovellanos de Oviedo, el pasado domingo 2 de enero, sin ir más lejos. Sí, fue doberman en su juventud pero con la edad se hizo oso pardo. Y a repoblar el Norte se ha ido. Claro, la ha liado parda. A diferencia del estilizado y pendenciero can, el de ahora es una especie gruesa, se diría abotargada, pero cuando se arranca es temible, arrambla con todo y no hay quien lo contenga. Cuando algo no le gusta. Cuando una decisión va contra sus intereses –contra la marea de intereses- demuestra su indómita forma de acatarla, su energía “democrática”. Francisco Álvarez Cascos, ex número dos del PP, ex vice presidente del Gobierno, ex ministro de Fomento, ex pichabrava de la calle Génova, se metió doce sandías pal cuerpo en vez de doce uvas la noche de fin de año. Y el día de Año Nuevo hizo bien patente su indigestión. La exhibió con enjundia. Su furiosa acometida ha sido interpretada como un triunfo de Rajoy, que se ha quitado a la fiera de en medio. Pero cuidado. Ya digo que Asturias la están repoblando y el oso no va a estar solo. Tiene garras y agarraderas mediáticas, amigos en el bosque, favores medio por devolver. Quienes ahora le critican las formas lo hacen con la boca pequeña, en realidad ponen el foco principal en la falta de democracia interna y esperan la ocasión para tenderle el puente, para llenarle el río de peces de manera que sólo tenga que echar la zarpa. Y no va a dudar, como no dudó nunca, en hincar el canino y el molar. No le infravaloren, no le rían la grosera gracia. Cuidado que en las cavernas queda mucha alimaña con ganas de volver a salir. Y mayor peligro aún si están ya oliendo la sangre de la victoria. “Si ganamos, que ganemos nosotros” van a estar pensando. Sí, los montes brumosos se repueblan y las bestias pardas vienen hambrientas, ansiosas de rugir de nuevo.

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