Nuestros billetitos de pez (6ª etapa y final)

Campeones en Potes Última etapa hasta Potes, sólo 8 km y todo en bajada, ya te piensas que esto va a ser un paseo triunfal, el homenaje a los héroes. Pues no. Para despedirnos como es debido, saliendo de Cahecho el día amanece de lluvia y poncho y el camino se anuncia de pedrería fina. Lo que pasa es que la moral de los campeones es indestructible y, sobre todo, no es lo mismo descender penosamente por esas camberas (atención, pregunta: ¿qué son las camberas? Hombre, a ver si hemos estado atentos durante el resto del relato) cuando ya se llevan 15 ó 17 kilómetros a las espaldas que hacerlo de salida, recién desayunado, con las fuerzas intactas y encima ya oliendo la gloria. Vamos, que bajamos como un tiro y si no volamos es porque, para añadirle un poco de emoción a la jornada final, las señales del camino–ese rectangulillo rojo y blanco que durante seis días fue nuestro pasaporte a la felicidad- se prodigan bien poco esta vez, manteniéndonos durante demasiados tramos entre el mosqueo y la incertidumbre. Pero a falta de señales, los hitos que marca el libro de ruta se van cumpliendo puntualmente y además vamos siempre hacia al Oeste, que era lo que teníamos que hacer. Uno de esos hitos es la anunciada zona de castaños gigantes, diríase un Parque Castañásico, en el que buscamos, y al final encontramos porque no puede tener pérdida, ese de bestiales dimensiones llamado la Narezona, cuyo tronco tiene ni más ni menos que 13 metros de perímetro. Hasta se podría vivir dentro, conozco áticos más pequeños y no, no conseguiríamos taparlo al posar para la foto de rigor. Ya son los últimos kilómetros por asfalto mojado, entonces el que escribe recuerda que ha sido capaz de no caerse una sola vez en toda la ruta y no la vayamos a fastidiar por esas postreras pendientes escurridizas, por eso extrema la precaución, que ya es una cuestión personal. Y saliendo a una carretera estamos en Ojedo, pueblo contiguo a Potes, y esto es la meta. Sí señor, por este relato han pasado diversos personajes, y otros que no han salido pero que he tenido en mente. Y sin embargo, los ganadores no son sino estos cuatro que vemos en la foto, y no voy a desvelar sus nombres para no levantar envidas, suspicacias y en fin, para que a ninguno vengan a buscarnos, no nos hayamos dejado alguna cuenta pendiente en algún bar de por ahí. Finaliza la Ruta GR-71 Reserva del Saja, la epopeya está hecha y lista para contar.

Entonces esto ya es el EPÍLOGO, pero tendrá su miga. Al llegar a Potes, después de días de paz y silencio, nos estresa el ajetreo de esta ciudad, capital de Liébana, que en verano parece Benidorm de las montañas. Sólo faltan las vuvuzelas, las de verdad, que las que se oyeron por el camino y sobre todo alguna que otra noche eran de otro tipo. Así que decidimos huir de allí y emprender otra ruta, 105 km hasta Santander atravesando a todo lo largo el impresionante desfiladero de La Hermida, una de las carreteras más hermosas y espectaculares que existen no ya en España sino en el mundo, toma ya. Eso sí, esta vez –y nos lo hemos ganado- nos van a permitir que el trayecto lo hagamos en taxi. Después de tanto monte y terapia a base de roca, braña, legumbre y mamífero, buscamos algo de aroma marinero y productos del litoral, anchoas, maganos (chipirones encebollados), cañas y vinitos. El día es luminoso, la brisa acaricia y el sol pica lo justo para notar el color que se nos unta en los brazos y en las caras. Esta noche es el homenaje. Parafraseando a Lorca, que en su poemilla manuscrito decía que se había gastado sus monedillas de agua en el Palace, nosotros nos vamos a dejar nuestros billetitos de pez en el Restaurante del Puerto. Será un mano a mano entre meros y machotes (sargos), jaleado por changurro, almejas, Martín Codax y sorbetes. La clientela selecta, por eso todos los camareros nos mirarán de arriba abajo al entrar. El comedor principal tendrá capacidad para unos cincuenta comensales y seremos unos veinte cenando. Finos trajes y polos de marca, el personal calzando náuticos, bambas, dos irán en chancletas y uno en botas de montaña. No deben andar los tiempos como para tensar el derecho de admisión. Qué menos que una copa para mojar el éxito en un local de bullicio, pero apenas una y es cuando nos damos cuenta de que estamos agotados, no damos ya más, qué ídem se nos puede pedir si el trabajo está ya hecho y tan bien hecho. Mañana estaremos en casa, que nos parecerá haber llegado de pronto a Marte, y volveremos a recordar el principio. Parece que hace ya IMG_4603 mucho tiempo pero fue allí, en el aeropuerto de Sevilla, donde dos miembros de esta expedición constataron que la suerte empezaba a jugar a nuestro favor. Y así fue. Esta fue la historia, escrita está ya para siempre. Pasamos pues a los…

 

 

 

Agradecimientos

Con carácter general, ya los comentaristas de este blog lo han recalcado y por mi parte no quiero dejar de abundar en ello: a LA GENTE, a toda la que nos hemos encontrado por esas montañas y esos pueblos (hospederos, hoteleros, camareros, taxistas, guías, caminantes…) por su calidad, su hospitalidad, su sencillez y su vocación siempre de ofrecer, ayudar y agradar. En algunos de los libros de ruta que llevábamos se hacía referencia a ángeles que se aparecían por el camino, y nos reíamos pero a lo mejor ya sabemos a lo que se referían: aquella tierra está llena de verdaderos ángeles de carne y hueso.

Con carácter particular:

– A los siguientes hoteles, hostales, posadas y casas: San Roque(Reinosa), Reserva Verde (Bárcena Mayor), Los Sejos (Saja), La Cotera (Tudanca), Casa Molleda (Pejanda), La Torcaz (Cahecho) y Celuisma Alisas (Santander) por la atención y calidad en general del hospedaje y los desayunos, aparte de la singular belleza y encanto de la mayoría de ellos. Se los recomendaremos a quien vaya por allí, sin duda.

– A los restaurantes Río Argoza (Bárcena Mayor), La Florida o “Mari Cruz” (Saja), Bar Nieves (Tudanca), Casa Molleda (Pejanda) y Casa Lamadrid (Cahecho) por lo bien –de saltársenos las lágrimas- que nos dieron de comer y por tan módicos precios. También en el Restaurante del Puerto (Santander), aunque no por tan módico precio, cenamos estupendamente y nos trataron de maravilla.

– A los profesionales del taxi -con todas las letras- que nos trasladaron del aeropuerto de Santander a Reinosa, de Reinosa a Pujayo y de Potes a Santander. Así da gusto viajar en este medio de transporte.

– A la Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada, por la amplia información que tan diligentemente nos facilitaron, y gracias a la cual pudimos completar esta ruta sin contratiempos y disfrutar plenamente de ella.

Y ya más personalmente:

– Al estanco de Casa Molleda, en Pejanda.

– A mis botas Quechua, que me mantuvieron siempre en pie, se mojaron, se embarraron, se atracaron de comer piedra y braña y sin embargo nunca me fallaron, nunca se quejaron y me supieron llevar cada día al destino y a una ducha calentita.

– A mis tres compañeros de viaje, que tuvieron la paciencia de aguantar a este debutante y para mí fue un placer aguantarles a ellos también. Además, sus comentarios han servido para completar y redondear esta historia, añadiendo impresiones y detalles que se me habían quedado fuera. Espero, en fin, que me admitan en la próxima.

Y esto es todo amigos, espero volver a tener la oportunidad de contar una historia como esta, ha sido toda una experiencia haberla vivido y encima dos veces.

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4 Comments

  1. Pues nada que añadir….. recomendar la ruta, pero poco que lo chulo es que no hay naide por eos caminos de cabras y Tudancas…….. y Osos…… Y solo decir que El Puerto está bien pero para el precio que tiene pues os lo podéis saltar perfectamente…. pero si os queréis dar el gusto pues no pasa nada…..Y lo de los compañeros de ruta es todo mentira……. no nos aguantamos ni media hora pero como estás solo en esas montañas pues haces de tripas corazón…… pero ir con dos sevillanos del Betis y un madridista es tela, tela, tela, tela……… que cruz……

  2. Lo has clavao colega.
    Habría que meter también en los agradeciemientos a la taxista del aeropuerto de Santander, al taxista de Reinosa y al de Potes. Estos engradecen a este gremio que en otros sitios están por los suelos, por ejemplo en mi ciudad.
    Ya sonaba bien cuando en el aeropuerto de Sevilla tomándonos la primera caña de esta aventura, apareció de repente Revilla (ver foto arriba). Le contamos lo que íbamos a hacer y aparte de ser de uno de los pueblos de esa zona, creo que Las Herrerías, nos prometió buen clima y buen camino.
    Luego esa cruzcampo a 1 euro en el aeropuerto de Santander. Luego esa taxista con su monovolumen que por ná nos llevó hasta Reinosa, de puerta a puerta.
    Todo daba muy buen rollo y así fue hasta que cogimos el vuelo de vuelta. Y eso que estamos ya mayores y quisquillosos, yo el primero, pero esas montañonas y lo que venía después se te quitaba tó.
    Agradecer a esas vacas que nos encontrábamos por el camino y que nos anunciaba lo que nos podíamos encontrar a eso de las 3 de la tarde en cualquier mesa de aquellos pueblos, como el de Tudanca.
    También gracias a esas marcas rojas y blancas, que cuando llevábamos tiempo sin verlas, cuando aparecían lo de Fátima y Lourdes se quedaba en pañales.
    Y por supuesto gracias a mis compañeros de camino. Ya sabía como se las gastaban andando dos de ellos, Enrique ha sido todo una sorpresa y bastante agradable. Y eso que cuando vi en esa primera etapa nada más subir aquel repecho de 8 kms lo que estaba haciendo dudaba que pudiera llegar hasta el final, pero ahí está el tío. Ha sido un placer.
    Siempre hacemos un tramo del camino de Santiago, pero viendo como estaba el tema por culpa del Xacobeo, descubrimos esta ruta.
    El año que viene seguro que retomamos el camino en Bilbao o donde sea. Ahí están todos esos caminos y senderos para que lo pateemos, y seguro que en algunos de ellos estaremos nosotros.
    Un abrazo y hasta pronto.

    1. Ya decía aquel central del Burdeos….. “caminante no hay camino, se hace camino al andar…..” y cualquier sitio vale…….la cose es ponerse las botas, la mochila y tirar palante……

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