Una tarde de otoño en Saja (2ª etapa)

Nos las prometíamos muy felices al inicio del segundo día, una etapa de apenas 14 Km sin desniveles relevantes en apariencia. “Esto lo hace cualquiera”, nos habían asegurado la tarde anterior. Lo que pasa es que Bárcena Mayor amaneció con sirimiri y el firme ya de por sí embarrado y sembrado de cagarrutas y cagadonas -sin noticia de Diego Agmando- se iba a poner todavía más impracticable. Lo que pasa es que la mayor parte del sendero no era sino un surco obrado en la P8010391espesura del bosque, que las más de las veces había que adivinar. Lo que pasa es los 10 kilómetros de casi imperceptible ascensión (150 metros) hasta Los Tojos que se anunciaban en la altimetría de la etapa en realidad eran un continuo sube y baja de pendientes bastante perceptibles por torrenteras, camberas (*) y demás trampas rurales. Menos mal que las piernas van como un tiro, ya rodadas tras la primera etapa, y que la brocheta de sandía y plátano que precedió a las tostadas y el bizcocho hacen bien su trabajo. Por lo demás, la humedad del bosque estimula los sentidos, el rocío deja en evidencia las telarañas, que se vuelven bolsitas plateadas y penden de cada rama y cada arbusto como si fueran saquitos de joyas. El sirimiri ya se torna lluvia y Reflexman, muy a su pesar, se ve obligado a estrenar su poncho azul marino con el que se siente tan raro. Vadeado el río Valnería, buena parte de la ruta transcurre junto a una alambrada pinchosa, lo que constituye un buen motivo para no caerse, y después de una rampa cruel la perspectiva se aclara y ya estamos en Los Tojos. En efecto es un pueblo alargado picando hacia arriba, donde nuestro húmedo ser se alivia en una tasca que huele profundamente a cordero. Allí unas rabas y un botellín obrarán el primer pequeño milagro. Una vez en Colsa, pueblo deshabitado y punto álgido de la etapa, alguno se recrea en comprobar la buena cobertura de la zona y todos en los buitres que merodean la bien silueteada peña del mismo nombre (en la foto). Nos queda el honor de bajar por una pista de reyes, que por allí subió, en sentido contrario al nuestro, el mismísimo Carlos V. Sé quien dices pero no ha venido, por esos cuatro kilómetros de pedrusco y chocolatada no sube un monarca sin mancharse los pies, que pensé luego que de tanto pisar abono habríamos de llegar a casa crecidos qué menos que dos centímetros. Pasada la ermita donde nos asomamos para saludar al Santuco, se anima Pierolo del Río a preguntarle a un transeúnte que sube–no creo que fuera un ángel esta vez- cuánto nos falta hasta Saja y le responde que un cuarto de hora. Varios cuartos de hora después –que ya empezamos a entender las proporciones espacio-tiempo-volumen de esta tierra- nos topamos con una familia de paseo por el campo, las niñas con las zapatillas blancas impolutas, no puede ser a menos que se trate de descendientes de Carlos V. Pero es que estamos ya entrando en Saja, donde pueblo y río son un todo recóndito rodeado de verde. Una vez dejada nuestra casa de todos los días dentro de la casa de hoy, es entonces cuando al Divino Pastora le sobreviene la revelación: “yo he estado aquí, yo he estado aquí”. Y entregado a su súbito trance, cerrados los ojos, iluminado su ser, halla sin dudar el camino y su visión se materializa, el verbo se hace… bueno, el verbo se llamará comer y el objeto directo alubias con jabalí, que no tardarán en habitar dentro de nosotros. Dos perolos sublimes funcionarán como idóneo preámbulo a una tranquila y plácida tarde de otoño un 1 de agosto. Bar con tele a falta de mantita, observando por las ventanas esa mansa y melancólica manera de llover sin rechistar ni repiquetear, sin doler, sin casi mojar. Estamos invitados a la carrera nocturna de los 1.500 caracoles; pero no, gracias. Al fin esta noche vamos a dormir muy bien (continuará la semana que viene).

(*) Cambera es un término cántabro que designa los antiguos caminos para carros, según me documenté después.

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4 Comments

  1. Tan solo reseñar en esta de nuevo casi perfecta crónica, que a nuestro narrador se le pasó la vida y chulas casas remozadas de Colsa, antiguamente deshabitadas, donde incluso había una familia regando la calle para limpiarla y vimos una magnífica casa rural en frente del indicador de la localidad que se debe alquilar….. (lo malo es que hay cuesta a derecha e izquierda y es imposible moverse de allí sin bajar y subir eternamente). También corregir el término cagarrutas, que invita a pensar en pequeñas cagadas de cabra, duras y compactas, cuando lo que se pisaba eran hermosas cagadas de vaca que ni un servidor, en su profesionalidad cagona, puede llegar a igualar. Y dejar claro que el Carlos V pasó por allí pero en buen trono alzado por porteadores que hoy serían llamados “curritos puteados”. Nosotros nos encontramos con la familia un par de kilómetros antes de Saja y seguían con las zapatillas impolutas y os juro que después pasamos por barro a tuti plain………La verdad es que debían levitar o eran del PP ya que la mierda ni les mancha, ni les molesta ni se les nota……
    Apuntar que las alubias con jabalí las servían con una rapidez tal que parecían sacadas de un tirador de cerveza cruzcampo adaptado a las exquisitas legumbres…..(idea que solo uede salir de la mente calenturienta de un sevillano) y que no quedó a la zaga del citado guiso ni la cecina ni las croquetas caseras que le precedieron……. Para colofón, Alonso quedó 2º, aguantando 40 vueltas a un Vettel cabreado y con bastante más velocidad….. pero sin la pericia suficiente para pasar al rey de la F1.

  2. Después de un día bastante agitado, el de ayer, desde temprano y con cambios varios en mis planes vacacionales de nuevo me hallo en este ciber del ayto leyendo esta magnífica segunda crónica.
    Cada día me parecía una aventura increible, nada que añadir a lo escrito por Enrique y a lo añadido por Vicente. Reseñar ese curioso cartel anunciando a los conductores PASO DE ANFIBIOS.
    Yo también añadiría que a Reflexman, también se le podría llamar Sobaquiman e incluso Smokeman; lo que viví en esa primera etapa y en las siguientes no me lo podía creer y sí, era verdad, allí estaba el tío a pecho descubierto después de esas subidas. KAGOENTÓ.

    1. Yo lo de los motes no me queda claro…. pero respeto la libertad creativa del narrador, ya que esto no es una crónica periodística. Yo imagino que el de los bastones del primer día soy yo ya que era el único que anda con bastones (como los buenos pofesionales….. o los que llevamos “peso” de más en la barriga)….. lo de Divino Pastora debes ser tu ya que es tu calle (aunque el mote es mu feismo), pero el reflexman si que dudo ya que hay dos con ponchos azules (el de Antonio claro y el de enrique oscuro) y a ninguno le gustaba el poncho y me imagino que los dos usaban Reflex………. pero así es más enigmático….. Los que propones tu son demasiado obios (como la montañona……que coincidencia)…..

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