Tenía que estar aquí hoy

Ya sabías que estuve por Argentina, pero tenía que contártelo. Esperé a hoy, ya de vuelta, y aquí estoy. Sabías que anduve por Buenos Aires, pero no te lo había dicho. Ya me viste, supongo, por esas vías de tráfico indomable, las aceras descuartizadas, ínfimas, dándome topetazos con los escaparates, esquivando a los paisanos que venían de frente, venciéndome cada dos por tres a la calzada incandescente. Ya me encontraste en ese bochorno asfixiante, buscando los amplios bulevares arbolados para tomar algo de aire. Buenos Aires me recuerda más que ninguna a Madrid, pero al Madrid que aprendí de niño, en el que las fachadas ennegrecidas, descarnadas, me parecían normales porque daba por hecho que así tenían que ser.  Los paisajes de Cuatro Caminos que redescubría cada sábado, sí, en Buenos Aires hay mucho del Cuatro Caminos de entonces, y de todas esas calles aledañas, travesías populosas, oscurecidas, como lúgubres desfiladeros que sin embargo aparecen rebosantes de vida. Hay un algo de decadencia, una especie de pena infinita, irremediable, que no parece doler porque parece tan asumida, hasta diría que se acepta esa pena, se le coge el gusto y se vive tranquilamente con ella. Buenos Aires parece mi cuna, tu casa, San Telmo el barrio donde debo llevar viviendo toda mi vida y ahora me doy cuenta. Me parece conocer los locales y las direcciones de memoria, me guío con los ojos cerrados y sin pensarlo llego hasta tu portal, lo toco con mis manos, le doy al timbre sin mirar. No lo estoy soñando, siempre ha debido de ser así. Cuando busco algo de espacio, una luz distinta, bajo al barrio de al lado hasta la avenida de Mayo, tan señorial, tan bien colocada y tan bien puestos hasta los errores urbanos –que todos los tenemos-, la impenitente cola para entrar al Café Tortoni, siempre me paro en la placa que anuncia que Lorca se alojó allí, y descanso la vista en el imperial desfile de plátanos que marcan la ruta hacia el mar que es la Avenida 9 de julio. Por la noche me vuelvo a San Telmo porque yo soy de allí, ya lo sabes. Me refugio en los antros y en esos techos rancios, poco fiables la verdad, allí me paro a ver pasar esa vida sin que ninguna vida me vea a mí. Me sonríe la suerte desde una esquina cuando me sorprende cruzando furtivo de cuadra en cuadra por ese empedrado que lleva grabadas melodías de todos los años que han pasado, y siento que llevo una fortuna cuando me acuerdo de todo lo que estoy viendo otra vez. Tan cierto es que estoy como que estás tú. Allí también, esos días también. Sabías que me di una vuelta por Argentina, me viste por allá. Pero tenía que estar aquí hoy para contártelo.

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