Huelgan titulares

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Huelga repetir que la pluralidad mediática en España es tal que hoy en el kiosko puedes elegir la portada que más te guste para informarte sobre la jornada de ayer, como si de un muestrario de telas se tratara. A saber:

Público: La industria se para, la calle se mueve. Los sindicatos superan el examen.

El Periódico: Más sindical que general. La huelga incide más en los transportes y la industria que en el sector público y en el comercio.

El País: Zapatero mantendrá la reforma laboral tras una huelga de impacto moderado.

La Vanguardia: Los sindicatos exigen un cambio de rumbo al Gobierno tras una huelga no general.

El Mundo: Fracaso General. Sólo una pequeña parte secundó la huelga pese a la coacción de los piquetes.

ABC: Fracaso general. Los trabajadores paran los pies a los sindicatos.

La Razón: Fracaso de la huelga borroka.

Como esa pluralidad no se corresponde con el espíritu de algunos –y no tan pocos- ciudadanos, cada uno tiene aquí el sesgo a su medida. Sí, me refiero a esos que van por la vida como burros con orejeras y sólo leen, escuchan y ven lo que saben que va a reafirmar en lo que él piensa y lo que luego va a decir en el bar. Así, tenemos al ciudadano que, seguramente sin salir de su casa, sabe perfectamente que la huelga fue un completo fracaso y los pocos que la hicieron fueron obligados por los piquetes violentos y “cohercitivos”. Y luego los que, también sin salir de casa, saben ya que el paro fue completo y total en España y los poquitos que trabajaron fueron obligados por los empresarios prepotentes y chantajistas. Otros procuran informarse por varias vías, añaden su propia percepción personal de los hechos y sacan digamos que la media, un poco más hacia un lado, un poco más hacia el otro.

Lo que pasa es que esta convocatoria era más retorcida, más barroca –no borroka, ojo- que otras. Normalmente, y así fueron los últimos casos que tuvimos en este país, una huelga general era un pulso entre los sindicatos y el gobierno de turno. En este caso, aunque el motivo técnico de la convocatoria era la reforma laboral promovida por el Gobierno, éste luego se veía obligado a hacer un juego de cintura y se quedaba en medio, adoptando una actitud en cierto modo comprensiva, sin pretender ni mucho menos el éxito del paro pero tampoco que los sindicatos se la pegaran. Entonces, aquí la verdadera confrontación se daba entre los sindicatos y los empresarios a través de las distintas entidades patronales. Porque el PP se quedaba todavía más descolocado ante la tibieza – fuera calculada o improvisada- del Gobierno. No podía desde luego apoyar la huelga pero tampoco le venía mal que triunfara, si minaba y hacía daño a Zapatero. Salían entonces los que tiraban de ideología y se alineaban con los empresarios, pero también los que en el fondo deseaban que hubiera follón. Entonces, si analizamos las portadas, vemos que tenemos reflejados prácticamente todos los matices.

Pero el que para mí se ha llevado la palma de la estridencia, el que ha dejado el titular pintoresco de la jornada ha sido el todavía máximo representante de los empresarios españoles. Gerardo Díaz Ferrán se soltó en una entrevista radiofónica con un no sé si meditado –me temo que sí- “donde hay libertad no hay huelga”. Y se quedó tan a gusto. Huelga decir que una gran parte de los trabajadores a cargo de este señor no han secundado el paro. Entre otras cosas, porque ya no tienen trabajo.

3 Comments

  1. La asignatura pendiente de la transicón democrática de este país son los medios de comunicación………. aquí son fans o forofos o portavoces de los partidos y poderes públicos y no hacen su función de información independiente y control del poder……. una mierda patatera…

  2. Desconozco el mail al que hace referencia el Sr. Oñate, pero estoy completamente de acuerdo en calificar esta huelga de fantochada.

    Además, no la llamaría huelga, sino protesta. Si hubiera sido una huelga, estaríamos todavía sin trabajar hasta que se retirara la reforma del mercado laboral.

    Me temo que los sindicatos se han convertido, como la Iglesia, en entidades de poder que trabajan para mantenerlo, trabajan para sí mismos y no para los trabajadores que es su sentido original. Ahora mismo son una gran empresa o un club al que te adscribes y no una agrupación de trabajadores quer defienden sus intereses.

    ¿Qué sentido tiene una protesta como esta, de una jornada, sabiendo que al día siguiente el Gobierno no va a modificar su postura ni un ápice?

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