Cuando un puente se cae

Cuando un puente se cae

Cuando un puente se cae, es momento de buscar nuevas formas de cruzar. Podemos esperar a que lo reconstruyan, pero lo más probable es que no tengamos suficiente tiempo. Podemos buscar otra altura del río, donde sea más estrecho y menos profundo, pero la travesía nos puede acarrear otros problemas. Arrojo y buenas dosis de creatividad para buscar nuevas vías de acceso. Es verdad que la carencia de alternativas clarifica las ideas, pero también lo es que no podemos conformarnos con no cruzar. No estamos para dar media vuelta y decidir de pronto que no hemos empezado.

Cuando un puente se cae se ve el horizonte más claro, entonces soñamos todavía más con alcanzarlo. Nos damos cuenta de que necesitamos más que nunca lo que ya no tenemos. Y ponemos toda nuestra ambición y toda nuestra energía constructiva a funcionar. Más que buscar las causas del siniestro, que a lo mejor nos descubren nuevos obstáculos todavía más difíciles de salvar, se imponen medidas de emergencia, mientras se trabaja en una sólida y convincente solución. Que a veces consiste, cuando un puente se cae, en cambiar de arquitecto.

No, no se trata esta vez de descubrir algún lugar del mundo en el que hayamos estado. Estamos contando algo en realidad mucho más llano y trivial de lo que podría parecer. Pero no hace falta adivinar nada.

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